Me encotre este video del movimiento del Sindicato de Luz y Fuerza del Centro, a ver que les parece....
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domingo, octubre 25, 2009
Del centro a la Izquierda....
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lunes, diciembre 11, 2006
Una confrontación inevitable
Diario de Guerra
José Agustín Ortiz Pinchetti
La Jornada
10 de diciembre de 2006
Como nunca me escriben mis lectores. Muchos coinciden conmigo, ¡qué inteligentes! Pero los panistas me atacan. Unos me invitan a irme a un lugar innombrable y otros acusan a nuestro movimiento de violento y rijoso. Mis opiniones no son declaraciones del gobierno legítimo y las hago bajo mi propio riesgo.
Es hora de que mis corresponsales blanquiazules acepten quiénes son los verdaderos violentos. Mientras que el saldo del movimiento de resistencia contra el fraude es blanco, sin incidentes sangrientos ni destrucción, el de ellos es terrible. No sólo se robaron las elecciones, como reconocen en privado panistas respetables, sino tienen en vilo a la nación. En Oaxaca ha habido 40 muertos y cientos de heridos; varios centenares de activistas de la APPO están en cárceles de alta seguridad en todo el país. El PAN ha concedido la impunidad temporal de Ulises Ruiz a cambio de que el PRI le permitiera la "inauguración". Cuando estas gentes me hablan de respeto y estado de derecho me da risa. En Oaxaca, por "órdenes superiores", se han allanado casas, perseguido y aprehendido a centenares sin que en los supuestos delitos hubiera flagrancia que lo justificara. El gobierno del PAN parece inclinarse a demostrar machismo contra los que resisten la opresión.
Algunos me han preguntado qué le podría yo aconsejar a Calderón para reducir la tensión política. Yo nunca asesoraría a Felipe, que es y será para siempre un presidente espurio, como dijo el PAN de Salinas para después negociar por él. La confrontación va a continuar por vías nuevas. Pero puede rencauzarse si Calderón impulsa una reforma electoral profunda y tempranera y ordena al procurador investigar a Ulises y liberar a los presos. No creo que la movilización a la que ha convocado AMLO se detenga. Su liderazgo no existiría sin que por lo menos una tercera parte de la población hubiera despertado. El fenómeno de fondo es que millones por primera vez en la historia de México están apoyando un proyecto progresista.
La confrontación es necesaria, inevitable y puede ser sana si se da en forma pacífica: nuestros proyectos son distintos. Calderón ha plagiado algunas propuestas y las ha convertido en iniciativas deslavadas para engañar a la opinión pública. Su auténtica propuesta es reaccionaria: reducir el presupuesto de las universidades públicas y de la educación. Disminuye los recursos para la cultura y los aumenta para la seguridad pública y las fuerzas armadas. Quien quiera entender la verdadera línea del gobierno debe estudiar el presupuesto. El Frente Amplio Progresista y el gobierno legítimo van a presentar una crítica a estas propuestas y a impulsar proyectos importantes. Como la ley de precios competitivos para reducir la concentración y los monopolios. Vendrán nuevas iniciativas y acciones. Apostaremos en contra de los proyectos regresivos. No en favor del colapso político y de la ruptura social. Criticaremos a los funcionarios ineficaces y a la corrupción, pero no quebrantaremos la paz.
jaop@prodigy.net.mx
José Agustín Ortiz Pinchetti
La Jornada
10 de diciembre de 2006
Como nunca me escriben mis lectores. Muchos coinciden conmigo, ¡qué inteligentes! Pero los panistas me atacan. Unos me invitan a irme a un lugar innombrable y otros acusan a nuestro movimiento de violento y rijoso. Mis opiniones no son declaraciones del gobierno legítimo y las hago bajo mi propio riesgo.Es hora de que mis corresponsales blanquiazules acepten quiénes son los verdaderos violentos. Mientras que el saldo del movimiento de resistencia contra el fraude es blanco, sin incidentes sangrientos ni destrucción, el de ellos es terrible. No sólo se robaron las elecciones, como reconocen en privado panistas respetables, sino tienen en vilo a la nación. En Oaxaca ha habido 40 muertos y cientos de heridos; varios centenares de activistas de la APPO están en cárceles de alta seguridad en todo el país. El PAN ha concedido la impunidad temporal de Ulises Ruiz a cambio de que el PRI le permitiera la "inauguración". Cuando estas gentes me hablan de respeto y estado de derecho me da risa. En Oaxaca, por "órdenes superiores", se han allanado casas, perseguido y aprehendido a centenares sin que en los supuestos delitos hubiera flagrancia que lo justificara. El gobierno del PAN parece inclinarse a demostrar machismo contra los que resisten la opresión.
Algunos me han preguntado qué le podría yo aconsejar a Calderón para reducir la tensión política. Yo nunca asesoraría a Felipe, que es y será para siempre un presidente espurio, como dijo el PAN de Salinas para después negociar por él. La confrontación va a continuar por vías nuevas. Pero puede rencauzarse si Calderón impulsa una reforma electoral profunda y tempranera y ordena al procurador investigar a Ulises y liberar a los presos. No creo que la movilización a la que ha convocado AMLO se detenga. Su liderazgo no existiría sin que por lo menos una tercera parte de la población hubiera despertado. El fenómeno de fondo es que millones por primera vez en la historia de México están apoyando un proyecto progresista.
La confrontación es necesaria, inevitable y puede ser sana si se da en forma pacífica: nuestros proyectos son distintos. Calderón ha plagiado algunas propuestas y las ha convertido en iniciativas deslavadas para engañar a la opinión pública. Su auténtica propuesta es reaccionaria: reducir el presupuesto de las universidades públicas y de la educación. Disminuye los recursos para la cultura y los aumenta para la seguridad pública y las fuerzas armadas. Quien quiera entender la verdadera línea del gobierno debe estudiar el presupuesto. El Frente Amplio Progresista y el gobierno legítimo van a presentar una crítica a estas propuestas y a impulsar proyectos importantes. Como la ley de precios competitivos para reducir la concentración y los monopolios. Vendrán nuevas iniciativas y acciones. Apostaremos en contra de los proyectos regresivos. No en favor del colapso político y de la ruptura social. Criticaremos a los funcionarios ineficaces y a la corrupción, pero no quebrantaremos la paz.
jaop@prodigy.net.mx
En 5 días cayeron las promesas de campaña para educación
México SA
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
* Financiamiento, subsidios a los que más necesiten, oportunidad a talentos... todo olvidado
Algunos políticos con cargo de elección popular tardan meses en hacer obvio que no cumplirán el grueso de sus compromisos de campaña, pero a Felipe Calderón cinco días le bastaron para dejarlo en claro, porque el único objetivo era llegar a Los Pinos, así fuera por la puerta de atrás.
Cuando menos ese es el caso de la educación superior, un sector para él "prioritario" en plena campaña electoral, durante la cual se comprometió a "trabajar por lograr que se destine mayor presupuesto, que haya más calidad y mejor cobertura para ese sector". Ya en el gobierno, tal "prioridad" se esfumó.
A menos que tal referencia tuviera a las instituciones privadas como únicas destinatarias, Calderón incumplió sólo cinco días después de que, tras bambalinas, protestó como inquilino de Los Pinos, y lo evidenció en su propuesta presupuestal para 2007 entregada el 5 de diciembre a la Cámara de Diputados, por medio de la cual pretende un recorte presupuestal de 900 millones de pesos en el caso de la máxima casa de estudios del país, la UNAM (por si no lo sabe) y de 300 millones de pesos en el del IPN, una de las instituciones educativas que más ha contribuido a la nación, amén de menores asignaciones a otras universidades públicas.
Lo anterior, sin embargo, no le resultó suficiente y para el sector educativo, como bien señaló La Jornada en su edición del pasado viernes, en el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación para 2007, el de los "compromisos" de campaña propone una disminución de 4 mil 500 millones de pesos, 1.2 por ciento menos en términos nominales y superior a 5 por ciento en términos reales con respecto al ejercicio 2006.
En vez de reconsiderar este "error aritmético", el nuevo inquilino de Los Pinos sacó el manual de discursos tecnocráticos y dijo que "no iré por el camino fácil de la irresponsabilidad en el ejercicio presupuestal", algo que aparentemente no consideraba en tiempos electorales, cuando comprometía mayor presupuesto a la educación superior.
Parece ridículo que en sólo cinco días se evaporen los compromisos de campaña, como el relativo a la educación superior. Por ello, en el inicio de la "continuidad" retomemos la gustada sección "recordar es vivir", para refrescarle la memoria al de las justificaciones tecnocráticas.
Decía: "al ser la educación superior el principal medio para acrecentar el conocimiento en los distintos campos de la ciencia, la técnica, las humanidades y las artes, el Estado habrá de garantizar el acceso a estos estudios a toda persona que, cumpliendo los requisitos establecidos, desee hacerlo... La educación superior no es obligatoria, pero sí indispensable para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo del país. Actualmente son 2.38 millones de jóvenes los que asisten a alguna institución de educación superior, el 22 por ciento de los jóvenes en el rango de edad de los 20 a los 24 años, muy por debajo de países desarrollados como Canadá, que alcanza el 80 por ciento, e incluso de 40 por ciento de cobertura promedio en países latinoamericanos como Chile, Argentina y Cuba.
"Para lograr una mayor cobertura y mejorar la calidad de la educación superior es necesario elevar la inversión pública... En México, 67 por ciento de los jóvenes en educación superior asisten a instituciones públicas, se tiene un gasto promedio por alumno de 45 mil 600 pesos anuales, de manera que el gasto público total en educación superior representa aproximadamente el 0.88 por ciento del PIB.
"El acceso a la educación superior, más que a cualquier otra, está limitado por la condición socio-económica de las personas... Mis propuestas para este nivel educativo incluyen: el financiamiento a la educación superior garantizará que los subsidios para la educación se destinen a quienes más los necesiten y se dirijan a dar oportunidades a los talentos mexicanos, así como al fortalecimiento de los programas de investigación e infraestructura de las instituciones de educación superior, de modo que eleven la calidad de la educación que ofrecen.
"Que en todas las entidades del país las instituciones de educación superior respondan a la demanda de los jóvenes... Acciones necesarias para iniciar la ruta que nos permita llegar a una cobertura del 35 (por ciento) en el año 2012. Aumentar la inversión en infraestructura para que los institutos de educación superior cuenten con laboratorios, centros de investigación e inmuebles que les permitan a nuestros jóvenes adquirir una educación de calidad... Convertir a la educación superior en un verdadero motor para alcanzar mejores niveles de vida... Apoyos públicos y privados necesarios para la investigación formal y científica... Impulsar la innovación tecnológica...", y así por el estilo.
La campaña quedó atrás, y tras cinco días en Los Pinos supone que logrará todo lo anterior con recortes presupuestales, la penuria financiera de las instituciones educativas del Estado y los sacrosantos criterios privatizadores.
Y en este espléndido comienzo de la "continuidad", los fantasmas del ex rector Barnés y del CGH recorren los pasillos de la SEP, en los que el subsecretario de Educación, Julio Rubio Oca, considera que "el tema de las cuotas y de la participación de los estudiantes en el financiamiento de su formación universitaria es un asunto importante, que se debe poner en las agendas del debate y para la construcción del próximo programa sectorial de educación"... A su lado, un primitivo diputado panista egresado del Tec de Monterrey, sueña que a golpe de asfixia financiera algún día su alma mater ocupará el puesto de la UNAM.
Las rebanadas del pastel:
Murió el genocida Pinochet sin que la justicia rozara su sangriento paso. Sólo ella pudo con el carnicero, aunque queda pendiente la factura.
cfvmx@yahoo.com.mx/ cfv@prodigy.net.mx
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
* Financiamiento, subsidios a los que más necesiten, oportunidad a talentos... todo olvidado
Algunos políticos con cargo de elección popular tardan meses en hacer obvio que no cumplirán el grueso de sus compromisos de campaña, pero a Felipe Calderón cinco días le bastaron para dejarlo en claro, porque el único objetivo era llegar a Los Pinos, así fuera por la puerta de atrás.
Cuando menos ese es el caso de la educación superior, un sector para él "prioritario" en plena campaña electoral, durante la cual se comprometió a "trabajar por lograr que se destine mayor presupuesto, que haya más calidad y mejor cobertura para ese sector". Ya en el gobierno, tal "prioridad" se esfumó.
A menos que tal referencia tuviera a las instituciones privadas como únicas destinatarias, Calderón incumplió sólo cinco días después de que, tras bambalinas, protestó como inquilino de Los Pinos, y lo evidenció en su propuesta presupuestal para 2007 entregada el 5 de diciembre a la Cámara de Diputados, por medio de la cual pretende un recorte presupuestal de 900 millones de pesos en el caso de la máxima casa de estudios del país, la UNAM (por si no lo sabe) y de 300 millones de pesos en el del IPN, una de las instituciones educativas que más ha contribuido a la nación, amén de menores asignaciones a otras universidades públicas.
Lo anterior, sin embargo, no le resultó suficiente y para el sector educativo, como bien señaló La Jornada en su edición del pasado viernes, en el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación para 2007, el de los "compromisos" de campaña propone una disminución de 4 mil 500 millones de pesos, 1.2 por ciento menos en términos nominales y superior a 5 por ciento en términos reales con respecto al ejercicio 2006.
En vez de reconsiderar este "error aritmético", el nuevo inquilino de Los Pinos sacó el manual de discursos tecnocráticos y dijo que "no iré por el camino fácil de la irresponsabilidad en el ejercicio presupuestal", algo que aparentemente no consideraba en tiempos electorales, cuando comprometía mayor presupuesto a la educación superior.
Parece ridículo que en sólo cinco días se evaporen los compromisos de campaña, como el relativo a la educación superior. Por ello, en el inicio de la "continuidad" retomemos la gustada sección "recordar es vivir", para refrescarle la memoria al de las justificaciones tecnocráticas.
Decía: "al ser la educación superior el principal medio para acrecentar el conocimiento en los distintos campos de la ciencia, la técnica, las humanidades y las artes, el Estado habrá de garantizar el acceso a estos estudios a toda persona que, cumpliendo los requisitos establecidos, desee hacerlo... La educación superior no es obligatoria, pero sí indispensable para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo del país. Actualmente son 2.38 millones de jóvenes los que asisten a alguna institución de educación superior, el 22 por ciento de los jóvenes en el rango de edad de los 20 a los 24 años, muy por debajo de países desarrollados como Canadá, que alcanza el 80 por ciento, e incluso de 40 por ciento de cobertura promedio en países latinoamericanos como Chile, Argentina y Cuba.
"Para lograr una mayor cobertura y mejorar la calidad de la educación superior es necesario elevar la inversión pública... En México, 67 por ciento de los jóvenes en educación superior asisten a instituciones públicas, se tiene un gasto promedio por alumno de 45 mil 600 pesos anuales, de manera que el gasto público total en educación superior representa aproximadamente el 0.88 por ciento del PIB.
"El acceso a la educación superior, más que a cualquier otra, está limitado por la condición socio-económica de las personas... Mis propuestas para este nivel educativo incluyen: el financiamiento a la educación superior garantizará que los subsidios para la educación se destinen a quienes más los necesiten y se dirijan a dar oportunidades a los talentos mexicanos, así como al fortalecimiento de los programas de investigación e infraestructura de las instituciones de educación superior, de modo que eleven la calidad de la educación que ofrecen.
"Que en todas las entidades del país las instituciones de educación superior respondan a la demanda de los jóvenes... Acciones necesarias para iniciar la ruta que nos permita llegar a una cobertura del 35 (por ciento) en el año 2012. Aumentar la inversión en infraestructura para que los institutos de educación superior cuenten con laboratorios, centros de investigación e inmuebles que les permitan a nuestros jóvenes adquirir una educación de calidad... Convertir a la educación superior en un verdadero motor para alcanzar mejores niveles de vida... Apoyos públicos y privados necesarios para la investigación formal y científica... Impulsar la innovación tecnológica...", y así por el estilo.
La campaña quedó atrás, y tras cinco días en Los Pinos supone que logrará todo lo anterior con recortes presupuestales, la penuria financiera de las instituciones educativas del Estado y los sacrosantos criterios privatizadores.
Y en este espléndido comienzo de la "continuidad", los fantasmas del ex rector Barnés y del CGH recorren los pasillos de la SEP, en los que el subsecretario de Educación, Julio Rubio Oca, considera que "el tema de las cuotas y de la participación de los estudiantes en el financiamiento de su formación universitaria es un asunto importante, que se debe poner en las agendas del debate y para la construcción del próximo programa sectorial de educación"... A su lado, un primitivo diputado panista egresado del Tec de Monterrey, sueña que a golpe de asfixia financiera algún día su alma mater ocupará el puesto de la UNAM.
Las rebanadas del pastel:
Murió el genocida Pinochet sin que la justicia rozara su sangriento paso. Sólo ella pudo con el carnicero, aunque queda pendiente la factura.
cfvmx@yahoo.com.mx/ cfv@prodigy.net.mx
Beneplácito panista por recorte al presupuesto de la UNAM
ROBERTO GARDUÑO
La Jornada
* Me encantaría que todos estudiaran en escuelas de mejor calidad: Padilla Orozco
* Egresado del Tec de Monterrey, el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados considera que la inyección de recursos debe justificarse con "resultados académicos"
Raúl Padilla Orozco, presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados:
Qué bueno que a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se le redujeron los ingresos para 2007 en el proyecto económico de Felipe Calderón Hinojosa, sostuvo el legislador panista y presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Raúl Alejandro Padilla Orozco.
Contador público egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, con hijos estudiando en escuelas privadas, el representante popular dijo convencido: "y me encantaría que todos estudiaran en escuelas que tuvieran mejor calidad".
Ex integrante del Consejo Consultivo de la Universidad Autónoma de Guadalajara, ligada a los Tecos, grupo de ultraderecha vinculado a la organizacipón secreta de El Yunque, el panista, quien tiene en sus manos la dirección del análisis y aprobación del gasto propuesto por Felipe Calderón para el año próximo, emitió una serie de criterios para intentar explicar el recorte a la máxima casa de estudios.
Matrícula de 285 mil estudiantes
Evidenció absoluta ignorancia del significado e importancia para la nación de la Universidad Nacional, que actualmente cuenta con una matrícula de 285 mil estudiantes, quienes cursan 76 carreras acreditadas y 48 programas de posgrado, entre doctorados, maestrías y especialidades, atendidos por 3 mil académicos que forman parte del Sistema Nacional de Investigadores, y 33 mil más de todas las áreas.
"Creo que no podemos seguir inyectando dinero a la educación si no tenemos resultados académicos de los estudiantes que sean loables; debemos tener una evaluación...", decía el panista cuando un reportero lo interrumpió para comentarle:
La UNAM está en el ranking de las 100 mejores del mundo y la mejor de América Latina, y de todos modos le recortaron el gasto.
Oiga, ¡y qué bueno! ¿Y sabe usted que, por ejemplo, la norma mínima de calificación aprobatoria es de cinco, y si usted saca cero la mínima es de cinco? Claro, ¡oiga!, es muy grave, y eso es lo que tengo enterado.
El cinco es cinco y es reprobatorio, le aclaró una reportera.
-Por eso, nada más que, espéreme, si usted saca cero le ponen cinco, y el promedio mejora muchísimo con ese tema (sic). Repito, la educación es un tema muy valioso, muy importante (se ríe), de veras, chéquelo.
Entre las 100 mejores del mundo
Con tales argumentos, el diputado por el PAN no consideró que, efectivamente, la UNAM ocupa el lugar 74 entre las 100 primeras universidades del mundo, convirtiéndose en la más celebrada de Iberoamérica, por encima de la Complutense, de España, la Washington University, de Pittsburgh, Birmingham, Illinois, y Lomonosob, de Rusia.
Con enojo, otra reportera le replicó que al salir de las universidades públicas, el esfuerzo de los alumnos se manifiesta cuando muchos de ellos estudian a la par hasta dos carreras.
El legislador panista insistió en la lógica del eficientismo: "yo digo que todas las universidades merecen más de acuerdo con un índice de calidad en cuanto a resultados académicos. Ese es un tema universal".
La respuesta del contador egresado del Tecnológico de Monterrey irritó a los periodistas, quienes le señalaron que el estatus de la UNAM "de ninguna manera es poca cosa", como él pretendía reducirlo.
725 premios, sólo este año
Sólo en este año, la máxima casa de estudios del país obtuvo 725 galardones nacionales e internacionales, y fue anfitriona de seis premios Nobel que acudieron a sus aulas a impartir cátedra. A esto se suma que todas sus carreras tienen acreditación de calidad internacional.
Raúl Alejandro Padilla trató de corregir su postura. "La universidad está reconocida a nivel mundial, y no es la única opción de recorte. Yo no creo que esto sea nada en contra de la UNAM; el tema es que tenemos un tema en el cual tenemos (sic) que buscar eficiencia en la educación".
Los comunicadores le voltearon el tema del presupuesto al preguntarle sobre los onerosos recursos destinados al pago de los intereses bancarios, que cada año el erario está obligado a erogar por su rescate. El legislador del blanquiazul trató de explicar: "Creo que tenemos que dar mejores recursos a la educación. Repito, hoy hemos estado dando crecimientos tremendos y vemos que algunas universidades, lamentablemente, no han tenido ese crecimiento".
Entonces, ¿que desaparezcan las universidades públicas?
No, ¡oiga!, no se trata de radicalismo.
¡No!, yo le estoy preguntando, respondió otra reportera.
O sea, es día o es noche, ¿no puede haber mediodías?
Entonces, ¿nada más los del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México ) tienen capacidad?
No, repito, el ITAM no es una universidad que reciba subsidio público.
¿Qué van a hacer con las universidades públicas que no tienen calidad? ¿Desaparecerlas, impulsarlas, en qué se piensa?
Tenemos que buscar algún mecanismo para evaluar la calidad de los estudiantes al salir. Ustedes lo saben muy bien, hay jóvenes que pasan la primaria, la secundaria, y su educación no es lo más adecuado posible, no es de acuerdo con el promedio que quisiéramos tener dentro de México, ésa es la verdad.
Entonces, ¿se propone que sólo habrá dinero para alumnos de excelencia?
Creo que la educación es un tema que debemos cuidar, pero no es el único que hay en la palestra para analizar.
El panista ya no sabía cómo enmendar sus señalamientos contra los estudiantes que asisten a la universidad pública. Y los reporteros una vez más lanzaron pullas.
¿Y en el tema de los banqueros,
diputado?
En el tema de los banqueros, ¿en qué? reviró.
?Se trata de 27 mil millones los que se consideran para el rescate bancario ?se le insistió.
Bueno, pues eso, otra vez, tendremos que evaluar cómo está presentado dentro de todas las fracciones, y vamos a ver qué vamos a hacer de modificación (sic).
Y ahí sí no hay peros, ¿verdad?
No es que no haya peros, es que todo tenemos que evaluarlo. Este es un proyecto que está presentando el Ejecutivo, donde el cuerpo legislativo, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, tiene que estar analizando.
Tampoco falló la memoria de los periodistas acerca de que Raúl Alejandro Padilla fue uno de los legisladores que no presentaron su declaración patrimonial. Al preguntarle sobre el particular, el contador dejó en claro:
"Fíjese que mi declaración patrimonial no la presenté en tiempo y forma, pero antes de que termine la primera quincena de diciembre la estaré presentando. Es la primera vez que estoy inmerso en estas responsabilidades y, lamentablemente, no la cumplí a tiempo".
_¿No sabía?
Fíjese que no. No sólo lo desconocía, sino que aparte no sabía qué compleja es. Pero, repito, ya están trabajando mis contadores para poder presentarla.
¿Usted de dónde es egresado?
Yo soy egresado del Tec de
Monterrey.
¿Y sus hijos, estudian en escuelas públicas?
Estudian en escuelas privadas, y me encantaría que todos estudiaran en escuelas que tuvieran mejor capacidad.
Mi comentario:
Apenas el tal FeCal tiene 10 días en el cargo y ya va duro contra los cimientos de cualquier mecanismo redistributivo, empieza por la educación que es la manera como muchas de las familias más pobres se abren paso con mucho esfuerzo para mejorar la situación económica de la siguiente generación en sus familias. Pero de esto el espurio y sus secuaces no saben nada, solo ver el gabinete en el cuál ni por asomo hay egresados de Universidades Públicas. El embate de la derecha viene a destruir todo apoyo a la equidad.
Debemos todos de unirnos y defender la educación LAICA, GRATUITA Y DE CALIDAD para todos y todas en este país.
La Jornada
* Me encantaría que todos estudiaran en escuelas de mejor calidad: Padilla Orozco
* Egresado del Tec de Monterrey, el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados considera que la inyección de recursos debe justificarse con "resultados académicos"
Raúl Padilla Orozco, presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados:
Qué bueno que a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se le redujeron los ingresos para 2007 en el proyecto económico de Felipe Calderón Hinojosa, sostuvo el legislador panista y presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Raúl Alejandro Padilla Orozco.
Contador público egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, con hijos estudiando en escuelas privadas, el representante popular dijo convencido: "y me encantaría que todos estudiaran en escuelas que tuvieran mejor calidad".
Ex integrante del Consejo Consultivo de la Universidad Autónoma de Guadalajara, ligada a los Tecos, grupo de ultraderecha vinculado a la organizacipón secreta de El Yunque, el panista, quien tiene en sus manos la dirección del análisis y aprobación del gasto propuesto por Felipe Calderón para el año próximo, emitió una serie de criterios para intentar explicar el recorte a la máxima casa de estudios.
Matrícula de 285 mil estudiantes
Evidenció absoluta ignorancia del significado e importancia para la nación de la Universidad Nacional, que actualmente cuenta con una matrícula de 285 mil estudiantes, quienes cursan 76 carreras acreditadas y 48 programas de posgrado, entre doctorados, maestrías y especialidades, atendidos por 3 mil académicos que forman parte del Sistema Nacional de Investigadores, y 33 mil más de todas las áreas.
"Creo que no podemos seguir inyectando dinero a la educación si no tenemos resultados académicos de los estudiantes que sean loables; debemos tener una evaluación...", decía el panista cuando un reportero lo interrumpió para comentarle:
La UNAM está en el ranking de las 100 mejores del mundo y la mejor de América Latina, y de todos modos le recortaron el gasto.
Oiga, ¡y qué bueno! ¿Y sabe usted que, por ejemplo, la norma mínima de calificación aprobatoria es de cinco, y si usted saca cero la mínima es de cinco? Claro, ¡oiga!, es muy grave, y eso es lo que tengo enterado.
El cinco es cinco y es reprobatorio, le aclaró una reportera.
-Por eso, nada más que, espéreme, si usted saca cero le ponen cinco, y el promedio mejora muchísimo con ese tema (sic). Repito, la educación es un tema muy valioso, muy importante (se ríe), de veras, chéquelo.
Entre las 100 mejores del mundo
Con tales argumentos, el diputado por el PAN no consideró que, efectivamente, la UNAM ocupa el lugar 74 entre las 100 primeras universidades del mundo, convirtiéndose en la más celebrada de Iberoamérica, por encima de la Complutense, de España, la Washington University, de Pittsburgh, Birmingham, Illinois, y Lomonosob, de Rusia.
Con enojo, otra reportera le replicó que al salir de las universidades públicas, el esfuerzo de los alumnos se manifiesta cuando muchos de ellos estudian a la par hasta dos carreras.
El legislador panista insistió en la lógica del eficientismo: "yo digo que todas las universidades merecen más de acuerdo con un índice de calidad en cuanto a resultados académicos. Ese es un tema universal".
La respuesta del contador egresado del Tecnológico de Monterrey irritó a los periodistas, quienes le señalaron que el estatus de la UNAM "de ninguna manera es poca cosa", como él pretendía reducirlo.
725 premios, sólo este año
Sólo en este año, la máxima casa de estudios del país obtuvo 725 galardones nacionales e internacionales, y fue anfitriona de seis premios Nobel que acudieron a sus aulas a impartir cátedra. A esto se suma que todas sus carreras tienen acreditación de calidad internacional.
Raúl Alejandro Padilla trató de corregir su postura. "La universidad está reconocida a nivel mundial, y no es la única opción de recorte. Yo no creo que esto sea nada en contra de la UNAM; el tema es que tenemos un tema en el cual tenemos (sic) que buscar eficiencia en la educación".
Los comunicadores le voltearon el tema del presupuesto al preguntarle sobre los onerosos recursos destinados al pago de los intereses bancarios, que cada año el erario está obligado a erogar por su rescate. El legislador del blanquiazul trató de explicar: "Creo que tenemos que dar mejores recursos a la educación. Repito, hoy hemos estado dando crecimientos tremendos y vemos que algunas universidades, lamentablemente, no han tenido ese crecimiento".
Entonces, ¿que desaparezcan las universidades públicas?
No, ¡oiga!, no se trata de radicalismo.
¡No!, yo le estoy preguntando, respondió otra reportera.
O sea, es día o es noche, ¿no puede haber mediodías?
Entonces, ¿nada más los del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México ) tienen capacidad?
No, repito, el ITAM no es una universidad que reciba subsidio público.
¿Qué van a hacer con las universidades públicas que no tienen calidad? ¿Desaparecerlas, impulsarlas, en qué se piensa?
Tenemos que buscar algún mecanismo para evaluar la calidad de los estudiantes al salir. Ustedes lo saben muy bien, hay jóvenes que pasan la primaria, la secundaria, y su educación no es lo más adecuado posible, no es de acuerdo con el promedio que quisiéramos tener dentro de México, ésa es la verdad.
Entonces, ¿se propone que sólo habrá dinero para alumnos de excelencia?
Creo que la educación es un tema que debemos cuidar, pero no es el único que hay en la palestra para analizar.
El panista ya no sabía cómo enmendar sus señalamientos contra los estudiantes que asisten a la universidad pública. Y los reporteros una vez más lanzaron pullas.
¿Y en el tema de los banqueros,
diputado?
En el tema de los banqueros, ¿en qué? reviró.
?Se trata de 27 mil millones los que se consideran para el rescate bancario ?se le insistió.
Bueno, pues eso, otra vez, tendremos que evaluar cómo está presentado dentro de todas las fracciones, y vamos a ver qué vamos a hacer de modificación (sic).
Y ahí sí no hay peros, ¿verdad?
No es que no haya peros, es que todo tenemos que evaluarlo. Este es un proyecto que está presentando el Ejecutivo, donde el cuerpo legislativo, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, tiene que estar analizando.
Tampoco falló la memoria de los periodistas acerca de que Raúl Alejandro Padilla fue uno de los legisladores que no presentaron su declaración patrimonial. Al preguntarle sobre el particular, el contador dejó en claro:
"Fíjese que mi declaración patrimonial no la presenté en tiempo y forma, pero antes de que termine la primera quincena de diciembre la estaré presentando. Es la primera vez que estoy inmerso en estas responsabilidades y, lamentablemente, no la cumplí a tiempo".
_¿No sabía?
Fíjese que no. No sólo lo desconocía, sino que aparte no sabía qué compleja es. Pero, repito, ya están trabajando mis contadores para poder presentarla.
¿Usted de dónde es egresado?
Yo soy egresado del Tec de
Monterrey.
¿Y sus hijos, estudian en escuelas públicas?
Estudian en escuelas privadas, y me encantaría que todos estudiaran en escuelas que tuvieran mejor capacidad.
Mi comentario:
Apenas el tal FeCal tiene 10 días en el cargo y ya va duro contra los cimientos de cualquier mecanismo redistributivo, empieza por la educación que es la manera como muchas de las familias más pobres se abren paso con mucho esfuerzo para mejorar la situación económica de la siguiente generación en sus familias. Pero de esto el espurio y sus secuaces no saben nada, solo ver el gabinete en el cuál ni por asomo hay egresados de Universidades Públicas. El embate de la derecha viene a destruir todo apoyo a la equidad.
Debemos todos de unirnos y defender la educación LAICA, GRATUITA Y DE CALIDAD para todos y todas en este país.
domingo, diciembre 10, 2006
Suplemento 7
Publicado tambien en: A Romper el Cerco Informativo !

