martes, mayo 01, 2012
miércoles, abril 25, 2012
Jóvenes con AMLO
sábado, septiembre 04, 2010
Karla Lara en Detrás del Espejo
LOS VIAJES AL INTERIOR
Karla Lara, 3 de Septiembre de 2010.
Los viajes al interior del país son viajes al interior del cuerpo, al corazón de la gente sencilla, a la mirada limpia de las niñas y niños, a las sonrisas que dan la bienvenida de mujeres luchadoras a otras mujeres luchadoras, a las arterias que impulsan y devuelven sangre a una juventud que haciendo las cosas aprende a hacer la “Matria” nueva, a las entrañas del pueblo mismo. Viajar al interior en estos días del invierno, es reverdecerse una misma entre los árboles, es volver a creer en que las canciones valen si logramos dibujar en ellas esa fuerza y dignidad que la gente tiene, si una puede enternecerse de todas sus luchas, llevárselas, como dice “Pavelón” de los Guancascos, en el corazón.
La semana pasada en Marcala, La Paz, cantamos en el Primer Encuentro de Mujeres productoras de café, ¿cómo no organizarnos como mujeres dentro del sector?, si el aporte de las Mujeres que en todo el proceso desde la limpia pasando por el corte hasta tenerlo en grano seco y colocarlo en el mercado, es de al menos el 60% de todas esas tareas, y semejante aporte siendo invisibilizado. Cómo no hablar de la tenencia de la tierra, del problema de las barreras legales para ser tenedoras de la misma, cómo no hablar de lo que para nosotras implica en la jornada levantarnos al menos dos horas antes que el hombre y terminarla al menos cuatro o cinco horas después, porque sumamos a nuestra tarea sola del cuido de la casa y los hijos e hijas, la de la limpia, o corta cuando es cosecha y no pensar desde los espacios que construyamos como MUJERES en las formas prácticas y concretas que garanticen nuestra participación política en los espacios en los que se toman las decisiones. Cómo no pensar en organizarnos para que esas decisiones nos favorezcan e implementar una serie de acciones positivas que hagan posible que existamos en las juntas directivas de juntas locales, de patronatos u otras formas vivas y espacios de la vida política de nuestras comunidades.
La fuerza de esas mujeres me encantó, además que tuve la oportunidad de alternar con un grupo de teatro de la localidad organizado por las COMUCAP, recreando con ellas las historias de la inequidad para que dejen de ser así, para que nosotras nos empoderemos, esperando que al mismo tiempo los hombres encuentren una forma de explorar una nueva masculinidad y hagamos posible esa equidad que desde el Feminismo se propone.
Y ayer tuve la oportunidad de viajar junto a las compañeras del CEM-H (Centro de Estudios de la Mujer), las compañeras de la Colonia Ramón Amaya Amador, todas parte de Feministas en Resistencia a esa hermosa comunidad de Puerto Grande y acompañar, aunque sea un ratito a las mujeres y hombres del Movimiento por la Recuperación y Titulación de Tierras Zacate Grande, todo en el marco del cierre del Encuentro Centroamericano de Vía Campesina que haciendo homenaje a nuestra mártir Teresa de Jesús Flores de la UTC, llevaba su nombre. Un encuentro para hablar de nuevo de la problemática de la mujer alrededor de la tenencia de la tierra, de su titulación y de la lucha que se emprende para recuperarla.
“Con la mujer en la casa, la Reforma agraria se atrasa”, “Ni golpes de Estados, ni golpes a las mujeres”, “Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza”, “Por la tierra, por la tierra, estamos en pie de guerra”, “La tierra no se vende, se recupera y se defiende”, “Quien vende la tierra, vende a su madre”, “Todas somos Zacate Grande”, fueron los espacios que llenaban a gritos las mujeres entre cada discurso político de pobladoras, de representantes de otros países en el Encuentro, de la lectura del Pronunciamiento del Encuentro y de las participaciones artísticas de Susan Arteaga haciendo poesía como solo ella sabe hacerlo, de Aldo que apenas tiene 12 años pero tiene un garbo que te hace sentir lo entrañable que es su tierra y su lucha por defenderla, y yo agradecida una vez más con la vida, por tan hermosas oportunidades, por estar viva luchando, por estar viva y creyendo, por estar viva y creciendo en estos viajes al interior!!.
martes, agosto 31, 2010
Mensaje AMLO 30 de agosto del 2010
sábado, julio 17, 2010
Asamblea de Jóvenes
domingo, junio 20, 2010
Monsiváis, "conciencia crítica irremplazable": José Emilio Pacheco
Las siguientes palabras del escritor José Emilio Pacheco sobre la muerte de Carlos Monsiváis aparecen desplegadas en la página en línea del diario español El País.
