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miércoles, enero 25, 2012

De la Policía al narco

Daniel de la Fuente

Israel Arenas Durán ni siquiera había cumplido la mayoría de edad, pero qué edad es ésa cuando se trabaja desde muy chico para ganar los pesos que permiten cooperar para que en la mesa de la casa haya alimento y, si acaso algo queda, para pasar el rato con los amigos.

El viernes 17 de junio pasado, el joven veracruzano de 17 años había ido a dejar un pedido a un señor al que le urgían unas plantas. Iba en compañía de otros tres chicos oriundos de su rancho natal, La Perla, a 10 kilómetros del Pico de Orizaba: Adrián Nava Cid, de 23 años, así como los hermanos Reynaldo y Javier García Álvarez, de 26 y 20 años, respectivamente.

Todos trabajaban en el vivero que desde hace dos años sostiene con familiares y amigos José Emiliano Arenas Nicanor, de 40 años, padre de Israel, en el municipio de Juárez, a 20 minutos de la capital nuevoleonesa.

Los cuatro jóvenes decidieron ir a disfrutar del viernes al bar California, ubicado sobre la Avenida Eloy Cavazos. Al cabo de un rato, como a las 22:00 horas, Emiliano y su mujer, Luz María Durán, se preparaban para la cena, por lo que le pidieron al hijo más chico, Irving, de 15 años, que les hablara a los muchachos.

Israel contestó y le dijo a su hermano que le llevara 170 pesos para completar la cuenta, pues habían pedido de última hora una cubeta con cervezas.

En lo que informó a sus padres, se preparó y salió en su auto para ir por él al California, Irving se percató de que la unidad 131 de tránsito de Juárez iba por la avenida persiguiendo la camioneta de su hermano, por lo que se dirigió tras ellos.

Cuando les dio alcance en la calle Coahuila cruz con Pablo Livas, los tránsitos habían bajado de su camioneta a Israel y lo estaban subiendo esposado a una camioneta gris con personas cuyos rostros no alcanzó a distinguir.

Uno de los oficiales, Juan Eduardo de León Pérez, quien físicamente subió a Israel al vehículo, se le quedó mirando a Irving y, sin más, le dijo que lo estaba deteniendo porque abolló la patrulla.

"¿Eres familiar de él?", le preguntó a Irving, quien sin dejar de mirar a su hermano, que era subido en estado de ebriedad a la camioneta, dijo que no.

Al recordar esto, el chico baja la vista. Sus padres le miran y palmean comprensivos, porque dicen que de haber confirmado el parentesco, Irving también habría sido levantado y no sería sólo un hijo desaparecido, sino dos.

Ante la respuesta del chico, los agentes lo corrieron del sitio con palabras soeces. El joven volvió a casa y narró a sus padres lo ocurrido con el mayor de sus dos hermanos. Luz María acudió a las instalaciones de Policía y Tránsito de Juárez y, como no la querían atender, amenazó con ir a una televisora.

"Déjeme veo si están sus muchachos, pero nosotros encontramos abandonada la camioneta de su hijo", le dijo a la mujer de 37 años un supuesto comandante en referencia al vehículo, en ese momento en el corralón.

"No es cierto", intervino Irving. "Yo vi cuando lo bajaron de su camioneta, lo esposaron y subieron a una camioneta gris".

Al ver la determinación con la que acudieron la madre y el hermano de Israel, el sujeto vestido de civil dijo que esperaran para ver si tenían a los jóvenes con los ministeriales. Volvió a la hora y media.

"Ahí los tienen", dijo. "Nada más que ahorita no se los van a enseñar porque les pusieron unas 'cachetaditas'. Vénganse mañana".

Pero no fue así. Al día siguiente la camioneta desapareció del corralón y en la policía juarense ya nadie quiso atender a la familia Arenas, además de que no volvió a aparecer el "comandante" que les confirmó la llegada de los chicos al cuartel.

Incluso de la bitácora del corralón fue arrancada la hoja de entradas y salidas de ese día, aunque ellos lograron obtener del servicio de grúas una copia donde se confirma la llegada del vehículo al predio municipal.