CONTENIDO
* Murales en Los Ángeles
* Poesía de Rafael Alberti
* Manuel Sacristán como filósofo (y político) de la ciencia
******************
Murales en Los Ángeles
Estas fotografías de la Cd. de Los Ángeles Ca. muestran cultura muy arraigada en la Unión Americana: Los murales; Son recreadas con mayor frecuencia por las minorías Latinas y Afro americana
Fotos y pies de foto: CIRO CÉSAR La Opinión

Calendario.
Los murales están en diferentes barrios de la ciudad de Los Ángeles.

dan una pincelada de colores alegres.

Recrean imagenes del cine, del folklore y de la poética del artista.

Los murales de Los Ángeles caracterizan una calle.

y también decoran los muros de las vías más transitadas.

También recuerdan obras de arte famosas, como esta imagen de un Van Gogh.
***********
POESÍA DE RAFAEL ALBERTI

Alberti: Obra de Abbé Nozal perteneciente a la serie rostros
A PABLO NERUDA,
CON CHILE EN EL CORAZÓN
No dormiréis, malditos de la espada,
cuervos nocturnos de sangrientas uñas,
tristes cobardes de las sombras tristes,
violadores de muertos.
No dormiréis.
Su noble canto, su pasión abierta,
su estatura más alta que las cumbres,
con el cántico libre de su pueblo
os ahogarán un día.
No dormiréis.
Venid a ver su casa asesinada,
la miseria fecal de vuestro odio,
su inmenso corazón pisoteado,
su pura mano herida.
No dormiréis.
No dormiréis porque ninguno duerme.
No dormiréis porque su luz os ciega.
No dormiréis porque la muerte es sólo
vuestra victoria.
No dormiréis jamás porque estáis muertos.
(Fustigada Luz, 1978)
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ESE GENERAL
-Aquí está el general.
¿Qué quiere el general?
-Una espada desea el general.
-Ya no existen espadas, general.
¿Qué quiere el general?
-Un caballo desea el general.
-Ya no existen caballos, general.
¿Qué quiere el general?
-Otra batalla quiere el general.
-Ya no existen batallas, general.
¿Qué quiere el general?
-Una amante desea el general.
-Ya no existen amantes, general.
¿Qué quiere el general?
-Un gran tonel de vino desea el general.
-Ya no hay tonel ni vino, general.
¿Qué quiere el general?
-Un buen trozo de carne desea el general.
-Ya no existen ganados, general.
¿Qué quiere el general?
-Comer yerbas desea el general.
-Ya no existen los pastos, general.
¿Qué quiere el general?
-Beber agua desea el general.
-Ya no existe más agua, general.
¿Qué quiere el general?
-Dormir en una cama desea el general.
-Ya no hay cama ni sueño, general.
¿Qué quiere el general?
-Perderse por la tierra, desea el general.
-Ya no existe la tierra, general.
¿Qué quiere el general?
-Morirse como un perro desea el general.
-Ya no existen los perros, general.
¿Qué quiere el general?
¿Qué quiere el general?
Parece que está mudo el general.
Parece que no existe el general.
Parece que se ha muerto el general,
que ya, ni como un perro, se ha muerto el general,
que el mundo destruido, ya sin el general,
va a empezar nuevamente, sin ese general.
(El matador, (Poemas escénicos), 1965)
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SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA
Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento la vela!
(Marinero en tierra, 1924)
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DEL PUÑO Y LETRA DE ALBERTI