"No puedo concebir un México sin la presencia ubicua de Carlos Monsiváis. Durante muchos años nos acostumbramos a leerlo, a escucharlo en conferencias por todas partes y en programas de radio, y a verlo en la televisión a tal punto que parece imposible resignarse al nunca más.
"Perdemos una conciencia crítica irreemplazable. Nos queda, en cambio, una obra vastísima que empezó en Días de guardar (1970) y culminó en Apocalipstick (2009), uno de sus grandes libros.
"Fue valiente, lúcido, implacable. Estuvo siempre con las minorías y los oprimidos. Esto lo saben todos. Menos apreciada es su labor de crítico literario y, en particular, crítico de poesía. Era un excelente lector poético y tal vez el último que se sabía poemas de memoria.
"Para mí es una pérdida irreparable. Termina una amistad de medio siglo, pero no acaba la deuda muy grande con su inteligencia y con su agudeza. Estuvimos juntos en muchas partes, desde Estaciones en nuestra adolescencia hasta las revistas de este siglo XXI.
"Lo descubrí en Medio Siglo donde publicó dos ensayos deslumbrantes, uno sobre novela policial y otro acerca de la ciencia-ficción. Son obra de un adolescente de 18 años y, sin embargo, pueden leerse como si hubieran sido escritos anoche.
"Ante su muerte sólo podemos leerlo y releerlo y darle al fin el sitio que merece entre los grandes escritores mexicanos de todos los tiempos".
martes, junio 15, 2010
miércoles, junio 09, 2010
lunes, mayo 10, 2010
viernes, abril 02, 2010
Ridicula Minoria
“No nos vamos a dejar dominar por una bola de maleantes que son una ridícula minoría”, declara con vehemencia Felipe Calderón. Sin duda el Presidente se refiere a los narcotraficantes, a los criminales organizados, a los secuestradores, a los capos, a Los Zetas, a los sicarios, a todos aquellos que retan a la autoridad y buscan ser dueños de la plaza que el Estado necesita monopolizar. Pero al escucharlo, resulta difícil minimizar el problema como él intenta hacerlo. Resulta inverosímil pensar que el reto para México se reduce a un manojo de personas violentas con camionetas y ametralladoras que el despliegue creciente de la fuerza pública logrará -algún día- subyugar. La situación es más grave de lo que se admite, más compleja de lo que se discute, más difícil de lo que el gobierno calderonista quiere reconocer.
Como lo revela el libro El México Narco, coordinado por Rafael Rodríguez Castañeda, el narcotráfico ha invadido el territorio nacional, región tras región, estado tras estado. Con la complacencia y la complicidad de las autoridades -civiles, policiacas, militares- el narcotráfico ha convertido al país en una potencia de producción, venta, distribución y exportación de estupefacientes. Desde Tijuana hasta Cancún, desde Reynosa hasta Tapachula, los cárteles imponen sus propias leyes, cobran sus propios impuestos, instalan sus propios gobiernos. La “ridícula minoría” ha logrado poner en jaque a la impotente mayoría. México no puede ser catalogado como un Estado fallido, pero se ha convertido -en ciertas franjas del territorio nacional- en un Estado acorralado.
Si durante el sexenio de Vicente Fox, la PGR había detectado la presencia de siete cárteles bien estructurados y bien protegidos, ahora vemos su multiplicación. Su diversificación. Su participación en nuevos negocios como el secuestro y el tráfico de personas. El mercado del delito es más amplio y más competido; más grande y más reñido. Basta con mirar a Aguascalientes que dejó de ser el “oasis de tranquilidad” para convertirse en un sitio de enfrentamientos constantes entre los cárteles de Juárez y Sinaloa. O Durango, el estado de la impunidad garantizada. O Campeche, donde la exuberancia natural, la pobreza de sus habitantes y la añeja corrupción gubernamental han creado una base ideal para el narco. O Chihuahua, donde las peleas entre los Carrillo Fuentes y El Chapo Guzmán han diezmado la región. O el Distrito Federal, donde células de los cárteles de Juárez, los Arellano Félix, los Valencia, del Golfo, de Culiacán, los Beltrán Leyva, y La Familia Michoacana mantienen una activa presencia, al igual que en la tierra de Enrique Peña Nieto.