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Manuel Sacristán como filósofo (y político) de la ciencia
Rebelión
Salvador López Arnal
Gaceta sindical
No hay antagonismo entre tecnología (en el sentido de técnicas de base científico-teórica) y ecologismo, sino entre tecnologías destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologías favorables a largo plazo a ésta. Creo que así hay que plantear las cosas, no con una mala mística de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quizá gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmósfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxígeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en sí, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como está es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnología es un cambio de modo de producción y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolución; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnológico revolucionario consciente e intencionadamente.
Manuel Sacristán (1983), “Entrevista con Naturaleza”
En la poblada mochila vital e intelectual de Manuel Sacristán (1925-1985), pueden hallarse multitud de haceres y de haberes intelectuales y, desde luego, no todos ostentan atributos metacientíficos. Sin duda. Pero el autor de “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, además de ser un recordado profesor de metodología de las ciencias y autor de un libro tan decisivo como Introducción a la lógica y al análisis formal, fue también un informado, singular y agudo filósofo de la ciencia con intereses centrales en los ámbitos anexos de la sociología y de la política de la ciencia. Pretendo justificar estas afirmaciones, recordando que la simple revisión de Introducción a la lógica permite encontrar magníficos ejercicios de reflexión epistemológica y no sólo en los cuatro primeros capítulos o en los apartados finales del volumen. Las páginas que Sacristán dedicó a la significación del teorema de incompletud de Gödel para la teoría de la ciencia y a su consistencia con el programa metamatemático de Hilbert siguen siendo modélicas.
Lo primero que puede afirmarse, sin riesgo de error, es que Sacristán fue un epistemólogo libre, muy libre, que leyó de una forma nada usual a los clásicos de la gran filosofía de la ciencia del siglo XX: a Russell, a Wittgenstein, a Carnap, al gran Otto Neurath, a Kuhn, a Popper, a Quine, a Feyerabend, a Suppe, a Bunge, a los estructuralistas, a Lévi-Strauss, a Scholz, a Holton, a Georgescu Roegen, etcétera no vacío1 . No es de extrañar: este estilo intelectual, esta ausencia de papanatismo, es netamente consistente con la forma no cegada ni repetitiva con la que siempre cultivó su propia tradición político-filosófica. Basta trazar un arco, un amplio arco, entre uno de sus primeros escritos marxistas, de 1956 -”Para leer el Manifiesto del Partido Comunista”2 , papel que circuló básicamente entre los heroicos militantes del PSUC-PCE de aquellos difíciles años-, y el que fuera su último artículo publicado en vida, en mayo de 1985, su sentida presentación a la traducción del undécimo Cuaderno de la Cárcel de Gramsci3 , para admitir sin reservas que los numerosos y muy variados puntos del dibujo trazado corroboran sin dudas razonables la anterior afirmación.
Esta libertad de pensamiento, de interpretación, puede también observarse en otra cuestión que preocupó centralmente a Sacristán en los años setenta y ochenta, y que enlaza con sus anteriores inquietudes sobre el irracionalismo anti-científico contemporáneo. Fue en la segunda semana de enero de 1982 cuando Sacristán se reincorporó al curso de metodología de las ciencias sociales que entonces impartía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Antes, hacia mediados de noviembre de 1981, Sacristán había viajado a México para impartir un seminario en un curso de estudios básicos de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM e intervenir en Guanajuato, en un Congreso Iberoamericano de Filosofía, con una comunicación, posteriormente publicada en mientras tanto y recogida como magnífico broche final en Papeles de Filosofía4, que llevaba por título “Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de discusión”. Dialéctica, una revista mexicana dirigida por Gabriel Vargas y Juan Mora Rubio, publicó en 1982 este mismo texto con un título más compendioso: “Sociedad, naturaleza y ciencias sociales. Un esquema de discusión”5 .
En los compases iniciales de esta comunicación, Sacristán formuló un argumento, básico en sus últimas reflexiones, contra las epistemologías emparentadas con el segundo Heidegger o con las tesis -de menor exquisitez académica pero acaso con mayor realidad social- de la filosofía contracultural que en aquel entonces tenía en los ensayos y artículos de Theodor Roszak un socorrido punto de engarce, corrientes ambas que Sacristán designaba con la denominación de “filosofías de la ciencia de inspiración romántica”.
Su punto de vista crítico podría formularse en los siguientes términos: los peligros de la relativamente creciente y grave desorganización de la relación entre la especie humana y la naturaleza -y esto, antes, mucho antes, del Katrina y del Rita, y de las certeras previsiones de Mark Fischetti, publicadas en Scientific American ya en 2001-, relación fuertemente mediada por saberes y haceres científico-tecnológicos, habían facilitado un renacimiento de esas concepciones que, como señalaba, él agrupaba bajo el rótulo de “filosofías románticas de la ciencia”. Apreciando algunas emociones que subyacían en su crítica, y aun reconociendo el valor teórico-político de algunos de sus análisis y descripciones, Sacristán rechazaba, por una parte, su negativa valoración e incluso menosprecio del mero conocimiento operativo e instrumental, y sostenía, por otra parte, que no representaban ni podían representar un transitable sendero que permitiera salir del espeso bosque contaminado en el que nos encontrábamos inmersos, entre otras razones por el peligro de “impostura intelectual” que en ocasiones les afectaba: disertaban y sentenciaban, sobre todo sentenciaban, sobre el conocimiento positivo hablando de asuntos y desde perspectivas que apenas recogían la práctica científica realmente existente en cualquiera de sus variantes, ni manejaban información mínimamente veraz sobre los resultados conseguidos por las diversas disciplinas científicas.
En términos parecidos se había manifestado Sacristán en las páginas que dedicó en Las ideas gnoseológicas de Heidegger a Hebel der Hausfreund6 . El ex-rector de Friburgo sostenía en este ensayo de 1957 que la humanidad sigue errando por una casa del mundo a la que falta el Amigo del Hogar, un personaje a caballo de los méritos racionales y de la poesía esencial suprarracional, un individuo que se inclina de igual modo y con igual fuerza ante el edificio del mundo construido por la técnica y ante el mundo como casa de un habitar más esencial, aquel Ser -sin duda con mayúsculas- que, en definitiva, conseguirá -Sacristán cita ahora a Heidegger- “volver a cobijar la calculabilidad y la técnica de la naturaleza en el abierto misterio de una naturalidad nuevamente vivida de la naturaleza”7 .
Ante este punto de vista, el pensador racional que fue Sacristán señalaba, en primer lugar, que la armoniosa proclama de Heidegger era sumamente demagógica ya que pasaba por alto inevitables consecuencias del pensamiento esencial que, con toda probabilidad, determinarían una política cultural mucho menos equilibrada que la armonía proclamada, y, en segundo lugar, que el pensamiento racional debería responder a Heidegger, y a sus afines, que de hecho todo intento que, como ocurre en su caso, reduzca la razón a un muñón empobrecido al que se contrapone, como figura opuesta, la “naturaleza”, la realidad, la vida, la poesía, la esencia, ha hecho ya imposible incluso una aproximación correcta al problema, porque -como apunta Sacristán- “operará sobre una “razón” en la que el pensamiento racional no se verá representando”.
Más aún, estas posiciones metacientíficas neorrománticas estaban de hecho afectadas por un notable paralogismo que dañaba su comprensión de la situación al confundir el plano de la bondad o maldad política, moral, social, con el de la corrección o incorrección epistémica. No era un error trivial. Era precisamente la potencial peligrosidad práctica de la tecnociencia contemporánea la que estaba directamente relacionada con su bondad cognoscitiva. La trágica maldad política de la bomba atómica había sido netamente dependiente de la calidad gnoseológica de los saberes físicos que le subyacían: si los físicos del proyecto Manhattan, si el gran Oppenheimer hubiera dirigido a un conjunto de simples ideólogos obnubilados, incapaces de pensar correctamente, no estaríamos hoy justificadamente preocupados por los peligros de la energía atómica ni por las terroríficas (y conocidas) consecuencias de las armas nucleares.
Finalmente, nuevo plano de crítica de Sacristán, en el supuesto no admitido de que existiera, tal como estas corrientes filosóficas parecían defender, un saber gnoseológicamente superior y alternativo al inesencial y cosificador conocimiento positivo, los peligros señalados no sólo no se disolverían sino que se incrementarían exponencialmente por la mayor exquisitez epistémica de ese supuesto saber emergente. Recordando la versión kantiana del mito del Génesis sobre el árbol de la ciencia, insistía Sacristán en que era precisamente el buen conocimiento el que era peligroso moral, prácticamente, y, con toda probabilidad, tanto más amenazador cuanto mejor fuera epistémicamente. Las concepciones criticadas caían, interseccionaban o se aproximaban a las peligrosas aguas de la falacia naturalista: si la bondad teórica no llevaba forzosamente implícita ninguna bondad práctica, la maldad moral no llevaba inexorablemente adherida la etiqueta de la invalidez teórica. No era, pues, inmediato aceptar la sentencia bíblica sobre verdad y libertad, no era una simple tautología que la verdad nos haga inexorablemente libres, no es ningún postulado more geometrico que del acierto teórico emanen con fuerza deductiva, sin más mediaciones, la libertad humana y la adecuación en nuestro hacer.
Así, pues, esta consideración crítica de las filosofías románticas de la ciencia, sin discontinuidad perceptible con posiciones anteriores, fue uno de los ejes básicos de los escritos y conferencias de Sacristán en sus últimos años. La presencia de corolarios políticos, de esta atmósfera moral-política anexa, lateral si se quiere pero no inesencial, no fue un caso extraordinario. Sacristán, en las clases de “Metodología de las ciencias sociales” de enero de 19828 , al describir las posiciones de rechazo global o de aceptación entusiasta de la ciencia sin sombra de duda, sin temblor alguno, y de advertir que casos puros de esta naturaleza eran muy infrecuentes, apuntó dos ejemplos notables. En el ejemplo de entusiasmo puro situó a Condorcet; el segundo ejemplo, en este caso de anticientificismo, de regresismo en materia científica, fue el Frankenstein de Mary Shelley, de 1818, que representaba una de las primeras manifestaciones del sentimiento de rechazo vital de la ciencia en función de sus temidas consecuencias prácticas.
La complejidad del cuadro cultural, intelectual, filosófico, en que se enmarcaba esta reacción, estaba perfectamente ilustrado por la personalidad de Mary Shelley y por su libro. Shelley, comentaba Sacristán, era la esposa de Shelley, el poeta, y se podía estar casi seguro de que también él coincidía con las reflexiones de la novela. Entre otras cosas, señaló, porque Mary Shelley la había escrito en Roma, en uno de esos encuentros en los que estaban los Shelley, los Keats, esa primera división -la expresión es del propio Sacristán- de la poesía inglesa de la época. Era inverosímil, proseguía, que no estuvieran todos ellos de acuerdo con lo que allí estaba escribiendo Mary Shelley. Pues bien, este libro, que leído por una persona ingenua, por un progresista sin matices de la segunda mitad del XX, parecería fruto de una mentalidad tradicionalista o reaccionaria, provenía de un ambiente que era, prácticamente, el de “la extrema izquierda intelectual” de la época. Shelley era seguramente el poeta más de izquierda de la tradición romántica inglesa, hasta extremos conmovedores, añadió Sacristán: una vez al bajar a unos calabozos de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, al cabo de un rato de estar allí, comentó Sacristán, “me di cuenta que en una de las paredes algún preso había arañado, con las uñas, un verso de Shelley, precisamente, y en inglés. No sé qué raro preso sería éste pero el hecho es que allí estaba. No sé si con la democracia lo habrán quitado cuando habría habido que ponerle un marco”.
Los versos arañados, en traducción del propio Sacristán, dicen así:
La luz del día,
después de un estallido,
penetrará
al fin
en esta oscuridad
No estoy seguro que el poema sea realmente de Shelley (el mismo Sacristán tuvo dudas finalmente sobre la autoría), pero, en todo caso, como es fácil suponer, no ha habido marco ni poema ni reconocimiento alguno.
Por lo demás, el giro temático de la exposición de Sacristán fue netamente inesperado. No era previsible que una de las primeras derivadas de un comentario sobre Frankenstein nos llevara a calabozos de presos políticos y a la poesía de Shelley. Algunos nos movíamos en aquel entonces en una atmósfera densa, estricta y casi puramente analítico-metacientífica, y es razonable afirmar que las preocupaciones sustantivas de orden político-moral no eran alimento asiduo de la mayoría de los componentes de aquel poblado y agradable conjunto. Era infrecuente que un epistemólogo hiciera calas de este orden, o tuviera su mirada atenta a consecuencias de orden normativo o de crítica política como en el caso de su comunicación al congreso de Guanajuato de finales de 1981.
La prioridad del enfoque ontológico, y su corolario político, en asuntos de filosofía de la ciencia era argumentada por Sacristán en los siguientes términos: el filosofar metacientífico había discurrido básicamente por dos vías diferenciadas si bien no siempre excluyentes: la primera perspectiva se había centrado en las relaciones entre ciencia y cultura, entre el conocer científico y la comprensión global del mundo y de la vida. A este tipo de consideraciones, las enmarcaba con el rótulo de “planteamiento o problemática epistemológica”. Existía, sin embargo, otra línea de reflexión, cuyos antecedentes situaba Sacristán en el idealismo alemán o incluso en Leibniz, que proponía considerar la relación entre lo científico y lo metafísico en términos mucho más ontológicos9 . Heidegger era un representante destacado de esta segunda línea. Consideraba Sacristán que el primer planteamiento era una línea que filosóficamente siempre estaría viva por la propia definición y autoconciencia del pensar científico, que se sabe, o debería saberse, inseguro, revisable y limitado, sin embargo, aun admitiendo que estas cuestiones fueran inextinguibles, él pensaba que tenían una importancia secundaria, y que debían perder peso ya entonces, en los años ochenta del siglo XX, respecto a los temas enmarcables en la metaciencia ontológica, fundamentalmente, y este es el punto central de su posición, por la potencial peligrosidad de muchas líneas de investigación de la tecnociencia actual.
Fue, precisamente, en una conferencia impartida en la escuela de Ingenieros de Barcelona 10 , donde Sacristán empezó a referirse a la crisis que, en su opinión, acechaba tanto a la filosofía clásica de la ciencia como a las políticas científicas de carácter meramente progresista o desarrollista, defendidas por entonces con aquiescencia casi unánime. Esta situación de perplejidad creciente afectaba directamente al corazón del progresismo clásico, a la creencia de que toda acumulación científica y todo avance tecnológico eran buenos en sí mismos. No había duda de que la situación era netamente dependiente del carácter operacionalista de la ciencia moderna, del estrecho hermanamiento, cuando no identificación, entre la aventura de la ciencia y la empresa de la técnica, empero Sacristán nunca sostuvo que fuera razonable una solución que defendiera, sin más matices, una desvinculación de ambas y una consideración del ideal científico con helénica mirada contemplativa y separado drásticamente del ámbito tecnológico, y no sólo, aunque también, por lo que esta renuncia pudiera tener de irreal, sino porque, en su concepción gnoseológica, la práctica tecnológica era una parte imprescindible del avance científico ya que esa práctica era la que daba, en última instancia, intimidad al conocer.
No puede sorprender por ello que, aun admitida esta peculiaridad, esta mirada informada y atenta a la filosofía académica de la ciencia pero también, y a un tiempo, a las derivadas políticas y sociales anexas, pueda situarse destacadamente a Sacristán en el ámbito hispánico de la filosofía de la ciencia, aunque fuera también muchas otras cosas: el autor de una tesis doctoral sobre, recuerden, la gnoseología de Heidegger, ensayo que Lledó ha considerado el mejor trabajo de Sacristán y uno de los mejores escritos hispánicos sobre el ex-rector de Friburgo11 ; el laborioso y obligado traductor de clásicos de la filosofía analítica (Quine es el ejemplo más sobresaliente, pero también Hasenjäger, Hull o Schumpeter) o de la historia de la ciencia (recuérdese su traducción de los tres primeros volúmenes de la Historia general de las ciencias de René Taton); un decisivo colaborador editorial en la Barcelona de los años sesenta y setenta (pensemos, por ejemplo, en SIGMA, en el proyecto de obras completas de G. Lukács o en el proyecto OME para Crítica); el director o colaborador de varias revistas de calado en la cultura barcelonesa y española (Qvadrante, Laye, Nous Horitzons, Materiales, mientras tanto) y de varias colecciones inolvidables (Hipótesis, por ejemplo); un lógico y metalógico de importancia central en la reintroducción de la disciplina en nuestro país, como Luis Vega Reñón, Paula Olmos o Christian Martín12 han probado y demostrado; un crítico literario y teatral que habló en el erial cultural de los años cuarenta y cincuenta, y en años posteriores, de Wilder, de O´Neill, pero también de Moravia, de Menotti, de Sánchez Ferlosio, de Vitoria, de Mozart, de Heine, Goethe o Brossa; un joven letraherido que, junto a Gabriel Ferrater, escribía espléndidas reseñas de obras de Simone Weil para Laye; un metafilósofo realista y con programa institucional anexo; un marxista sin parangón; un dirigente político no sólo de gran altura práctica sino de elaboración teórica destacadísima y, me atrevo a decir, única, etcétera. Si Putnam señaló las mil caras del realismo, no muchos menos rostros tuvo el materialista y realista Sacristán.
No hay aquí inconsistencia observable. No era, no es contradictorio que un marxista, que amaba a Goethe, a Heine o a Brecht, fuera también un exquisito epistemólogo y un lógico destacado. Pero, por si fuera necesaria alguna confirmación biográfica sobre este punto, cabe recordar la carta que Sacristán dirigió a Félix Novales, entonces preso político en la cárcel de Soria, el 24 de agosto de 1985, pocos días antes de su fallecimiento.
En ella, después de aceptar críticamente el irrealismo y sectarismo de las izquierdas españolas, argumentando eso sí que entre el irrealismo y el enlodado el segundo era de más difícil superación (como los tiempos posteriores confirmaron de forma probatoria), Sacristán acababa señalando:
“Tu mención del problema bibliográfico en la cárcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fácil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algún número de la revista que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen más: dilo. Por último, si pasas a trabajar en filosofía, ahí te puedo ser útil, porque es mi campo (propiamente, filosofía de la ciencia, y lógica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).”
Hay que recordar además que el interés de Sacristán por temas de filosofía o de sociología y política de la ciencia no fue tardío. Y no sólo porque él ya había sido, antes de su expulsión de la Universidad de Barcelona en 1965, un profesor de Fundamentos de Filosofía, con neta y destacada preocupación epistemológica, o de metodología de las ciencias sociales en la Facultad de Económicas sino porque si recordamos rápidamente algunas de sus conferencias, traducciones o presentaciones es inmediato deducir el interés de Sacristán por estos temas desde su estancia en la Universidad de Münster, o incluso antes. Daré aquí algunos ejemplos: si se relee el apartado final de su tesis doctoral sobre la gnoseología de Heidegger puede verse en la práctica a un epistemólogo que, con la mirada puesta en la defensa documentada de la racionalidad científica, se enfrenta al pensamiento irracionalista más importante del momento; si se repasa el comentario que Sacristán hizo en 1967 de El asalto a la razón de Lukács, se verá en acción no sólo a un marxista que se enfrenta abiertamente a la propia tradición sino a un cuidadoso epistemólogo que no deja pasar ni una a su admirado autor de Historia y consciencia de clase, sobre todo cuando éste habla desde abismos insondables de desconocimiento sobre logicidad o lógica formal; incluso también en un escrito de filosofía más clásica o tradicional, como fue aquel artículo suyo de 1953 sobre “Verdad: desvelación y ley”, puede verse con agrado y sorpresa el atrevimiento de sus comparaciones finales de aspectos de la semántica heideggeriana con tesis gnoseológicas de Russell o de Reichenbach, o con el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica. A ello podían sumarse algunas de sus recordadas conferencias como “El hombre y la ciudad (una consideración del humanismo, para uso de urbanistas)”, de 1959; una intervención ante la Asociación Humanidades Médicas, en 1966; la lección que impartió en una semana de Renovación científica organizada por el Sindicato Democrático de la Universidad valenciana, en 1968, y que ha recordado Castilla del Pino en el segundo tomo de sus memorias, sobre “Algunas actitudes ideológicas contemporáneas ante la ciencia”, o sus varias intervenciones de los años sesenta sobre Bruno y Galileo, sobre el saber y el creer.