Ejemplos de cómo las “ridículas minorías” van infiltrando, avanzando, imponiendo, erosionando, montadas sobre un andamiaje institucional corroído. El tamaño del narcotráfico en México equivale a la magnitud de la corrupción; a la existencia precaria o inexistente del Estado de Derecho. El mapa de los cárteles de la droga coincide, casi calcado, con el entramado gubernamental. Con los miembros del Ejército comprados. Con las corporaciones policiacas corrompidas. Con el Poder Judicial cómplice. Con los periodistas locales intimidados o asesinados. En México la frontera entre legalidad y delito es cada vez más tenue, más difusa, más permeable.
Como argumenta Rodríguez Castañeda, “se corrompe arriba, se corrompe abajo y a los lados”. La complicidad generada por un mercado multimillonario trastoca tanto la base de la pirámide social como la punta del poder oficial. Ante ello, Felipe Calderón argumenta que sería ingenuo cambiar de estrategia; fustiga a sus críticos por tan sólo sugerirlo; defiende lo que ha hecho sin abrir la posibilidad de un planteamiento alternativo. Pero la realidad recalcitrante sugiere que llegó la hora de repensar la visión oficial y nadie está proponiendo que deje de combatir a los criminales. De lo que se trata es de hacerlo con más inteligencia y con una visión más amplia que vaya a la raíz del problema. México es un país de crímenes sin castigos; de delincuentes rara vez aprehendidos y muchas veces liberados; de 100 delitos denunciados donde sólo en 3 casos se llega a sancionar a algún responsable. Combatir el narcotráfico sin combatir la impunidad, eso sí, es una guerra fallida.
De poco sirve un despliegue masivo de tropas y fuerzas de seguridad federal que en el mejor de los casos es un disuasivo temporal para la actividad criminal. Hay que pensar menos en cómo atrapar capos y más en cómo profesionalizar policías. Hay que centrar menos atención a la interdicción de drogas y más hacia la construcción de juzgados funcionales. Hay que dedicar menos tiempo a perseguir narcotraficantes dentro de las universidades y más tiempo investigando y frenando los flujos financieros que les permiten operar. Hay que utilizar menos recursos atrapando a quienes viven del mercado del narcotráfico, y más en cómo despenalizarlo para coartar sus ganancias. Si no, la “ridícula minoría” seguirá riéndose de Felipe Calderón mientras se adueña de su plaza.
miércoles, marzo 24, 2010
Nos Merecemos la Primavera

21 de marzo de 2010
CIUDADANO PRESIDENTE CONSTITUCIONAL
DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS,
LIC. BENITO JUÁREZ GARCÍA:
Está usted en presencia de miles de ciudadanas y ciudadanos libres de México que nos congregamos hoy aquí para recordar su nacimiento y para celebrar la llegada de la primavera.
No venimos a rendir culto a una estatua sino a encontrarnos con el que está vivo en cada uno y en cada una de nosotros, en nuestra educación, en nuestras convicciones y en nuestro afecto; con el que sigue luchando a nuestro lado por una nación soberana, democrática, equitativa, honesta y apegada a las leyes; con el que resiste los infortunios y las derrotas, con el perseguido; venimos a hacernos presentes ante el presidente del pueblo.
Nos permitimos informarle de la difícil situación por la que atraviesa el país en estos tiempos. Y queremos presentarle, también, el reporte de nuestros esfuerzos para enderezar el rumbo de México.
Hace ya más de dos décadas que el país se encuentra bajo el control de una minoría rapaz que se ha apoderado de casi todos los bienes públicos, ha fraccionado el territorio nacional para cederlo a intereses extranjeros, ha medrado en la corrupción más escandalosa y ha hundido en la pobreza extrema a la mayor parte de la población.