A todo ello, y aparte de una recordada conferencia de mediados de los sesenta -de la que no poseemos ninguna grabación ni transcripción pero sí un detallado esquema con fichas anotadas- que lleva por título “En torno a una medición de Galileo”, hay que sumar numerosos cursos y escritos de sus últimos años, especialmente dos textos que en mi opinión no sólo están entre los mejores trabajos de marxología publicados en tierras hispánicas sino que son además, y sin inconsistencia alguna, dos magníficos escritos de filosofía y sociología de la ciencia. Me refiero a “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, coloquio incluido13 , y el que fue inicialmente un curso de doctorado en Económicas, más tarde un curso de posgrado en la UNAM y, finalmente, un largo artículo publicado en México como opúsculo con el título “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, sin olvidar, como decía, sus cursos de metodología de la ciencia, o sus seminarios de doctorado sobre Popper, Kuhn, Lakatos, sobre el estructuralismo científico, sobre Mill y la inducción, sobre Bunge, de quien tradujo como es sabido La investigación científica, o sus conferencias, algo más técnicas, sobre lógicas dialécticas o paraconsistentes de finales de los setenta, que prueban que su información sobre estas investigaciones lógicas no estaba tan desfasada como a veces se ha indicado, o como a veces, acaso por modestia, él mismo señaló.
Cuatro consideraciones finales pueden justificar algo más lo anteriormente apuntado. La primera de ellas: la sensatez e información con la que Sacristán se aproximó al tema de la dialéctica evitó que muchos marxistas hispánicos se extraviaran por senderos que, en cambio, fueron recorridos por marxistas europeos, muy celebrados en aquellos años, con resultados desérticos o, aún peor, con neto y confundido extravío lógico. Cualquier historia, breve o no, del marxismo español debería situar destacadamente esta contribución en el haber de Sacristán.
Un ejemplo. En 1968, un colectivo de científicos sociales invitó a Sacristán a sumarse a un proyecto cuya finalidad era la constitución de una Escuela (dialéctica) de Sociología en Barcelona. En una carta a él dirigida (Manresa, 2 de agosto de 1968), por Luis Maruny apuntaba que había dos tipos de sociología, una, la tradicional, tenía su marco adecuado en la Universidad; la otra, una sociología “dialéctica”, por el contrario, no. Para conseguir sociólogos del segundo tipo cabían dos posibilidades: o esperar que salgan del marco de un centro universitario, supuesto prácticamente imposible, o crear un marco genuino en el que pudieran prepararse sin tener que pasar por la formación clásica en sociología de la Universidad, ahorrando con ello esfuerzos y obstáculos.
En su larga respuesta, fechada los días 11 y 12 de agosto de 196814 , Sacristán señalaba cosas del siguiente tenor:
“(...) El giro ideológico al que me refiero (yo uso siempre “ideología” en el mal sentido en que la usaba Marx, como aproximado sinónimo de falsa consciencia) se apoya en una inferencia injustificada, muy propia de la moda neo-romántica que está, desgraciadamente, padeciendo el pensamiento revolucionario. La inferencia injustificada consiste en identificar esa “sociología que responde a las necesidades objetivas del capitalismo organizado” con la investigación del especialista en cuanto especialista y con la teoría micro-sociológica. Éste es el sentido de la afirmación de tu carta según la cual “esta sociología se aplica únicamente, en general, a núcleos reducidos entendidos como elementos aislados de un sistema en el cual se deben “integrar” y al cual, como máximo, deben “mejorar” ”. Debajo de esta actitud está la condena de toda investigación especializada y positiva -en otro lugar hablas explícita y condenatoriamente de microsociología- por el hecho de que toda investigación de ese tipo es sometida a los principios generales de funcionamiento del sistema. Lo cual es, por supuesto, verdad. Pero eso es igualmente verdad (en cada momento) del trabajo manual y de cualquier otra actividad que no sea el “acto” (hipotético y abstracto) destructivo del sistema. Y no por eso se puede negar que el trabajo manual en el capitalismo produce algo más que enajenación, a saber, riqueza. Análogamente, la investigación sectorial, la microsociología, la microeconomía, etc. por no hablar ya de las ciencias de la naturaleza, sólo son de verdad útiles como ciencias al sistema cuando producen verdad. Es la verdad misma la que es absorbible y aprovechable por el sistema. Mientras se ignore esto, uno seguirá siendo un ideólogo, una víctima de la falsa consciencia, por revolucionaria que sea su inspiración, y estará doctrinalmente muy por debajo de Engels, el cual hace ya cien años, sabía muy bien que la teoría científica auténtica está de la parte de la clase dominante, mientras ésta es capaz de dominar. Contraponer a la investigación microsociológica o microeconómica, etc., “otra” sociología o economía, etc., que, por el mismo hecho de la contraposición, queda puesta en el mismo plano (microplano, por así decirlo) de la primera, es ignorar que ésta sólo puede responder a “necesidades objetivas del capitalismo organizado”, a necesidades objetivas en la medida en que descubra y/o aplique verdad; por lo tanto, toda “otra” disciplina que se le contraponga dirá falsedades. Ejemplo: la biología “dialéctica” de los rusos en los años 30-40, o su economía en lo que se contraponía, negándola, a la microeconomía matemática entonces en desarrollo en los países capitalistas.”
La segunda consideración tiene que ver con Gramsci y con Thomas S. Kuhn, y es un paso de su prólogo “El undécimo cuaderno de Cárcel de Gramsci15 , texto sobre el que ya han llamado la atención Antoni Domènech y Francisco Fernández Buey. Aquí, Sacristán, después de recordar que no fue Gramsci el único ni el primer marxista que destacó la importancia de la evolución histórica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia, el denostado Bujarin visitó los mismos parajes, señalaba que la misma orientación histórica y sociológica de la mirada que a veces hacía caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permitía también formular criterios que luego han aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura capitalista, sobre todo a partir de La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn, y continuaba apuntando:
“ [Gramsci] lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con más planos de pensamiento que el internalista “kuhnismo vulgar” gracias a la práctica “dialéctica” de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolución de las ideologías sociales:
“La forma racional, lógicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo que tenga algún peso, posee su importancia, pero está muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuestión se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todavía no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y científicos”
Kuhn -comenta Sacristán- no dijo mucho más (filosóficamente) en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un poco más penetrantes”.
Es inmediato ver en este comentario algunas de los componentes a los que se ha hecho referencia: buen conocimiento de la epistemología académica, mirada atenta en asuntos próximos de sociología de la ciencia y afilada crítica normativa. Tres en uno, y sin mezcla apresurada.
Tercera consideración. En el coloquio de una conferencia de 1981 sobre “La función social de la ciencia en la sociedad contemporánea”16 se le preguntó a Sacristán por la posibilidad de que la filosofía o la ciencia “salieran más a la calle”, de que se situaran al alcance del ciudadano medio, generando una situación que favoreciese la difusión de una mayor y más completa racionalidad entre la población. En su opinión, no había atisbo posible de duda: “a eso no se le puede contestar más que afirmativamente, sin ocultarse los grandes problemas que tiene”. Dar a conocer la filosofía, hacer público los supuestos saberes filosóficos, era relativamente fácil, pero difundir una información de calidad acerca de la física nuclear o de la ingeniería genética resultaba bastante más complicado, dado que incluso “las personas con estudios, pero con otro tipo de estudios, no tenemos muchas veces buena información acerca de esas cosas; es decir, sobre un reactor nuclear, los que no somos físicos, toda la información que tenemos proviene de los físicos (...) No hay ninguna duda de que eso les da un poder muy especial a determinados científicos...”. Empero, la realista consideración anterior no restaba un átomo de verdad a la sugerencia: en estos asuntos había “un problema muy importante de información, que no lo resolvería todo porque hay además un problema de moral, de valores y social, pero que sólo así se permitiría plantear el problema de valores ”.
En su propuesta de racionalidad pública completa, Sacristán incluía como eje central el control democrático, social, sobre el desarrollo la ciencia. Si se construyera una fracción razón que arrojara la tasa de dominio de la ciudadanía sobre la ciencia en nuestras sociedades, su valor sería irrisoria y trágicamente mínimo. No siempre había sido así. En otras culturas, en la antigua civilización china por ejemplo, se habría obtenido seguramente un buen resultado, entre otras cosas, justo era reconocerlo, porque el denominador, la potencia científica de esa cultura, era bajo y el poder social sobre la ciencia era intenso. En la actualidad incrementar esa razón ya no iba a ser posible reduciendo el denominador, disminuyendo la fuerza de los saberes tecno-científicos. La única solución razonable pasa por aumentar el numerador, la fuerza de la ciudadanía, el poder social. De ahí, la importancia de la función educativa y del primado de la asignación de recursos a este ámbito en la propuesta programática defendida por Sacristán, sin negar que esa tarea no era un camino fácil dada la creciente complejidad y especialización de los saberes científicos contemporáneos, y admitiendo que no hay ningún tipo de control externo que pueda suplir el autocontrol de los científicos y tecnólogos conscientes de su responsabilidad moral y social.
Empero, la dificultad admitida no implica que la finalidad propuesta fuera una simple ensoñación de Sacristán. En una destacable reflexión sobre “Ciencia y anticiencia”17 , Gerald Holton exponía un ejemplo revelador de la decisiva importancia de la participación ciudadana en asuntos de política de la ciencia. En un experimento piloto iniciado en 1980 por la Public Agenda Foundation de EE.UU., fueron convocados seis grupos, de entre 9 y 14 personas, representativos del conjunto de la ciudadanía norteamericana, con la finalidad de que mediante documentados y adecuados debates tomaran decisiones fundamentadas sobre problemas normativos ético-políticos cuya evaluación parecía en principio requerir sofisticados conocimientos científico-técnicos tan sólo accesibles a una reducidísima minoría de miembros prominentes de determinadas comunidades académicas. Los dos ejemplos citados por Holton eran la pertinencia o no de fomentar la producción de isótopos de material fisionable y, en un orden muy distinto, la de primar o no la investigación agresiva del proceso de envejecimiento.
Al inicio de cada sesión, cada uno de los grupos participantes, sin preparación ni discusión previa, ofrecía una respuesta bastante previsible y que reflejaba el grado habitual de desconocimiento o de imprecisión en asuntos tecno-científicos que suele en general traslucirse en gran parte de las encuestas o estudios realizados. Empero, al final de cada jornada de trabajo, después de que se hubiera indicado al grupo de debate la necesidad de informarse, de estudiar y discutir acerca de los aspectos científicos y técnicos del tema en cuestión con la ayuda de materiales explicativos y asequibles puestos a su disposición y, tras haber dialogado unos con otros sin urgencias ni precipitaciones, se volvían a pronunciar sobre el mismo asunto. Pudo entonces observarse que el resultado de esta segunda votación, la realizada después de sus prolongadas y nada fáciles discusiones, era muy diferente del primero y que se aproximaba en gran medida al obtenido independientemente por destacados grupos de científicos profesionales que habían abordado las mismas cuestiones.
Cabía entonces concluir, apunta Holton, que con los recursos necesarios y con condiciones sociales y culturales que posibiliten la intervención informada de las poblaciones determinadas cuestiones científicas o tecnológicas, con netas y decisivas aplicaciones económicas y políticas, podrían ser dilucidadas con racionalidad y mesura, incluso en plazos relativamente breves, con la activa participación de personas no necesariamente expertas en las materias objeto de discusión.
Finalmente, la última consideración, tiene que ver con la misma noción de ciencia. Sacristán señaló reiteradamente18 que incluso sin salirnos de la tradición cultural de la ciencia greco-europea, la palabra “ciencia” -o las palabras que se suelen traducir por ciencia en otras lenguas- había significado cosas muy distintas a lo largo de sus 2.500 de desarrollo. Acaso era necesario alumbrar una nueva noción a la altura de los desarrollos actuales. Sus últimas posiciones sobre este punto pueden verse en un texto de 1973, inédito hasta la fecha, que puede consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, y que lleva por título “Nota de conjunto para A.R.H”19 . Sus nueve consideraciones de epistemología y sociología de la ciencia son las siguientes:
“1ª. La ciencia en concreto -el fenómeno global de una determinada práctica, que es lo que realmente existe- es parcialmente básica (es una fuerza productiva) y parcialmente sobreestructural (es un campo en el que “se dirimen las luchas de clase”).
2ª. En ambos campos la ciencia está determinada por la base de la formación en su conjunto. Entiendo por determinación, fundamentación real. O sea, posibilitación: una base hace posible, no inevitable, la actuación de una fuerza productiva o el desarrollo de un contenido sobreestructural (político o ideológico). Lo activo no son las estructuras, sino los individuos (hoy divididos-agrupados en clases).
3ª. Por tanto, la génesis de la ciencia como realidad concreta es histórica. En este sentido es correcto usar las expresiones usadas incorrectamente por el stalinismo-zdanovismo: ”ciencia esclavista”, “ciencia feudal", “ciencia capitalista”, etc. Es preferible usar el adjetivo que indica el sistema social que el adjetivo que indica la clase dominante (mejor “ciencia capitalista” que “ciencia burguesa”, p.e.). Porque, en mi opinión, así se alude mejor a la base posibilitadora de una determinada ciencia.
4ª. La experiencia histórica muestra que hay que distinguir de la cuestión de la génesis la cuestión de la validez: porque productos o elementos de la ciencia esclavista, por ejemplo, siguen valiendo hoy.
5ª. Pero la distinción génesis / validez o vigencia no afecta a la globalidad concreta del fenómeno ciencia, sino sólo a partes o elementos suyos.
6ª. Eso determina la génesis de la idea de ciencia pura, extrapolación, con tendencia formalista, de la experiencia de los contenidos válidos más allá de la formación social en que tuvieron su génesis, o sea, extrapolación, en suma, de la idea de validez. Se puede decir que esta idea de validez, y la de ciencia pura, tienen su origen en la clase dominante-helénica de los siglos VI-IV, que construyó la noción de demostración en sentido estricto, de prueba universalmente válida.
7ª. Es de suponer una componente ideológica en la ciencia concreta -en el fenómeno global de cada momento histórico-, sin perjuicio de la posible validez de algunos de sus componentes para momentos y hasta formaciones e incluso sistemas sociales ulteriores o, en general, diferentes.
8ª. Numerosos elementos válidos son incorporables a ideologías contemporáneas diferentes, o incluso antagónicas (ejemplo de cajón: la evolución biológica). Esos elementos, pues, realizan implícitamente el ideal de 'verdad objetiva" (que es históricamente relativo), pero precisamente a través de ideologías, no al margen de ellas, como creen los formalistas. El concepto de verdad objetiva es históricamente relativo.
9ª. La afirmación de que la objetividad o validez universal o neutralidad de elementos científicos -y más de la ciencia- es un dato, y no una simple idea reguladora, es ideológica y apologética. Hay una posibilidad de que no sea directamente apologética: que se afirme sólo formalmente, de la Ciencia no concretamente, tal como existe, sino como construcción en sí, sin valor real, como juego (ajedrez). Pero entonces será ideológico y secundariamente apologético la afirmación de que la ciencia "es" o "no es más que” esa formalidad cerrada de la naturaleza de los juegos”.
Por debajo, un programa, una concepción equilibrada sobre la racionalidad científica y sobre el papel social y político de la tecnociencia contemporánea que cabe formular con sus propias palabras: “La intención es buena y fundada: es la tendencia a restaurar la contemplación y preservar el ser, la naturaleza. Pero hay que saber que no puede uno ponerse a contemplar por debajo de la fuerza de sus ojos, y que el arte de acariciar no puede basarse sino en la misma técnica que posibilita la tiranía de violar y destruir”.
Bibliografía
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Holton, Gerald, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traducción de Juan Luis Chulilla y José Manuel Lozano-Gotor.
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-,1979b, “Comunicación a las jornadas de ecología y política”, Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987.
-,1981a, “Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de discusión”, Papeles de filosofía. Panfletos y Materiales II, Barcelona, Icaria, pp. 453-467.
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-, 1987, Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria.
-, 2004, Escritos sobre El Capital (y textos afines), Barcelona, El Viejo Topo (ed. Salvador López Arnal; prólogo Alfons Barceló; epílogo Óscar Carpintero).
-, 2005, Seis conferencias, El Viejo Topo Barcelona (ed. Salvador López Arnal; prólogo Francisco Fernández Buey; epílogo Manuel Monereo).
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Sokal, A. y Bricmont, Jean, Imposturas intelectuales, Paidós, Barcelona, 1999.
Suzuki, David y Knudtson, Peter, GenÉtica.Conflictos entre la ingeniería genética y los valores humanos, Tecnos, Madrid, 1991
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1 Notas y reflexiones de lectura sobre ensayos de estos autores pueden verse en numerosos cuadernos de trabajo de Sacristán hoy depositados en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Manuel Sacristán Luzón (RUB-FMSL).
2 El trabajo fue reeditado en 1972 por el comité ejecutivo del PSUC. Permanece inédito.
3 Manuel Sacristán, “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987 (edición de Juan-Ramón Capella), pp. 184-206.
4 Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Panfletos y materiales II, Barcelona, Icaria, 1984, pp. 453-467
5 Manuel Sacristán, “Sociedad, naturaleza y ciencias sociales”, Dialéctica, año VII, nº 1 12, septiembre 1982, pp. 49-62.
6 Manuel Sacristán, Las ideas gnoseológicas de Heidegger, Crítica, Barcelona, 1996 (edición de Francisco Fernández Buey), pp. 228-231.
7 Ibídem, p. 229.
8 M. Sacristán “Metodología de las ciencias sociales. Curso 1981-1982” (transcripción). RUB-FMSL.
9 Un desarrollo detallado en la transcripción de la conferencia de Sacristán sobre política socialista de la ciencia que se incluye en este volumen.
10 “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia” . El 3 de noviembre de 1976 Sacristán impartió una conferencia con este título en la Facultad de Ingenieros Superiores de la Universidad de Barcelona, dentro de un ciclo en el que también participaron Jesús Mosterín y Javier Muguerza. Una segunda versión de esta conferencia fue dictada, con pequeñas variaciones, el 14 de diciembre de 1977 en la Universidad de Salamanca, esta vez con el título. “Filosofía de la ciencia y política de la ciencia hoy”. Se conserva una grabación de su intervención en ETSIB que puede consultarse en RUB-FMSL.
11 Entrevista a Emilio Lledó por Xavier Juncosa para sus documentales sobre la vida y obra de “Manuel Sacristán”
12 Pueden verse algunas de sus aproximaciones en AA. VV., Donde no habita el olvido, Montesinos, Barcelona, 2005
13 La conferencia está recogida en Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983, pp. 317-367, y el interesante coloquio que siguió a su intervención central en M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 307-326.
14 Puede consultarse en una carpeta de correspondencia depositada en RUB-FMSL.
15 M. Sacristán, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 205-206.
16 Puede consultarse en RUB-FMSL. Está anunciada su publicación en El Viejo Topo en un volumen titulado Escritos de filosofía y política de la ciencia, presentado por Guillermo Lusa y con epílogo de Joan Benach y Carles Muntaner.
17 Holton, Gerald, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traducción de Juan Luis Chulilla y José Manuel Lozano-Gotor.
18 Por ejemplo, en sus clases de metodología de las ciencias sociales de 1983-1984 (RUB-FMSL). Transcripción de Joan Benach
19 Puede consultarse en RUB-FMSL.

CONTENIDO
* Murales en Los Ángeles
* Poesía de Rafael Alberti
* Manuel Sacristán como filósofo (y político) de la ciencia
******************
Murales en Los Ángeles
Estas fotografías de la Cd. de Los Ángeles Ca. muestran cultura muy arraigada en la Unión Americana: Los murales; Son recreadas con mayor frecuencia por las minorías Latinas y Afro americana
Fotos y pies de foto: CIRO CÉSAR La Opinión
Calendario.
Los murales están en diferentes barrios de la ciudad de Los Ángeles.
dan una pincelada de colores alegres.
Recrean imagenes del cine, del folklore y de la poética del artista.
Los murales de Los Ángeles caracterizan una calle.
y también decoran los muros de las vías más transitadas.
También recuerdan obras de arte famosas, como esta imagen de un Van Gogh.
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POESÍA DE RAFAEL ALBERTI

Alberti: Obra de Abbé Nozal perteneciente a la serie rostros
A PABLO NERUDA,
CON CHILE EN EL CORAZÓN
No dormiréis, malditos de la espada,
cuervos nocturnos de sangrientas uñas,
tristes cobardes de las sombras tristes,
violadores de muertos.
No dormiréis.
Su noble canto, su pasión abierta,
su estatura más alta que las cumbres,
con el cántico libre de su pueblo
os ahogarán un día.
No dormiréis.
Venid a ver su casa asesinada,
la miseria fecal de vuestro odio,
su inmenso corazón pisoteado,
su pura mano herida.
No dormiréis.
No dormiréis porque ninguno duerme.
No dormiréis porque su luz os ciega.
No dormiréis porque la muerte es sólo
vuestra victoria.
No dormiréis jamás porque estáis muertos.
(Fustigada Luz, 1978)
*****

ESE GENERAL
-Aquí está el general.
¿Qué quiere el general?
-Una espada desea el general.
-Ya no existen espadas, general.
¿Qué quiere el general?
-Un caballo desea el general.
-Ya no existen caballos, general.
¿Qué quiere el general?
-Otra batalla quiere el general.
-Ya no existen batallas, general.
¿Qué quiere el general?
-Una amante desea el general.
-Ya no existen amantes, general.
¿Qué quiere el general?
-Un gran tonel de vino desea el general.
-Ya no hay tonel ni vino, general.
¿Qué quiere el general?
-Un buen trozo de carne desea el general.
-Ya no existen ganados, general.
¿Qué quiere el general?
-Comer yerbas desea el general.
-Ya no existen los pastos, general.
¿Qué quiere el general?
-Beber agua desea el general.
-Ya no existe más agua, general.
¿Qué quiere el general?
-Dormir en una cama desea el general.
-Ya no hay cama ni sueño, general.
¿Qué quiere el general?
-Perderse por la tierra, desea el general.
-Ya no existe la tierra, general.
¿Qué quiere el general?
-Morirse como un perro desea el general.
-Ya no existen los perros, general.
¿Qué quiere el general?
¿Qué quiere el general?
Parece que está mudo el general.
Parece que no existe el general.
Parece que se ha muerto el general,
que ya, ni como un perro, se ha muerto el general,
que el mundo destruido, ya sin el general,
va a empezar nuevamente, sin ese general.
(El matador, (Poemas escénicos), 1965)
******

SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA
Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento la vela!
(Marinero en tierra, 1924)
*****
DEL PUÑO Y LETRA DE ALBERTI