En poco más de 20 años, presidente Juárez, ese poder oligárquico nos ha dejado sin empresas públicas y sin industria; ha devastado al agro y nos ha colocado en situación de dependencia alimentaria; ha persistido en la agresión a las comunidades indígenas; ha destruido sindicatos y cooperativas; ha malbaratado la banca nacional, los transportes y las telecomunicaciones; nos ha dejado sin vivienda, empleo, educación, salud, cultura, recreación; nos ha reducido el poder adquisitivo; ha conspirado para arrebatarnos conquistas laborales, derechos humanos y políticos, sociales y reproductivos; ha traicionado el principio del Estado Laico y ha instaurado, si no un gobierno abiertamente confesional, cuando menos un gobierno feligrés, al servicio de las posturas más reaccionarias del alto clero; ha procurado incluso destruirnos los sueños y las esperanzas.
La avaricia y la torpeza del grupo gobernante ha dejado sin país a millones de jóvenes, para los cuales no hay más horizontes que la mendicidad, la drogadicción, la emigración, la delincuencia...
Para llevar a cabo esa labor de destrucción, esa minoría no ha necesitado de tropas foráneas. La ha realizado mediante la firma de un Tratado de Libre Comercio, gobernando a contrapelo de la Constitución, aprobando rescates bancarios e Iniciativas Mérida, secuestrando a los organismos del Estado, robándole a la voluntad popular, en dos ocasiones –en 1988 y en 2006–, la titularidad del Poder Ejecutivo.
En 2006 los mafiosos de la política, de las finanzas, de los medios y de la mafia a secas, impusieron en el Poder Ejecutivo a un hombre mediocre, inescrupuloso y torpe, sin capacidad ni voluntad para dar solución a los problemas económicos, ya para entonces graves, ni para contrarrestar la oleada delictiva que ya asolaba diversas regiones. Este hombre no quiso escuchar las advertencias acerca de la crisis que se nos venía encima. Minimiza e ignora los problemas, se hace el sordo ante el clamor popular por la pobreza y el desempleo; tolera o propicia las graves violaciones a los derechos humanos; permite, y hasta justifica, la corrupción escandalosa.
Este gobernante usurpador ha hundido a México en un baño de sangre sin precedentes en los tiempos modernos. Más de 17 mil mexicanos, presidente Juárez, han muerto en esa guerra sin propósito ni bandos definidos; las instituciones han experimentado un nuevo ciclo de descomposición y desprestigio; nuestras Fuerzas Armadas han sido lanzadas a una aventura disparatada en la que la víctima es, en muchas ocasiones, la población inocente.
Usted, presidente Juárez, llegó, con su dignidad perseguida, hasta los confines del país. Resistió, en Paso del Norte, la embestida de la intervención, y recibió la solidaridad y la entrega de los chihuahuenses a la causa de la República. Cuando llegó el momento de la contraofensiva y volvió al sur, en un día de diciembre de 1866, usted exclamó: “Gracias tierra bendita, nunca te olvidaré”.
Hoy en día, presidente Juárez, esa tierra, junto con todo el resto de la franja norte, al igual que Durango y Sinaloa, Guerrero y Michoacán, Veracruz y Tabasco, está devastada y masacrada por una lucha sangrienta entre los oscuros delincuentes dedicados al comercio de drogas y los delincuentes de cuello blanco que usurpan el gobierno federal y que se han atrincherado en cacicagzos estatales. Hoy, en la ciudad que lleva su nombre, en Ciudad Juárez, en Monterrey, en Torreón, en Ecatepec, las mujeres y los jóvenes están siendo asesinados por el hecho de ser mujeres y por el hecho de ser jóvenes. La población se debate entre la desesperación y el desamparo, entre el temor a los capos y el pánico a las fuerzas del orden.
Ante esta catástrofe, somos muchos millones los mexicanos que no nos damos por vencidos. En Cananea, en Necaxa y Juandhó, en las comunidades de Chiapas, en Oaxaca, en San Salvador Atenco, en este Distrito Federal que vive bajo el acoso y el rencor del régimen espurio, los ciudadanos honestos nos oponemos a la destrucción nacional, resistimos la entrega del país mediante acuerdos antipatrióticos, contratos inconfesables y cesiones turbias, y rechazamos la indecencia usurpadora, a la cual le dirigimos hoy las mismas palabras que usted escribió, en la hora negra de la intervención, a otro usurpador, Maximiliano de Habsburgo:
“Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad: el fallo tremendo de la historia”.