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Manuel Sacristán como filósofo (y político) de la ciencia
Rebelión
Salvador López Arnal
Gaceta sindical
No hay antagonismo entre tecnología (en el sentido de técnicas de base científico-teórica) y ecologismo, sino entre tecnologías destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologías favorables a largo plazo a ésta. Creo que así hay que plantear las cosas, no con una mala mística de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quizá gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmósfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxígeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en sí, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como está es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnología es un cambio de modo de producción y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolución; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnológico revolucionario consciente e intencionadamente.
Manuel Sacristán (1983), “Entrevista con Naturaleza”
En la poblada mochila vital e intelectual de Manuel Sacristán (1925-1985), pueden hallarse multitud de haceres y de haberes intelectuales y, desde luego, no todos ostentan atributos metacientíficos. Sin duda. Pero el autor de “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, además de ser un recordado profesor de metodología de las ciencias y autor de un libro tan decisivo como Introducción a la lógica y al análisis formal, fue también un informado, singular y agudo filósofo de la ciencia con intereses centrales en los ámbitos anexos de la sociología y de la política de la ciencia. Pretendo justificar estas afirmaciones, recordando que la simple revisión de Introducción a la lógica permite encontrar magníficos ejercicios de reflexión epistemológica y no sólo en los cuatro primeros capítulos o en los apartados finales del volumen. Las páginas que Sacristán dedicó a la significación del teorema de incompletud de Gödel para la teoría de la ciencia y a su consistencia con el programa metamatemático de Hilbert siguen siendo modélicas.
Lo primero que puede afirmarse, sin riesgo de error, es que Sacristán fue un epistemólogo libre, muy libre, que leyó de una forma nada usual a los clásicos de la gran filosofía de la ciencia del siglo XX: a Russell, a Wittgenstein, a Carnap, al gran Otto Neurath, a Kuhn, a Popper, a Quine, a Feyerabend, a Suppe, a Bunge, a los estructuralistas, a Lévi-Strauss, a Scholz, a Holton, a Georgescu Roegen, etcétera no vacío1 . No es de extrañar: este estilo intelectual, esta ausencia de papanatismo, es netamente consistente con la forma no cegada ni repetitiva con la que siempre cultivó su propia tradición político-filosófica. Basta trazar un arco, un amplio arco, entre uno de sus primeros escritos marxistas, de 1956 -”Para leer el Manifiesto del Partido Comunista”2 , papel que circuló básicamente entre los heroicos militantes del PSUC-PCE de aquellos difíciles años-, y el que fuera su último artículo publicado en vida, en mayo de 1985, su sentida presentación a la traducción del undécimo Cuaderno de la Cárcel de Gramsci3 , para admitir sin reservas que los numerosos y muy variados puntos del dibujo trazado corroboran sin dudas razonables la anterior afirmación.
Esta libertad de pensamiento, de interpretación, puede también observarse en otra cuestión que preocupó centralmente a Sacristán en los años setenta y ochenta, y que enlaza con sus anteriores inquietudes sobre el irracionalismo anti-científico contemporáneo. Fue en la segunda semana de enero de 1982 cuando Sacristán se reincorporó al curso de metodología de las ciencias sociales que entonces impartía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Antes, hacia mediados de noviembre de 1981, Sacristán había viajado a México para impartir un seminario en un curso de estudios básicos de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM e intervenir en Guanajuato, en un Congreso Iberoamericano de Filosofía, con una comunicación, posteriormente publicada en mientras tanto y recogida como magnífico broche final en Papeles de Filosofía4, que llevaba por título “Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de discusión”. Dialéctica, una revista mexicana dirigida por Gabriel Vargas y Juan Mora Rubio, publicó en 1982 este mismo texto con un título más compendioso: “Sociedad, naturaleza y ciencias sociales. Un esquema de discusión”5 .
En los compases iniciales de esta comunicación, Sacristán formuló un argumento, básico en sus últimas reflexiones, contra las epistemologías emparentadas con el segundo Heidegger o con las tesis -de menor exquisitez académica pero acaso con mayor realidad social- de la filosofía contracultural que en aquel entonces tenía en los ensayos y artículos de Theodor Roszak un socorrido punto de engarce, corrientes ambas que Sacristán designaba con la denominación de “filosofías de la ciencia de inspiración romántica”.
Su punto de vista crítico podría formularse en los siguientes términos: los peligros de la relativamente creciente y grave desorganización de la relación entre la especie humana y la naturaleza -y esto, antes, mucho antes, del Katrina y del Rita, y de las certeras previsiones de Mark Fischetti, publicadas en Scientific American ya en 2001-, relación fuertemente mediada por saberes y haceres científico-tecnológicos, habían facilitado un renacimiento de esas concepciones que, como señalaba, él agrupaba bajo el rótulo de “filosofías románticas de la ciencia”. Apreciando algunas emociones que subyacían en su crítica, y aun reconociendo el valor teórico-político de algunos de sus análisis y descripciones, Sacristán rechazaba, por una parte, su negativa valoración e incluso menosprecio del mero conocimiento operativo e instrumental, y sostenía, por otra parte, que no representaban ni podían representar un transitable sendero que permitiera salir del espeso bosque contaminado en el que nos encontrábamos inmersos, entre otras razones por el peligro de “impostura intelectual” que en ocasiones les afectaba: disertaban y sentenciaban, sobre todo sentenciaban, sobre el conocimiento positivo hablando de asuntos y desde perspectivas que apenas recogían la práctica científica realmente existente en cualquiera de sus variantes, ni manejaban información mínimamente veraz sobre los resultados conseguidos por las diversas disciplinas científicas.
En términos parecidos se había manifestado Sacristán en las páginas que dedicó en Las ideas gnoseológicas de Heidegger a Hebel der Hausfreund6 . El ex-rector de Friburgo sostenía en este ensayo de 1957 que la humanidad sigue errando por una casa del mundo a la que falta el Amigo del Hogar, un personaje a caballo de los méritos racionales y de la poesía esencial suprarracional, un individuo que se inclina de igual modo y con igual fuerza ante el edificio del mundo construido por la técnica y ante el mundo como casa de un habitar más esencial, aquel Ser -sin duda con mayúsculas- que, en definitiva, conseguirá -Sacristán cita ahora a Heidegger- “volver a cobijar la calculabilidad y la técnica de la naturaleza en el abierto misterio de una naturalidad nuevamente vivida de la naturaleza”7 .
Ante este punto de vista, el pensador racional que fue Sacristán señalaba, en primer lugar, que la armoniosa proclama de Heidegger era sumamente demagógica ya que pasaba por alto inevitables consecuencias del pensamiento esencial que, con toda probabilidad, determinarían una política cultural mucho menos equilibrada que la armonía proclamada, y, en segundo lugar, que el pensamiento racional debería responder a Heidegger, y a sus afines, que de hecho todo intento que, como ocurre en su caso, reduzca la razón a un muñón empobrecido al que se contrapone, como figura opuesta, la “naturaleza”, la realidad, la vida, la poesía, la esencia, ha hecho ya imposible incluso una aproximación correcta al problema, porque -como apunta Sacristán- “operará sobre una “razón” en la que el pensamiento racional no se verá representando”.
Más aún, estas posiciones metacientíficas neorrománticas estaban de hecho afectadas por un notable paralogismo que dañaba su comprensión de la situación al confundir el plano de la bondad o maldad política, moral, social, con el de la corrección o incorrección epistémica. No era un error trivial. Era precisamente la potencial peligrosidad práctica de la tecnociencia contemporánea la que estaba directamente relacionada con su bondad cognoscitiva. La trágica maldad política de la bomba atómica había sido netamente dependiente de la calidad gnoseológica de los saberes físicos que le subyacían: si los físicos del proyecto Manhattan, si el gran Oppenheimer hubiera dirigido a un conjunto de simples ideólogos obnubilados, incapaces de pensar correctamente, no estaríamos hoy justificadamente preocupados por los peligros de la energía atómica ni por las terroríficas (y conocidas) consecuencias de las armas nucleares.
Finalmente, nuevo plano de crítica de Sacristán, en el supuesto no admitido de que existiera, tal como estas corrientes filosóficas parecían defender, un saber gnoseológicamente superior y alternativo al inesencial y cosificador conocimiento positivo, los peligros señalados no sólo no se disolverían sino que se incrementarían exponencialmente por la mayor exquisitez epistémica de ese supuesto saber emergente. Recordando la versión kantiana del mito del Génesis sobre el árbol de la ciencia, insistía Sacristán en que era precisamente el buen conocimiento el que era peligroso moral, prácticamente, y, con toda probabilidad, tanto más amenazador cuanto mejor fuera epistémicamente. Las concepciones criticadas caían, interseccionaban o se aproximaban a las peligrosas aguas de la falacia naturalista: si la bondad teórica no llevaba forzosamente implícita ninguna bondad práctica, la maldad moral no llevaba inexorablemente adherida la etiqueta de la invalidez teórica. No era, pues, inmediato aceptar la sentencia bíblica sobre verdad y libertad, no era una simple tautología que la verdad nos haga inexorablemente libres, no es ningún postulado more geometrico que del acierto teórico emanen con fuerza deductiva, sin más mediaciones, la libertad humana y la adecuación en nuestro hacer.
Así, pues, esta consideración crítica de las filosofías románticas de la ciencia, sin discontinuidad perceptible con posiciones anteriores, fue uno de los ejes básicos de los escritos y conferencias de Sacristán en sus últimos años. La presencia de corolarios políticos, de esta atmósfera moral-política anexa, lateral si se quiere pero no inesencial, no fue un caso extraordinario. Sacristán, en las clases de “Metodología de las ciencias sociales” de enero de 19828 , al describir las posiciones de rechazo global o de aceptación entusiasta de la ciencia sin sombra de duda, sin temblor alguno, y de advertir que casos puros de esta naturaleza eran muy infrecuentes, apuntó dos ejemplos notables. En el ejemplo de entusiasmo puro situó a Condorcet; el segundo ejemplo, en este caso de anticientificismo, de regresismo en materia científica, fue el Frankenstein de Mary Shelley, de 1818, que representaba una de las primeras manifestaciones del sentimiento de rechazo vital de la ciencia en función de sus temidas consecuencias prácticas.
La complejidad del cuadro cultural, intelectual, filosófico, en que se enmarcaba esta reacción, estaba perfectamente ilustrado por la personalidad de Mary Shelley y por su libro. Shelley, comentaba Sacristán, era la esposa de Shelley, el poeta, y se podía estar casi seguro de que también él coincidía con las reflexiones de la novela. Entre otras cosas, señaló, porque Mary Shelley la había escrito en Roma, en uno de esos encuentros en los que estaban los Shelley, los Keats, esa primera división -la expresión es del propio Sacristán- de la poesía inglesa de la época. Era inverosímil, proseguía, que no estuvieran todos ellos de acuerdo con lo que allí estaba escribiendo Mary Shelley. Pues bien, este libro, que leído por una persona ingenua, por un progresista sin matices de la segunda mitad del XX, parecería fruto de una mentalidad tradicionalista o reaccionaria, provenía de un ambiente que era, prácticamente, el de “la extrema izquierda intelectual” de la época. Shelley era seguramente el poeta más de izquierda de la tradición romántica inglesa, hasta extremos conmovedores, añadió Sacristán: una vez al bajar a unos calabozos de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, al cabo de un rato de estar allí, comentó Sacristán, “me di cuenta que en una de las paredes algún preso había arañado, con las uñas, un verso de Shelley, precisamente, y en inglés. No sé qué raro preso sería éste pero el hecho es que allí estaba. No sé si con la democracia lo habrán quitado cuando habría habido que ponerle un marco”.
Los versos arañados, en traducción del propio Sacristán, dicen así:
La luz del día,
después de un estallido,
penetrará
al fin
en esta oscuridad
No estoy seguro que el poema sea realmente de Shelley (el mismo Sacristán tuvo dudas finalmente sobre la autoría), pero, en todo caso, como es fácil suponer, no ha habido marco ni poema ni reconocimiento alguno.
Por lo demás, el giro temático de la exposición de Sacristán fue netamente inesperado. No era previsible que una de las primeras derivadas de un comentario sobre Frankenstein nos llevara a calabozos de presos políticos y a la poesía de Shelley. Algunos nos movíamos en aquel entonces en una atmósfera densa, estricta y casi puramente analítico-metacientífica, y es razonable afirmar que las preocupaciones sustantivas de orden político-moral no eran alimento asiduo de la mayoría de los componentes de aquel poblado y agradable conjunto. Era infrecuente que un epistemólogo hiciera calas de este orden, o tuviera su mirada atenta a consecuencias de orden normativo o de crítica política como en el caso de su comunicación al congreso de Guanajuato de finales de 1981.
La prioridad del enfoque ontológico, y su corolario político, en asuntos de filosofía de la ciencia era argumentada por Sacristán en los siguientes términos: el filosofar metacientífico había discurrido básicamente por dos vías diferenciadas si bien no siempre excluyentes: la primera perspectiva se había centrado en las relaciones entre ciencia y cultura, entre el conocer científico y la comprensión global del mundo y de la vida. A este tipo de consideraciones, las enmarcaba con el rótulo de “planteamiento o problemática epistemológica”. Existía, sin embargo, otra línea de reflexión, cuyos antecedentes situaba Sacristán en el idealismo alemán o incluso en Leibniz, que proponía considerar la relación entre lo científico y lo metafísico en términos mucho más ontológicos9 . Heidegger era un representante destacado de esta segunda línea. Consideraba Sacristán que el primer planteamiento era una línea que filosóficamente siempre estaría viva por la propia definición y autoconciencia del pensar científico, que se sabe, o debería saberse, inseguro, revisable y limitado, sin embargo, aun admitiendo que estas cuestiones fueran inextinguibles, él pensaba que tenían una importancia secundaria, y que debían perder peso ya entonces, en los años ochenta del siglo XX, respecto a los temas enmarcables en la metaciencia ontológica, fundamentalmente, y este es el punto central de su posición, por la potencial peligrosidad de muchas líneas de investigación de la tecnociencia actual.
Fue, precisamente, en una conferencia impartida en la escuela de Ingenieros de Barcelona 10 , donde Sacristán empezó a referirse a la crisis que, en su opinión, acechaba tanto a la filosofía clásica de la ciencia como a las políticas científicas de carácter meramente progresista o desarrollista, defendidas por entonces con aquiescencia casi unánime. Esta situación de perplejidad creciente afectaba directamente al corazón del progresismo clásico, a la creencia de que toda acumulación científica y todo avance tecnológico eran buenos en sí mismos. No había duda de que la situación era netamente dependiente del carácter operacionalista de la ciencia moderna, del estrecho hermanamiento, cuando no identificación, entre la aventura de la ciencia y la empresa de la técnica, empero Sacristán nunca sostuvo que fuera razonable una solución que defendiera, sin más matices, una desvinculación de ambas y una consideración del ideal científico con helénica mirada contemplativa y separado drásticamente del ámbito tecnológico, y no sólo, aunque también, por lo que esta renuncia pudiera tener de irreal, sino porque, en su concepción gnoseológica, la práctica tecnológica era una parte imprescindible del avance científico ya que esa práctica era la que daba, en última instancia, intimidad al conocer.
No puede sorprender por ello que, aun admitida esta peculiaridad, esta mirada informada y atenta a la filosofía académica de la ciencia pero también, y a un tiempo, a las derivadas políticas y sociales anexas, pueda situarse destacadamente a Sacristán en el ámbito hispánico de la filosofía de la ciencia, aunque fuera también muchas otras cosas: el autor de una tesis doctoral sobre, recuerden, la gnoseología de Heidegger, ensayo que Lledó ha considerado el mejor trabajo de Sacristán y uno de los mejores escritos hispánicos sobre el ex-rector de Friburgo11 ; el laborioso y obligado traductor de clásicos de la filosofía analítica (Quine es el ejemplo más sobresaliente, pero también Hasenjäger, Hull o Schumpeter) o de la historia de la ciencia (recuérdese su traducción de los tres primeros volúmenes de la Historia general de las ciencias de René Taton); un decisivo colaborador editorial en la Barcelona de los años sesenta y setenta (pensemos, por ejemplo, en SIGMA, en el proyecto de obras completas de G. Lukács o en el proyecto OME para Crítica); el director o colaborador de varias revistas de calado en la cultura barcelonesa y española (Qvadrante, Laye, Nous Horitzons, Materiales, mientras tanto) y de varias colecciones inolvidables (Hipótesis, por ejemplo); un lógico y metalógico de importancia central en la reintroducción de la disciplina en nuestro país, como Luis Vega Reñón, Paula Olmos o Christian Martín12 han probado y demostrado; un crítico literario y teatral que habló en el erial cultural de los años cuarenta y cincuenta, y en años posteriores, de Wilder, de O´Neill, pero también de Moravia, de Menotti, de Sánchez Ferlosio, de Vitoria, de Mozart, de Heine, Goethe o Brossa; un joven letraherido que, junto a Gabriel Ferrater, escribía espléndidas reseñas de obras de Simone Weil para Laye; un metafilósofo realista y con programa institucional anexo; un marxista sin parangón; un dirigente político no sólo de gran altura práctica sino de elaboración teórica destacadísima y, me atrevo a decir, única, etcétera. Si Putnam señaló las mil caras del realismo, no muchos menos rostros tuvo el materialista y realista Sacristán.
No hay aquí inconsistencia observable. No era, no es contradictorio que un marxista, que amaba a Goethe, a Heine o a Brecht, fuera también un exquisito epistemólogo y un lógico destacado. Pero, por si fuera necesaria alguna confirmación biográfica sobre este punto, cabe recordar la carta que Sacristán dirigió a Félix Novales, entonces preso político en la cárcel de Soria, el 24 de agosto de 1985, pocos días antes de su fallecimiento.
En ella, después de aceptar críticamente el irrealismo y sectarismo de las izquierdas españolas, argumentando eso sí que entre el irrealismo y el enlodado el segundo era de más difícil superación (como los tiempos posteriores confirmaron de forma probatoria), Sacristán acababa señalando:
“Tu mención del problema bibliográfico en la cárcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fácil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algún número de la revista que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen más: dilo. Por último, si pasas a trabajar en filosofía, ahí te puedo ser útil, porque es mi campo (propiamente, filosofía de la ciencia, y lógica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).”
Hay que recordar además que el interés de Sacristán por temas de filosofía o de sociología y política de la ciencia no fue tardío. Y no sólo porque él ya había sido, antes de su expulsión de la Universidad de Barcelona en 1965, un profesor de Fundamentos de Filosofía, con neta y destacada preocupación epistemológica, o de metodología de las ciencias sociales en la Facultad de Económicas sino porque si recordamos rápidamente algunas de sus conferencias, traducciones o presentaciones es inmediato deducir el interés de Sacristán por estos temas desde su estancia en la Universidad de Münster, o incluso antes. Daré aquí algunos ejemplos: si se relee el apartado final de su tesis doctoral sobre la gnoseología de Heidegger puede verse en la práctica a un epistemólogo que, con la mirada puesta en la defensa documentada de la racionalidad científica, se enfrenta al pensamiento irracionalista más importante del momento; si se repasa el comentario que Sacristán hizo en 1967 de El asalto a la razón de Lukács, se verá en acción no sólo a un marxista que se enfrenta abiertamente a la propia tradición sino a un cuidadoso epistemólogo que no deja pasar ni una a su admirado autor de Historia y consciencia de clase, sobre todo cuando éste habla desde abismos insondables de desconocimiento sobre logicidad o lógica formal; incluso también en un escrito de filosofía más clásica o tradicional, como fue aquel artículo suyo de 1953 sobre “Verdad: desvelación y ley”, puede verse con agrado y sorpresa el atrevimiento de sus comparaciones finales de aspectos de la semántica heideggeriana con tesis gnoseológicas de Russell o de Reichenbach, o con el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica. A ello podían sumarse algunas de sus recordadas conferencias como “El hombre y la ciudad (una consideración del humanismo, para uso de urbanistas)”, de 1959; una intervención ante la Asociación Humanidades Médicas, en 1966; la lección que impartió en una semana de Renovación científica organizada por el Sindicato Democrático de la Universidad valenciana, en 1968, y que ha recordado Castilla del Pino en el segundo tomo de sus memorias, sobre “Algunas actitudes ideológicas contemporáneas ante la ciencia”, o sus varias intervenciones de los años sesenta sobre Bruno y Galileo, sobre el saber y el creer.
A todo ello, y aparte de una recordada conferencia de mediados de los sesenta -de la que no poseemos ninguna grabación ni transcripción pero sí un detallado esquema con fichas anotadas- que lleva por título “En torno a una medición de Galileo”, hay que sumar numerosos cursos y escritos de sus últimos años, especialmente dos textos que en mi opinión no sólo están entre los mejores trabajos de marxología publicados en tierras hispánicas sino que son además, y sin inconsistencia alguna, dos magníficos escritos de filosofía y sociología de la ciencia. Me refiero a “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, coloquio incluido13 , y el que fue inicialmente un curso de doctorado en Económicas, más tarde un curso de posgrado en la UNAM y, finalmente, un largo artículo publicado en México como opúsculo con el título “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, sin olvidar, como decía, sus cursos de metodología de la ciencia, o sus seminarios de doctorado sobre Popper, Kuhn, Lakatos, sobre el estructuralismo científico, sobre Mill y la inducción, sobre Bunge, de quien tradujo como es sabido La investigación científica, o sus conferencias, algo más técnicas, sobre lógicas dialécticas o paraconsistentes de finales de los setenta, que prueban que su información sobre estas investigaciones lógicas no estaba tan desfasada como a veces se ha indicado, o como a veces, acaso por modestia, él mismo señaló.
Cuatro consideraciones finales pueden justificar algo más lo anteriormente apuntado. La primera de ellas: la sensatez e información con la que Sacristán se aproximó al tema de la dialéctica evitó que muchos marxistas hispánicos se extraviaran por senderos que, en cambio, fueron recorridos por marxistas europeos, muy celebrados en aquellos años, con resultados desérticos o, aún peor, con neto y confundido extravío lógico. Cualquier historia, breve o no, del marxismo español debería situar destacadamente esta contribución en el haber de Sacristán.
Un ejemplo. En 1968, un colectivo de científicos sociales invitó a Sacristán a sumarse a un proyecto cuya finalidad era la constitución de una Escuela (dialéctica) de Sociología en Barcelona. En una carta a él dirigida (Manresa, 2 de agosto de 1968), por Luis Maruny apuntaba que había dos tipos de sociología, una, la tradicional, tenía su marco adecuado en la Universidad; la otra, una sociología “dialéctica”, por el contrario, no. Para conseguir sociólogos del segundo tipo cabían dos posibilidades: o esperar que salgan del marco de un centro universitario, supuesto prácticamente imposible, o crear un marco genuino en el que pudieran prepararse sin tener que pasar por la formación clásica en sociología de la Universidad, ahorrando con ello esfuerzos y obstáculos.
En su larga respuesta, fechada los días 11 y 12 de agosto de 196814 , Sacristán señalaba cosas del siguiente tenor:
“(...) El giro ideológico al que me refiero (yo uso siempre “ideología” en el mal sentido en que la usaba Marx, como aproximado sinónimo de falsa consciencia) se apoya en una inferencia injustificada, muy propia de la moda neo-romántica que está, desgraciadamente, padeciendo el pensamiento revolucionario. La inferencia injustificada consiste en identificar esa “sociología que responde a las necesidades objetivas del capitalismo organizado” con la investigación del especialista en cuanto especialista y con la teoría micro-sociológica. Éste es el sentido de la afirmación de tu carta según la cual “esta sociología se aplica únicamente, en general, a núcleos reducidos entendidos como elementos aislados de un sistema en el cual se deben “integrar” y al cual, como máximo, deben “mejorar” ”. Debajo de esta actitud está la condena de toda investigación especializada y positiva -en otro lugar hablas explícita y condenatoriamente de microsociología- por el hecho de que toda investigación de ese tipo es sometida a los principios generales de funcionamiento del sistema. Lo cual es, por supuesto, verdad. Pero eso es igualmente verdad (en cada momento) del trabajo manual y de cualquier otra actividad que no sea el “acto” (hipotético y abstracto) destructivo del sistema. Y no por eso se puede negar que el trabajo manual en el capitalismo produce algo más que enajenación, a saber, riqueza. Análogamente, la investigación sectorial, la microsociología, la microeconomía, etc. por no hablar ya de las ciencias de la naturaleza, sólo son de verdad útiles como ciencias al sistema cuando producen verdad. Es la verdad misma la que es absorbible y aprovechable por el sistema. Mientras se ignore esto, uno seguirá siendo un ideólogo, una víctima de la falsa consciencia, por revolucionaria que sea su inspiración, y estará doctrinalmente muy por debajo de Engels, el cual hace ya cien años, sabía muy bien que la teoría científica auténtica está de la parte de la clase dominante, mientras ésta es capaz de dominar. Contraponer a la investigación microsociológica o microeconómica, etc., “otra” sociología o economía, etc., que, por el mismo hecho de la contraposición, queda puesta en el mismo plano (microplano, por así decirlo) de la primera, es ignorar que ésta sólo puede responder a “necesidades objetivas del capitalismo organizado”, a necesidades objetivas en la medida en que descubra y/o aplique verdad; por lo tanto, toda “otra” disciplina que se le contraponga dirá falsedades. Ejemplo: la biología “dialéctica” de los rusos en los años 30-40, o su economía en lo que se contraponía, negándola, a la microeconomía matemática entonces en desarrollo en los países capitalistas.”
La segunda consideración tiene que ver con Gramsci y con Thomas S. Kuhn, y es un paso de su prólogo “El undécimo cuaderno de Cárcel de Gramsci15 , texto sobre el que ya han llamado la atención Antoni Domènech y Francisco Fernández Buey. Aquí, Sacristán, después de recordar que no fue Gramsci el único ni el primer marxista que destacó la importancia de la evolución histórica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia, el denostado Bujarin visitó los mismos parajes, señalaba que la misma orientación histórica y sociológica de la mirada que a veces hacía caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permitía también formular criterios que luego han aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura capitalista, sobre todo a partir de La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn, y continuaba apuntando:
“ [Gramsci] lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con más planos de pensamiento que el internalista “kuhnismo vulgar” gracias a la práctica “dialéctica” de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolución de las ideologías sociales:
“La forma racional, lógicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo que tenga algún peso, posee su importancia, pero está muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuestión se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todavía no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y científicos”
Kuhn -comenta Sacristán- no dijo mucho más (filosóficamente) en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un poco más penetrantes”.
Es inmediato ver en este comentario algunas de los componentes a los que se ha hecho referencia: buen conocimiento de la epistemología académica, mirada atenta en asuntos próximos de sociología de la ciencia y afilada crítica normativa. Tres en uno, y sin mezcla apresurada.
Tercera consideración. En el coloquio de una conferencia de 1981 sobre “La función social de la ciencia en la sociedad contemporánea”16 se le preguntó a Sacristán por la posibilidad de que la filosofía o la ciencia “salieran más a la calle”, de que se situaran al alcance del ciudadano medio, generando una situación que favoreciese la difusión de una mayor y más completa racionalidad entre la población. En su opinión, no había atisbo posible de duda: “a eso no se le puede contestar más que afirmativamente, sin ocultarse los grandes problemas que tiene”. Dar a conocer la filosofía, hacer público los supuestos saberes filosóficos, era relativamente fácil, pero difundir una información de calidad acerca de la física nuclear o de la ingeniería genética resultaba bastante más complicado, dado que incluso “las personas con estudios, pero con otro tipo de estudios, no tenemos muchas veces buena información acerca de esas cosas; es decir, sobre un reactor nuclear, los que no somos físicos, toda la información que tenemos proviene de los físicos (...) No hay ninguna duda de que eso les da un poder muy especial a determinados científicos...”. Empero, la realista consideración anterior no restaba un átomo de verdad a la sugerencia: en estos asuntos había “un problema muy importante de información, que no lo resolvería todo porque hay además un problema de moral, de valores y social, pero que sólo así se permitiría plantear el problema de valores ”.
En su propuesta de racionalidad pública completa, Sacristán incluía como eje central el control democrático, social, sobre el desarrollo la ciencia. Si se construyera una fracción razón que arrojara la tasa de dominio de la ciudadanía sobre la ciencia en nuestras sociedades, su valor sería irrisoria y trágicamente mínimo. No siempre había sido así. En otras culturas, en la antigua civilización china por ejemplo, se habría obtenido seguramente un buen resultado, entre otras cosas, justo era reconocerlo, porque el denominador, la potencia científica de esa cultura, era bajo y el poder social sobre la ciencia era intenso. En la actualidad incrementar esa razón ya no iba a ser posible reduciendo el denominador, disminuyendo la fuerza de los saberes tecno-científicos. La única solución razonable pasa por aumentar el numerador, la fuerza de la ciudadanía, el poder social. De ahí, la importancia de la función educativa y del primado de la asignación de recursos a este ámbito en la propuesta programática defendida por Sacristán, sin negar que esa tarea no era un camino fácil dada la creciente complejidad y especialización de los saberes científicos contemporáneos, y admitiendo que no hay ningún tipo de control externo que pueda suplir el autocontrol de los científicos y tecnólogos conscientes de su responsabilidad moral y social.
Empero, la dificultad admitida no implica que la finalidad propuesta fuera una simple ensoñación de Sacristán. En una destacable reflexión sobre “Ciencia y anticiencia”17 , Gerald Holton exponía un ejemplo revelador de la decisiva importancia de la participación ciudadana en asuntos de política de la ciencia. En un experimento piloto iniciado en 1980 por la Public Agenda Foundation de EE.UU., fueron convocados seis grupos, de entre 9 y 14 personas, representativos del conjunto de la ciudadanía norteamericana, con la finalidad de que mediante documentados y adecuados debates tomaran decisiones fundamentadas sobre problemas normativos ético-políticos cuya evaluación parecía en principio requerir sofisticados conocimientos científico-técnicos tan sólo accesibles a una reducidísima minoría de miembros prominentes de determinadas comunidades académicas. Los dos ejemplos citados por Holton eran la pertinencia o no de fomentar la producción de isótopos de material fisionable y, en un orden muy distinto, la de primar o no la investigación agresiva del proceso de envejecimiento.
Al inicio de cada sesión, cada uno de los grupos participantes, sin preparación ni discusión previa, ofrecía una respuesta bastante previsible y que reflejaba el grado habitual de desconocimiento o de imprecisión en asuntos tecno-científicos que suele en general traslucirse en gran parte de las encuestas o estudios realizados. Empero, al final de cada jornada de trabajo, después de que se hubiera indicado al grupo de debate la necesidad de informarse, de estudiar y discutir acerca de los aspectos científicos y técnicos del tema en cuestión con la ayuda de materiales explicativos y asequibles puestos a su disposición y, tras haber dialogado unos con otros sin urgencias ni precipitaciones, se volvían a pronunciar sobre el mismo asunto. Pudo entonces observarse que el resultado de esta segunda votación, la realizada después de sus prolongadas y nada fáciles discusiones, era muy diferente del primero y que se aproximaba en gran medida al obtenido independientemente por destacados grupos de científicos profesionales que habían abordado las mismas cuestiones.
Cabía entonces concluir, apunta Holton, que con los recursos necesarios y con condiciones sociales y culturales que posibiliten la intervención informada de las poblaciones determinadas cuestiones científicas o tecnológicas, con netas y decisivas aplicaciones económicas y políticas, podrían ser dilucidadas con racionalidad y mesura, incluso en plazos relativamente breves, con la activa participación de personas no necesariamente expertas en las materias objeto de discusión.
Finalmente, la última consideración, tiene que ver con la misma noción de ciencia. Sacristán señaló reiteradamente18 que incluso sin salirnos de la tradición cultural de la ciencia greco-europea, la palabra “ciencia” -o las palabras que se suelen traducir por ciencia en otras lenguas- había significado cosas muy distintas a lo largo de sus 2.500 de desarrollo. Acaso era necesario alumbrar una nueva noción a la altura de los desarrollos actuales. Sus últimas posiciones sobre este punto pueden verse en un texto de 1973, inédito hasta la fecha, que puede consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, y que lleva por título “Nota de conjunto para A.R.H”19 . Sus nueve consideraciones de epistemología y sociología de la ciencia son las siguientes:
“1ª. La ciencia en concreto -el fenómeno global de una determinada práctica, que es lo que realmente existe- es parcialmente básica (es una fuerza productiva) y parcialmente sobreestructural (es un campo en el que “se dirimen las luchas de clase”).
2ª. En ambos campos la ciencia está determinada por la base de la formación en su conjunto. Entiendo por determinación, fundamentación real. O sea, posibilitación: una base hace posible, no inevitable, la actuación de una fuerza productiva o el desarrollo de un contenido sobreestructural (político o ideológico). Lo activo no son las estructuras, sino los individuos (hoy divididos-agrupados en clases).
3ª. Por tanto, la génesis de la ciencia como realidad concreta es histórica. En este sentido es correcto usar las expresiones usadas incorrectamente por el stalinismo-zdanovismo: ”ciencia esclavista”, “ciencia feudal", “ciencia capitalista”, etc. Es preferible usar el adjetivo que indica el sistema social que el adjetivo que indica la clase dominante (mejor “ciencia capitalista” que “ciencia burguesa”, p.e.). Porque, en mi opinión, así se alude mejor a la base posibilitadora de una determinada ciencia.
4ª. La experiencia histórica muestra que hay que distinguir de la cuestión de la génesis la cuestión de la validez: porque productos o elementos de la ciencia esclavista, por ejemplo, siguen valiendo hoy.
5ª. Pero la distinción génesis / validez o vigencia no afecta a la globalidad concreta del fenómeno ciencia, sino sólo a partes o elementos suyos.
6ª. Eso determina la génesis de la idea de ciencia pura, extrapolación, con tendencia formalista, de la experiencia de los contenidos válidos más allá de la formación social en que tuvieron su génesis, o sea, extrapolación, en suma, de la idea de validez. Se puede decir que esta idea de validez, y la de ciencia pura, tienen su origen en la clase dominante-helénica de los siglos VI-IV, que construyó la noción de demostración en sentido estricto, de prueba universalmente válida.
7ª. Es de suponer una componente ideológica en la ciencia concreta -en el fenómeno global de cada momento histórico-, sin perjuicio de la posible validez de algunos de sus componentes para momentos y hasta formaciones e incluso sistemas sociales ulteriores o, en general, diferentes.
8ª. Numerosos elementos válidos son incorporables a ideologías contemporáneas diferentes, o incluso antagónicas (ejemplo de cajón: la evolución biológica). Esos elementos, pues, realizan implícitamente el ideal de 'verdad objetiva" (que es históricamente relativo), pero precisamente a través de ideologías, no al margen de ellas, como creen los formalistas. El concepto de verdad objetiva es históricamente relativo.
9ª. La afirmación de que la objetividad o validez universal o neutralidad de elementos científicos -y más de la ciencia- es un dato, y no una simple idea reguladora, es ideológica y apologética. Hay una posibilidad de que no sea directamente apologética: que se afirme sólo formalmente, de la Ciencia no concretamente, tal como existe, sino como construcción en sí, sin valor real, como juego (ajedrez). Pero entonces será ideológico y secundariamente apologético la afirmación de que la ciencia "es" o "no es más que” esa formalidad cerrada de la naturaleza de los juegos”.
Por debajo, un programa, una concepción equilibrada sobre la racionalidad científica y sobre el papel social y político de la tecnociencia contemporánea que cabe formular con sus propias palabras: “La intención es buena y fundada: es la tendencia a restaurar la contemplación y preservar el ser, la naturaleza. Pero hay que saber que no puede uno ponerse a contemplar por debajo de la fuerza de sus ojos, y que el arte de acariciar no puede basarse sino en la misma técnica que posibilita la tiranía de violar y destruir”.
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1 Notas y reflexiones de lectura sobre ensayos de estos autores pueden verse en numerosos cuadernos de trabajo de Sacristán hoy depositados en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Manuel Sacristán Luzón (RUB-FMSL).
2 El trabajo fue reeditado en 1972 por el comité ejecutivo del PSUC. Permanece inédito.
3 Manuel Sacristán, “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987 (edición de Juan-Ramón Capella), pp. 184-206.
4 Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Panfletos y materiales II, Barcelona, Icaria, 1984, pp. 453-467
5 Manuel Sacristán, “Sociedad, naturaleza y ciencias sociales”, Dialéctica, año VII, nº 1 12, septiembre 1982, pp. 49-62.
6 Manuel Sacristán, Las ideas gnoseológicas de Heidegger, Crítica, Barcelona, 1996 (edición de Francisco Fernández Buey), pp. 228-231.
7 Ibídem, p. 229.
8 M. Sacristán “Metodología de las ciencias sociales. Curso 1981-1982” (transcripción). RUB-FMSL.
9 Un desarrollo detallado en la transcripción de la conferencia de Sacristán sobre política socialista de la ciencia que se incluye en este volumen.
10 “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia” . El 3 de noviembre de 1976 Sacristán impartió una conferencia con este título en la Facultad de Ingenieros Superiores de la Universidad de Barcelona, dentro de un ciclo en el que también participaron Jesús Mosterín y Javier Muguerza. Una segunda versión de esta conferencia fue dictada, con pequeñas variaciones, el 14 de diciembre de 1977 en la Universidad de Salamanca, esta vez con el título. “Filosofía de la ciencia y política de la ciencia hoy”. Se conserva una grabación de su intervención en ETSIB que puede consultarse en RUB-FMSL.
11 Entrevista a Emilio Lledó por Xavier Juncosa para sus documentales sobre la vida y obra de “Manuel Sacristán”
12 Pueden verse algunas de sus aproximaciones en AA. VV., Donde no habita el olvido, Montesinos, Barcelona, 2005
13 La conferencia está recogida en Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983, pp. 317-367, y el interesante coloquio que siguió a su intervención central en M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 307-326.
14 Puede consultarse en una carpeta de correspondencia depositada en RUB-FMSL.
15 M. Sacristán, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 205-206.
16 Puede consultarse en RUB-FMSL. Está anunciada su publicación en El Viejo Topo en un volumen titulado Escritos de filosofía y política de la ciencia, presentado por Guillermo Lusa y con epílogo de Joan Benach y Carles Muntaner.
17 Holton, Gerald, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traducción de Juan Luis Chulilla y José Manuel Lozano-Gotor.
18 Por ejemplo, en sus clases de metodología de las ciencias sociales de 1983-1984 (RUB-FMSL). Transcripción de Joan Benach
19 Puede consultarse en RUB-FMSL.
Muere Augusto Pinochet

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Muere sin pagar la deuda de sangre al pueblo chileno
En las calles de Santiago se vieron vehículos con detractores del general, que había cumplido 91 años el pasado 25 de noviembre, que hacían sonar las bocinas en clara señal de jolgorio por la muerte de quien era, para ellos, el dictador más brutal de la historia.
En algunos sectores periféricos, grupos de vecinos salieron a las calles, levantaron barricadas y gritaron consignas contra Pinochet y su régimen.
Los partidarios de Pinochet que estaban frente al hospital agredieron y lanzaron objetos contra los periodistas y transeúntes, pero la policía aisló rápidamente el sector y los incidentes no pasaron a mayores.
Durante el régimen que encabezó, unas 3,200 personas murieron a manos de agentes del Estado, de las que 1,192 permanecen como detenidas desaparecidas, más de 28 mil fueron torturadas, según datos oficiales, y alrededor de 300 mil debieron exiliarse por razones políticas.
Al momento de morir, Pinochet estaba procesado como presunto autor de secuestros (desapariciones), homicidios y torturas en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, entre ellos la Caravana de la Muerte, una comitiva militar que ejecutó a 75 presos políticos en un recorrido por Chile en 1973.
También por una treintena de víctimas de la Operación Colombo, montada en 1975 para encubrir la desaparición de 119 disidentes y por otros tantos casos de desaparición y torturas en la Villa Grimaldi, una cárcel clandestina de la DINA, la policía secreta de la dictadura.
Asimismo, estaba procesado por fraude al fisco y uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EU y otros bancos del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26 millones de dólares.
De acuerdo con las leyes chilenas, tras su muerte Pinochet deberá ser sobreseído en todas las causas que lo involucraban.
sábado, diciembre 09, 2006
Panorama Norteamericano

Eduardo Valle
El Universal
09 de diciembre de 2006
Los barones del narcotráfico y de las organizaciones criminales sólo temen una fuerza: los grupos especiales del Ejército mexicano. Cada vez que los jefes visibles de las empresas criminales les han retado, terminan en la cárcel. O en el cementerio. El clásico ejemplo es el de Osiel Cárdenas Guillén; podía lanzar amenazas hasta en contra de la integridad física del procurador Macedo de la Concha; pero cuando se refirió a los generales de la ciudad de México... en una semana ingresaba al penal antes conocido como Almoloya. Así de sencillo; así de rápido. Curioso; no es verdad?
Las empresas criminales controlan ciudades, territorios y rutas empleando la ley de "plata o plomo". Los policías municipales son su primera línea; en especial jefes, patrulleros y operadores de radio. Los policías ministeriales se convierten en sus mandaderos y sirvientes. Los ministerios públicos estatales sirven para manipular hasta el ridículo los asuntos que podrían comprometer a los señores. Los gobernadores poco quieren saber de estos asuntos delicados y dejan a los procuradores actuar a su "leal saber y entender". Claro las cuotas siempre van para arriba y la corrupción siempre comienza arriba. Aunque sea por el "dejar hacer y dejar pasar". Siempre, frente a un caso en extremo escandaloso, se podrá cambiar al procurador y "borrón y cuenta nueva". Incluyendo el reemplazo de los comandantes en las plazas. Esto conviene a las empresas criminales: en lo general los nuevos jefes resultan más baratos que los anteriores.
¿Y los policías federales? Ellos no se entrometen demasiado en el control local de ciudades y territorios. Sus asuntos son los aviones y las pistas, los navíos y los puertos, las aduanas y las empresas de transporte de carga, incluyendo a las de envíos por ferrocarril. Pues los permisos para pistas y embarcaciones, pilotos de aeronaves y barcos, corresponden a Comunicaciones; como también los asuntos de telefonía y radiocomunicaciones. Y, por supuesto, tratan de las investigaciones relacionadas con asuntos nacionales e internacionales. Cuando hoy la demanda en Estados Unidos trata de drogas muy diversas y no sólo las clásicas. Pues también para ellos hay "plata o plomo". A los que resisten: plomo; para los otros, plata. Claro, cuando el Ejército se presenta en una investigación especial, la orden es sencilla: involucrarse lo menos posible.
Esto no ocurría en la época de oro de la Federal de Seguridad o con la Policía Judicial Federal. En aquellos días de vino y rosas los barones del crimen organizado conocían su deber: presentarse con los comandantes federales y llegar a acuerdos. Los otros niveles eran secundarios.
Sólo con Arturo Durazo Moreno, gracias a López Portillo, se presentó la excepción. Nadie podía pasarse de listo; en esos días aquellos policías tenían "licencia para matar". La habían ganado al realizar el trabajo sucio del gobierno en la lucha contra las guerrillas y la disidencia radical. La ley de "plata o plomo" se aplicaba a narcotraficantes, "pateros", asaltantes de bancos, ladrones de autos. Pero la licencia para matar de los policías se agotó. Así la tortilla se volteó.
Todo pareciera un asunto de "policías y malandrines". De ninguna manera: los equipos políticos al frente de Gobernación, la Procuraduría General de la República, Comunicaciones y Transportes y hasta la Defensa Nacional y la Marina -los escándalos en Marina durante el gobierno de Salinas fueron ejemplares- sabían que esto ocurría bajo sus narices. Y los que no se beneficiaron de ello, se callaron. La corrupción política (por complicidad o incapacidad) comenzaba muy arriba. Hasta para efectos de cuentas nacionales, como con Miguel de la Madrid. A partir de López Portillo, México fue transformándose en un narcoestado. Quien moduló la transformación fue un maestro en la política y los negocios. Así nos quedamos: hasta la fecha.
Vicente Fox lo aprendió muy temprano en su gobierno. Y decidió no librar ninguna batalla: pidió a los grupos especiales del Ejército mantener un elemental control sobre los barones del crimen organizado. Y hasta ahí: no quería más problemas. Condenó a los mexicanos a la situación padecida hoy en las calles, las carreteras, los poblados, las ciudades. Mínimo control, ningún gobierno.
Los barones y sus gobernadores, sus procuradores, sus jefes de policía y sus políticos, se convirtieron en... una fuerza principal. Porque, de manera natural, cuando gracias a Fox, los gobernadores se afianzaron en su papel de "señores feudales", se convirtieron en la primera posición a presionar. Y corromper. Se doblegó la mayoría, hasta alegando ignorancia. Todo esto lo conocemos; se puede documentar caso por caso. Pero resultaría que Calderón tendría un problema irresoluble entre las manos. Tome una fotografía de muchos de los principales líderes políticos. Gozan de los beneficios de la amnesia del sistema y de la necesidad urgente de acuerdos. Y esto habla del cáncer extendido de la corrupción en todo el cuerpo institucional; en los tres niveles de gobierno.
¿Y la cobardía intelectual? Ésa se da en los muy desprestigiados partidos políticos (al nivel de las policías, publica EL UNIVERSAL este viernes). Y en los intelectuales orgánicos del Estado; de derecha, centro y más en la "izquierda".
Estos asuntos apestan a cañería, dinero, cabezas cercenadas, cuentas bancarias, información privilegiada en empresas bancarias y de comunicaciones, potentes bombas en viviendas, espeluznantes torturas.
¿Qué tiene que ver el dulce ejercicio del intelecto y la reflexión política con estos tétricos asuntos? Hablemos de "reforma del Estado", de lucha contra la pobreza y el neoliberalismo, de voltear la página y llegar a acuerdos. Para qué mencionar este mundo de violencia salvaje, dinero y poder? Podría resultar casi irrelevante y resulta grosero mencionarlo.
Cuando hoy si algún tema es vital y resulta absolutamente indispensable y urgente estudiarlo y combatirlo es el de las múltiples y probadas relaciones entre empresas criminales y la política. Necesitamos un serio análisis, de mayor alcance, sobre el narcoestado mexicano. Se trata de asuntos esenciales del poder. ¿Lo sabrá el señor Medina-Mora?
Los reportajes contra SABA de TV Azteca y Televisa, son un ataque porque próximamente serán competidores de TV
Eduardo García
Sentido Común
5 de diciembre de 2006
“¡Qué curioso! Desde la semana pasada, en los principales noticiarios de Televisa y TV Azteca, surgió un repentino interés por el tema de distribución de medicamentos. Con todo y que ese negocio lleva años en la misma situación, de repente encontraron que Casa Saba –una de las empresas más grandes del ramo– es presuntamente culpable de los altos precios de las medicinas”, escribió el periódico Reforma en su columna Templo Mayor el lunes. “Pareciera ser un milagro divino que ambas televisoras hayan hecho ese descubrimiento al mismo tiempo y casi con las mismas palabras”.
La sospecha que ha levantado la cobertura de las dos televisoras sobre el tema se basa principalmente en que la crítica, tanto de Televisa como de TV Azteca, se ha centrado principalmente en una de las dos compañías más importantes en la distribución de medicamentos en México, Grupo Casa Saba.
Se trata de una empresa propiedad de la familia Saba, que en septiembre de este año solicitó a las autoridades reguladoras mexicanas abrir el mercado de la televisión, que al igual que el de los medicamentos, está controlado por dos compañías: Televisa y TV Azteca.
La familia Saba incluso se asoció ya con Telemundo, la cadena estadounidense de televisión en español, propiedad de NBC Universal, para crear una nueva compañía Palmas 26, que busca incursionar en el mercado de la televisión en México y que ha solicitado a las autoridades la emisión de nuevas licencias para lanzar un nuevo canal de televisión en México...Ver texto completo
Sentido Común
5 de diciembre de 2006
“¡Qué curioso! Desde la semana pasada, en los principales noticiarios de Televisa y TV Azteca, surgió un repentino interés por el tema de distribución de medicamentos. Con todo y que ese negocio lleva años en la misma situación, de repente encontraron que Casa Saba –una de las empresas más grandes del ramo– es presuntamente culpable de los altos precios de las medicinas”, escribió el periódico Reforma en su columna Templo Mayor el lunes. “Pareciera ser un milagro divino que ambas televisoras hayan hecho ese descubrimiento al mismo tiempo y casi con las mismas palabras”.
La sospecha que ha levantado la cobertura de las dos televisoras sobre el tema se basa principalmente en que la crítica, tanto de Televisa como de TV Azteca, se ha centrado principalmente en una de las dos compañías más importantes en la distribución de medicamentos en México, Grupo Casa Saba.
Se trata de una empresa propiedad de la familia Saba, que en septiembre de este año solicitó a las autoridades reguladoras mexicanas abrir el mercado de la televisión, que al igual que el de los medicamentos, está controlado por dos compañías: Televisa y TV Azteca.
La familia Saba incluso se asoció ya con Telemundo, la cadena estadounidense de televisión en español, propiedad de NBC Universal, para crear una nueva compañía Palmas 26, que busca incursionar en el mercado de la televisión en México y que ha solicitado a las autoridades la emisión de nuevas licencias para lanzar un nuevo canal de televisión en México...Ver texto completo
Denisse Maerker manipula información
Decir verdades a medias es mentir, y si no se pasa una entrevista completa y se quita la parte que le da sentido, se miente.
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jueves, diciembre 07, 2006
El vértigo no es obstáculo
De esta forma se ganan la vida los latinos en Los Ángeles, veamos como les va a ir a los gringos sin quién les haga el trabajo difícil. ¿Entenederá esto el gobierno de baby Bush, o solo es la soberbia de los poderosos?
La Opinión