Muchas y variadas son las resistencias populares contra el régimen antinacional y delictivo que padecemos. Sabemos que, por encima de las diferencias, las causas populares confluirán, más temprano que tarde, en un gran movimiento que rescate a la nación.
Quienes nos encontramos aquí presentes hemos venido trabajando en la organización desde abajo de la sociedad. No nos solazamos con los espectáculos deprimentes de la clase política ni nos distraen de nuestra tarea los extravíos de sus integrantes. Nuestras fidelidad última no es para con las siglas, sino para con las causas.
En 2008 logramos impedir que el Senado aprobara al vapor una reforma presidencial que habría destruido la industria petrolera del país. Impusimos una agenda legislativa acorde con los supremos intereses nacionales y logramos llevar a cabo, y ganar abrumadoramente, una consulta sobre el estatuto de la industria del petróleo.
El año pasado, en 2009, conseguimos revertir varias maniobras fraudulentas sucesivas que pretendían burlar la voluntad popular en Iztapalapa.
Nos hemos conformado en brigadas, cuando ha sido necesario defender los intereses nacionales; nos hemos congregado en círculos de estudio; los jóvenes conscientes se movilizan en las Redes Universitarias; hemos fundado Casas del Movimiento.
Nos hemos dotado de un Gobierno Legítimo que hoy tiene a dos millones y medio de representantes en los más diversos rumbos del país, así como centenares de comités estatales, delegacionales, municipales y territoriales.
Hemos investido como nuestro presidente legítimo, a Andrés Manuel López Obrador.
Ayer, en la Clínica 26 del IMSS, en las calles de Aguascalientes y Chilpancingo, falleció doña Julieta Estrada, mujer del pueblo, viuda de un obrero, de un jubilado del Sindicato Mexicano de Electricistas. Doña Julieta venía padeciendo crisis de salud y el viernes, anteayer, la hospitalizaron. Cuando llegó a Urgencias, el médico de guardia la examinó y le hizo las preguntas de rutina para comprobar que estuviera lúcida y consciente de su circunstancia de tiempo y de lugar.
—¿En qué año estamos? —le preguntó.
—En el 2010 —respondió ella sin vacilar.
—¿Cómo se llaman sus hijos, doña Julieta?
—Flor de María, Horacio... —empezó ella a soltar nombres sin asomo de duda.
—¿En qué delegación vive usted?
—En la Álvaro Obregón.
—¿Cuáles son los colores de la bandera?
—Verde, blanco y rojo.
—¿Quién es el presidente de México?
—Andrés Manuel López Obrador.
Doña Julieta murió unas horas después, ayer en la mañana, en total lucidez, y sus hijos no pudieron estar con nosotros en esta concentración porque a estas horas están enterrando a su mamá en el Panteón del pueblo de Santa Fe.
Tenemos a un dirigente excepcional, en el que convergen la altura de miras del estadista y la entrega de un luchador por las causas populares. Reconocemos, en sus recorridos infatigables por los rincones del país, la misma energía y el mismo temple con el que usted, en su austero carruaje negro, ponía a salvo la dignidad de la República. Pero el presidente López Obrador no habría podido llegar muy lejos si no tuviese alrededor a esta sociedad, aquí presente, de mujeres y de hombres libres, honestos, combativos y solidarios.
Enfrentamos una campaña sistemática de silenciamiento y de difamaciones por parte de los medios en manos de la mafia: en canales televisivos, estaciones radiales y prensa escrita, se nos ha acusado de todo lo imaginable. Y cuando hemos emprendido esfuerzos de organización pacífica y cívica para sacudirnos la opresión, nos han llamado violentos, nos han calificado de resentidos, nos han llamado “un peligro para México”.
Ante esa ofensiva, presidente Juárez, nos hemos dotado de nuestros propios medios de información.