Si padece de acrofobia —miedo a las alturas—, se le pide alejarse de esta profesión. Pero si insiste, recuerde: de los requisitos principales de todo buen limpiaventanas de rascacielos, es indispensable el de tener rodillas firmes, agallas y sí, un poco de locura. La que le permita estar suspendido a cientos de pies de altura. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)

Para Charlie, el reto más grande sería limpiar las ventanas de Library Tower (hoy rebautizado USBank Tower), el monte Everest de downtown , que se levanta desde el 633 de la Calle Quinta, esquina con Hope, y es el mayor rascacielos al oeste del Río Mississippi y el séptimo del país. Parándose sobre 73 pisos, esta torre mide 1,018 pies de altura. Todo ventanero se humilla con respeto ante esta labor. "Algún día…", dice Charlie. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)

A 460 pies de altura, la vista de Los Ángeles es, bueno, angelical. Una suave brisa acaricia la piel y transmite un sentimiento de tranquilidad. Los peatones se ven como hormigas esparcidas sobre un manto de concreto. Desde aquí se escucha el zumbido de incontables motores, allí abajo. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)

La jornada diaria comienza cuando el sol está preparándose para asomarse detrás de las montañas y la noche aún ronda moribunda entre los rascacielos. Es aquí cuando los ventaneros deben guardar mucha discreción. A veces las ventanas revelan secretos de angelinos que se encuentran dentro de estas oficinas privadas y no saben que alguien los puede estar observando. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)
La Opinión

Si padece de acrofobia —miedo a las alturas—, se le pide alejarse de esta profesión. Pero si insiste, recuerde: de los requisitos principales de todo buen limpiaventanas de rascacielos, es indispensable el de tener rodillas firmes, agallas y sí, un poco de locura. La que le permita estar suspendido a cientos de pies de altura. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)

Para Charlie, el reto más grande sería limpiar las ventanas de Library Tower (hoy rebautizado USBank Tower), el monte Everest de downtown , que se levanta desde el 633 de la Calle Quinta, esquina con Hope, y es el mayor rascacielos al oeste del Río Mississippi y el séptimo del país. Parándose sobre 73 pisos, esta torre mide 1,018 pies de altura. Todo ventanero se humilla con respeto ante esta labor. "Algún día…", dice Charlie. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)
A 460 pies de altura, la vista de Los Ángeles es, bueno, angelical. Una suave brisa acaricia la piel y transmite un sentimiento de tranquilidad. Los peatones se ven como hormigas esparcidas sobre un manto de concreto. Desde aquí se escucha el zumbido de incontables motores, allí abajo. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)

La jornada diaria comienza cuando el sol está preparándose para asomarse detrás de las montañas y la noche aún ronda moribunda entre los rascacielos. Es aquí cuando los ventaneros deben guardar mucha discreción. A veces las ventanas revelan secretos de angelinos que se encuentran dentro de estas oficinas privadas y no saben que alguien los puede estar observando. (Texto y fotos: J. EMILIO FLORES/La Opinión)
martes, diciembre 05, 2006

En la Administración de Fox Creció 50% el Número de "Presos Políticos ": ONG
La Jornada
EMIR OLIVARES ALONSO , CORRESPONSAL
En las calles de Oaxaca marcharon para exigir la liberación de detenidos Foto: Francisco Olvera Aunque no existe un registro nacional con cifras certeras sobre estos casos, diversas organizaciones no gubernamentales afirman que una de las más "funestas herencias" del sexenio de Vicente Fox es la cantidad de "presos políticos" durante su gobierno, que según sus estimaciones son más de 400 casos.
Coinciden además en estimar que durante la administración foxista se incrementó en 50 por ciento la cantidad de "presos políticos", y aunque algunos de ellos ya han obtenido su libertad, la mayoría enfrenta condenas que van de seis a 50 años de prisión, y fueron procesados sin abogado defensor.
Durante el gobierno recién concluido, los principales delitos que se "fabricaron" para detener a luchadores sociales, dirigentes campesinos, indígenas, ambientalistas, defensores de derechos humanos, periodistas e inclusive abogados, fueron: ataques a las vías generales de comunicación, secuestro y retención ilegal, sedición, terrorismo, difamación, despojo, asociación delictuosa, bloqueo de oficinas federales y narcotráfico, entre otros.
Los reportes de diversas ONG establecen que las entidades donde más "presos de conciencia" se reportaron durante el sexenio de Fox son: Oaxaca, estado de México, Chiapas, Guerrero, Jalisco, Veracruz y Distrito Federal.
Debido al conflicto social que se vive en Oaxaca, esa entidad acumula la mayor cantidad de "presos políticos" del sexenio, pues desde el ingreso de la Policía Federal Preventiva (PFP) a la capital del estado fueron detenidas aproximadamente 300 personas. Sólo durante el enfrentamiento del 25 de noviembre pasado se aprehendió a 204 individuos, de los cuales 141 fueron trasladados a Nayarit, al ser considerados de "alta peligrosidad", y el resto remitidos a penales de Oaxaca. Oficialmente, quienes fueron detenidos antes de este enfrentamiento ya han sido liberados. Asimismo, se reportan 20 personas desaparecidas desde el inicio del conflicto, hace más de seis meses.
Otra entidad en la que se arrestó a decenas de personas por motivos políticos fue el estado de México, donde tan sólo por el operativo en los municipios de San Salvador Atenco y Texcoco, los pasados 3 y 4 de mayo, se detuvo a 207 individuos, de los cuales se les fincó responsabilidad por los delitos de secuestro y ataques a las vías generales de comunicación a 174. De éstos, 144 alcanzaron libertad bajo fianza, mientras que 30 aún permanecen presos.
domingo, diciembre 03, 2006
sábado, diciembre 02, 2006
AMLO EN MONTERREY

ANDRÉS MANUÉL LÓPEZ OBRADOR
ESTARÁ CON NOSOTROS EL DOMINGO
3 DE DICIEMBRE DE 2006
A LAS 10:30 AM
EN EL GIMNASIO NUEVO LEÓN,
AVENIDA GONZALITOS Y RUÍZ CORTÍNES
TE ESPERAMOS
¡ NO FALTES !
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viernes, diciembre 01, 2006
Somos Uno Radio inicia trasmisiones
Somos Uno Radio

En la culminación de un esfuerzo colectivo, desde algún lugar de la Ciudad Capital del Estado norestense de Nuevo León SomosUno Radio inicia sus trasmisiones para la IV República y el mundo.
Una felicitación y reconocimiento a todos quienes han aportado su esfuerzo para consolidar este proyecto
En la culminación de un esfuerzo colectivo, desde algún lugar de la Ciudad Capital del Estado norestense de Nuevo León SomosUno Radio inicia sus trasmisiones para la IV República y el mundo.
Una felicitación y reconocimiento a todos quienes han aportado su esfuerzo para consolidar este proyecto
Los pueblos de Oaxaca no serán vencidos
En la ciudad de Oaxaca, ocupada por las fuerzas represivas y en virtual estado de sitio, llevándose a cabo detenciones y cateos y una campaña de linchamiento mediático contra la Asamblea Popular de los Pueblo de Oaxaca (APPO), aprovechando la labor incendiaria de los provocadores enviados por Ulises Ruiz para criminalizar el movimiento, tuvo lugar un importante foro de los pueblos indígenas de ese estado durante los días 28 y 29 de noviembre.
"En estas horas difíciles señaló el dirigente Joel Aquino en su discurso de bienvenida hay que caminar despacio porque vamos lejos", dejando asentado la posición de los pueblos indígenas en un profundo movimiento social en el que algunos sectores han querido introducir cierto radicalismo que ha puesto en riesgo el conjunto del proceso. Aquino se muestra confiado en la fortaleza del movimiento contra el sistema caciquil que representa Ulises Ruiz porque la resistencia está viva en centenares de comunidades, "en la dignidad de los pueblos de Oaxaca, en la fuerza de sus culturas".
Florentino López Martínez, vocero de la APPO, saluda con entusiasmo la realización del foro, solicitando que se discutan los problemas de los pueblos y se revisen críticamente los acontecimientos recientes. Menciona que en la formación de la APPO tuvo gran valor la asamblea comunitaria indígena que por siglos ha sido una instancia de decisión y participación colectivas. Destaca la importancia de las experiencias zapatistas de las juntas de buen gobierno y las que tienen lugar con la policía comunitaria de Guerrero, y subraya que en la APPO quieren hacer una "gran asamblea de todos los pueblos indígenas y no indígenas de México". Finaliza su intervención reiterando la necesidad de fortalecer a la Asamblea Popular, que "apenas está creciendo desde abajo, desde nuestros pueblos."
Sara Méndez Morales informa sobre los 304 detenidos del movimiento, 14 sólo en ese día, 141 mujeres, hombres y menores enviados al penal de Nayarit (al otro lado del país), en una cruel e innecesaria política, similar a la practicada por la dictadura porfirista. Refiere las violaciones a los derechos humanos desde la gran represión del 14 de junio, cuando se intentó desalojar el plantón magisterial instalado en el centro histórico.
Marcos Leyva ofrece un amplio panorama de la movilización oaxaqueña, "venciendo el miedo que nos quieren imponer", ofreciendo al mundo la verdadera cara de la APPO: "una asamblea donde se discute, se reflexiona, de cara al futuro, a la esperanza. Es necesario volver a colocar la palabra, el diálogo, quitar las balas, las bombas, las órdenes de aprehensión". Explica el significado de la crisis histórica estructural que se expresa nítidamente en Oaxaca, donde se aglutinan la crisis de Estado, la desigualdad social y la crisis política. Habla sobre el "dolor profundo que guardan nuestras comunidades, el acumulado histórico del pueblo de Oaxaca". Menciona los riesgos de la etapa actual caracterizada por la descomposición social y la guerra sucia, en momentos en que la radio clandestina de los priístas, radio mapache, está llamando a quemar las casas de la gente de la APPO, en la que se está concitando la delación y el odio como los valores "ciudadanos" que ofrece la contraparte de la APPO. Ciertamente que el afianzamiento de la ocupación castrense de la ciudad y del estado ha establecido las condiciones de seguridad que requerían los priístas para profundizar la campaña de terror desatada desde los medios de comunicación locales y nacionales.
A Miguel Alvarez le corresponde analizar la movilización oaxaqueña desde la perspectiva nacional, ofreciendo incluso las claves de articulación con el ámbito de lo mundial, con estas nuevas formas de violencia y visión de la política que acompañan al modelo neoliberal, a las nuevas formas de expresión de la dominación imperialista. Frente a este fenómeno los movimientos sociales viejos y nuevos viven un fortalecimiento de una nueva racionalidad, en la que los pueblos indígenas son un referente mundial porque son capaces de vivir y luchar en colectivo.
Alvarez destaca los derivados de una profunda crisis de Estado en el contexto de una alternancia que no logró cambiar nada, de una transición democrática frustrada. Es un mensaje optimista que se centra en la idea de que el pueblo, los pueblos, no están derrotados, no están doblegados: son pueblos que saben ejercer el poder a partir de la potencialidad de sus culturas.
Me corresponde desarrollar el papel de las autonomías indígenas en todo este proceso: una autonomía que ya rebasó los límites estrechos impuestos por sus críticos y denostadores como sólo aplicable a una realidad rural-indígena. En América Latina, el movimiento protagonizado por los pueblos indios durante las últimas décadas demuestra que es uno de los pocos sectores sociales que cuentan con una estrategia la autonomía no sólo de resistencia y sobrevivencia a la política del capitalismo neoliberal, sino que constituye un paradigma que inspira e influye en los movimientos sociales en el ámbito mundial. Por ello, el movimiento de la APPO no puede ser derrotado. Su fuerza radica en la horizontalidad y el protagonismo colectivos que caracterizan los procesos autonómicos indígenas. No es un movimiento de "líderes", no es una insurgencia social y pacífica que pueda ser "descabezada" por medidas represivas y contrainsurgentes. Se trata de un proceso de largo aliento que deberá ser retomado con renovados bríos por la APPO, en los momentos de necesario reflujo que imponen la persecución y el autoritarismo actual.
Así, mientras se daban los cateos y las detenciones, mientras se convocaba a la muerte y a la destrucción, el debate de ideas, el diálogo de los pueblos indios daban un atisbo de futuro y esperanza a la compleja realidad oaxaqueña.
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"En estas horas difíciles señaló el dirigente Joel Aquino en su discurso de bienvenida hay que caminar despacio porque vamos lejos", dejando asentado la posición de los pueblos indígenas en un profundo movimiento social en el que algunos sectores han querido introducir cierto radicalismo que ha puesto en riesgo el conjunto del proceso. Aquino se muestra confiado en la fortaleza del movimiento contra el sistema caciquil que representa Ulises Ruiz porque la resistencia está viva en centenares de comunidades, "en la dignidad de los pueblos de Oaxaca, en la fuerza de sus culturas".
Florentino López Martínez, vocero de la APPO, saluda con entusiasmo la realización del foro, solicitando que se discutan los problemas de los pueblos y se revisen críticamente los acontecimientos recientes. Menciona que en la formación de la APPO tuvo gran valor la asamblea comunitaria indígena que por siglos ha sido una instancia de decisión y participación colectivas. Destaca la importancia de las experiencias zapatistas de las juntas de buen gobierno y las que tienen lugar con la policía comunitaria de Guerrero, y subraya que en la APPO quieren hacer una "gran asamblea de todos los pueblos indígenas y no indígenas de México". Finaliza su intervención reiterando la necesidad de fortalecer a la Asamblea Popular, que "apenas está creciendo desde abajo, desde nuestros pueblos."
Sara Méndez Morales informa sobre los 304 detenidos del movimiento, 14 sólo en ese día, 141 mujeres, hombres y menores enviados al penal de Nayarit (al otro lado del país), en una cruel e innecesaria política, similar a la practicada por la dictadura porfirista. Refiere las violaciones a los derechos humanos desde la gran represión del 14 de junio, cuando se intentó desalojar el plantón magisterial instalado en el centro histórico.
Marcos Leyva ofrece un amplio panorama de la movilización oaxaqueña, "venciendo el miedo que nos quieren imponer", ofreciendo al mundo la verdadera cara de la APPO: "una asamblea donde se discute, se reflexiona, de cara al futuro, a la esperanza. Es necesario volver a colocar la palabra, el diálogo, quitar las balas, las bombas, las órdenes de aprehensión". Explica el significado de la crisis histórica estructural que se expresa nítidamente en Oaxaca, donde se aglutinan la crisis de Estado, la desigualdad social y la crisis política. Habla sobre el "dolor profundo que guardan nuestras comunidades, el acumulado histórico del pueblo de Oaxaca". Menciona los riesgos de la etapa actual caracterizada por la descomposición social y la guerra sucia, en momentos en que la radio clandestina de los priístas, radio mapache, está llamando a quemar las casas de la gente de la APPO, en la que se está concitando la delación y el odio como los valores "ciudadanos" que ofrece la contraparte de la APPO. Ciertamente que el afianzamiento de la ocupación castrense de la ciudad y del estado ha establecido las condiciones de seguridad que requerían los priístas para profundizar la campaña de terror desatada desde los medios de comunicación locales y nacionales.
A Miguel Alvarez le corresponde analizar la movilización oaxaqueña desde la perspectiva nacional, ofreciendo incluso las claves de articulación con el ámbito de lo mundial, con estas nuevas formas de violencia y visión de la política que acompañan al modelo neoliberal, a las nuevas formas de expresión de la dominación imperialista. Frente a este fenómeno los movimientos sociales viejos y nuevos viven un fortalecimiento de una nueva racionalidad, en la que los pueblos indígenas son un referente mundial porque son capaces de vivir y luchar en colectivo.
Alvarez destaca los derivados de una profunda crisis de Estado en el contexto de una alternancia que no logró cambiar nada, de una transición democrática frustrada. Es un mensaje optimista que se centra en la idea de que el pueblo, los pueblos, no están derrotados, no están doblegados: son pueblos que saben ejercer el poder a partir de la potencialidad de sus culturas.
Me corresponde desarrollar el papel de las autonomías indígenas en todo este proceso: una autonomía que ya rebasó los límites estrechos impuestos por sus críticos y denostadores como sólo aplicable a una realidad rural-indígena. En América Latina, el movimiento protagonizado por los pueblos indios durante las últimas décadas demuestra que es uno de los pocos sectores sociales que cuentan con una estrategia la autonomía no sólo de resistencia y sobrevivencia a la política del capitalismo neoliberal, sino que constituye un paradigma que inspira e influye en los movimientos sociales en el ámbito mundial. Por ello, el movimiento de la APPO no puede ser derrotado. Su fuerza radica en la horizontalidad y el protagonismo colectivos que caracterizan los procesos autonómicos indígenas. No es un movimiento de "líderes", no es una insurgencia social y pacífica que pueda ser "descabezada" por medidas represivas y contrainsurgentes. Se trata de un proceso de largo aliento que deberá ser retomado con renovados bríos por la APPO, en los momentos de necesario reflujo que imponen la persecución y el autoritarismo actual.
Así, mientras se daban los cateos y las detenciones, mientras se convocaba a la muerte y a la destrucción, el debate de ideas, el diálogo de los pueblos indios daban un atisbo de futuro y esperanza a la compleja realidad oaxaqueña.
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