Hubo un hombre, a principios del siglo XIX, que comprendía a profundidad la importancia de los medios. Cuando encabezó una gran insurrección libertaria, urgió a sus seguidores a procurar y conservar una imprenta porque ésta, decía, “tiene más valor que diez bocas de fuego”, que era como llamaban a los cañones. Ese hombre se llamaba Miguel Hidalgo y Costilla.
Hoy, tenemos claro que no queremos —ni habremos de necesitar— “bocas de fuego” para transformar a este país; en cambio, tenemos a nuestra disposición más de siete mil sitios web, en Internet, sitios del movimiento; promovemos encuentros ciudadanos semanales y asambleas informativas como la presente para informar e informarnos, debatir e intercambiar razones. Y desde enero de este año contamos con un periódico, Regeneración, y tenemos el desafío de hacerlo llegar a todos los rincones del país, de promover su lectura y su retroalimentación entre amplios sectores.
Con la organización de base y mediante la resistencia civil pacífica nos hemos comprometido a defender la economía popular, preservar los bienes propiedad de la Nación y, en última instancia, hacer realidad el postulado del Artículo 39 de nuestra Constitución Política, en el que se asienta:
“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”
Han tratado de reducirnos a la impotencia, de hacernos creer que nada podemos ante la corrupción, el latrocinio institucionalizado, la criminalidad gobernante.
Pero ni el sentimiento de impotencia ni el desaliento tienen cabida en nuestros corazones. Ante usted, presidente Juárez, nos comprometemos a recuperar la soberanía nacional y a instituir un poder público que beneficie al pueblo. Las mexicanas y los mexicanos aquí congregados somos hijos y nietos de su ejemplo, del ejemplo de Miguel Hidalgo y Josefa Ortiz de Domínguez, de los hermanos Flores Magón, de Emiliano Zapata, de Lázaro Cárdenas.
Pugnamos por construir aquí y ahora, en esta época, en esta década, en esta primavera que hoy comienza, un país de gente feliz y de gente libre y de gente digna.
Somos un pueblo que resiste, somos individuos libres, honestos y congruentes. Somos madres y padres amorosos, empeñados en dejar a quienes nos sucedan una nación más justa y amable, más solidaria y más limpia; somos y seremos dignos hijos y nietos de ustedes y además, nos merecemos la primavera.
* Leído en la Asamblea realizada el 21 de marzo de 2010 ante el Hemiciclo a Juárez
viernes, marzo 19, 2010
Mensaje AMLO 15 de Marzo de 2010
martes, marzo 02, 2010
Haciendo Camino: Miercoles tarde-noche, escuchanos 7:00 pm por www.somosunoradio.org
Acompañanos este y todos los miercoles a hacer ciudadanis, a refrendar el compromiso con los grandes y pequeños temas de nuestro pais
Disfruta esa musica que te gusta: Trova, musica tradicional mexicana, y aquella que tiene que ver con un compromiso social.Por supuesto en SomosUno Radio
domingo, enero 03, 2010
Rimas Renegadas
que exacerba el patriotismo
por todo su simbolismo,
pero tan lindo…no es.
Año del (Bi) centenario,
¡oh qué gusto, qué alegría!
aunque esa algarabía,
quede para anecdotario.
Hagamos un ejercicio
y hablemos de ese futuro,
¿será brillante u oscuro
y al borde del precipicio?
Nomás empezando enero
cae otro “gasolinazo”,
antes de eso, “tortillazo”
y eso es sólo lo primero.
Para el Pueblo más impuestos,
desempleo, desigualdad,
falta de oportunidad;
y los ánimos... revueltos.
Luego, es año electoral
en algunas entidades,
se trafican voluntades
en un proceso infernal.
El idiota del fecal
ha permitido a la iglesia
en el Estado injerencia,
regreso a lo medieval.
Se mantiene indiferente
en su guerrita pendeja,
que todos los días le deja
muerte y llanto a nuestra gente.
Pido para ese esperpento
por todo el mal que nos trajo,
¡que se quede sin trabajo
el pedazo de jumento!
Llámenme catastrofista
la verdad que no me importa,
si hasta me he quedado corta,
todo esto salta a la vista.
Le deseo a mi Presidente,
salud, fuerza y voluntad
ya tiene nuestra lealtad
nuestra admiración creciente.
Y a todos los resistentes
no les deseo feliz año,
sino que sea poco el daño
¡y a seguirle mis valientes!