La familia acudió después al bar California y ahí se enteraron de que al parecer la encargada del lugar, una mujer de nombre Martha Dalia Cortés, le habló a los tránsitos de Juárez, quienes detuvieron a los jóvenes y entregaron a un grupo de zetas a tres de los cuatro que habían llegado juntos.

Israel intentó huir, pero fue interceptado por la patrulla 131, la cual hasta llegó a chocar su camioneta.

Luz María lamenta que cuando estuvo indagando sobre los muchachos el día de su detención no se comunicó de inmediato con el Ejército.

De hecho, cuenta, al estar preguntando por ellos pasó un convoy militar frente a la dependencia municipal y vio que los empleados de Policía y Tránsito de Juárez se pusieron muy nerviosos, entraron de inmediato a las instalaciones y las secretarias dijeron en voz alta que todos escondieran los celulares porque "a'i van los militares".

···

Al paso de los días, al ver el limbo en el que estaba cayendo el paradero de los jóvenes, la familia Arenas levantó denuncias, fue al Consejo Estatal de Derechos Humanos y a la Séptima Zona Militar.

Un comandante de la Agencia Estatal de Investigaciones se puso en contacto con Emiliano y les dijo que les enviaría elementos destacamentados en Juárez, lo que les dio desconfianza, porque explica que le costaba trabajo creer que ministeriales y policías municipales no estuvieran aliados.

Pasó el tiempo. El jueves 23 de junio la familia se dirigía al tianguis a vender ropa cuando Irving vio pasar la camioneta de Israel con rumbo al cuarto sector del Fraccionamiento Las Gardenias.

Frente al domicilio al que llegó el vehículo, Emiliano habló a la Ministerial, pero los elementos llegaron por la noche y la camioneta ya no estaba y nadie abrió la puerta. Esperanzado en que ahí estuvieran su hijo y sus amigos, Emiliano se dio la vuelta a la mañana siguiente y la volvió a ver estacionada afuera del domicilio.

Llamó a la Ministerial y le dijo al oficial que se apresuraran para que los delincuentes no huyeran.

"No se van", les dijo el oficial, al parecer familiarizado con los hábitos de la delincuencia. "Son como los vampiros, andan en la noche y en el día duermen".

Hasta la tarde llegaron ministeriales y militares, y reventaron la propiedad.

Emiliano, bronco y desesperado, entró al domicilio a buscar a su muchacho, pero no estaba, sólo vio a un sujeto tatuado al que la autoridad aprehendió por la posesión del vehículo que, dijo, le habían prestado. Curiosamente a él le hallaron el estéreo que no figuraba cuando vieron la camioneta en el corralón, por lo que dedujeron complicidad entre los dueños del predio y la delincuencia.

Sin noticia alguna, la familia ha ido y venido de una instancia a otra. Hay sólo tres aprehendidos: el sujeto que tenía la camioneta, la encargada del bar California y el oficial de tránsito De León Pérez, quien declaró que entregó a los muchachos a miembros de los zetas, identificados con apodos, pero nada más.

El responsable de la investigación en la Ministerial cambió el celular sin avisarles.

Emiliano se hacía presente con el fiscal Jesús Tavera para suplicarle llorando que investigara. Tanto insistió que un día le azotó la puerta, desesperado: "¡¿Qué esperan para investigar?!", rugió. "¿Encontrarlos muertos?".

El fiscal, quien luego fue sustituido, mandó traer una patrulla. Emiliano no salía del asombro.

"Es el colmo", les gritó, llorando. "Sí, llévenme a la cárcel para que se sepa la clase de autoridad que tenemos".

No hubo celda para Emiliano, pero tampoco la necesita: basta la impunidad con la que la autoridad ha manejado el caso.

La familia cree que, dado que los captores no han hablado para pedir rescate por los muchachos, forjados a las labores duras en el vivero, quizá los tengan trabajando en algún lado. En algún monte. En algún infierno.

Israel, cuentan, llegó hasta primer año de secundaria y decidió dedicarse al trabajo con su padre para sacar adelante a su familia y a los que vinieran de su pueblo. Le gusta la siembra, en especial las palmas, y los diseños con piedra de mármol.

"Siempre andaba mugroso mijo, si no estaba sembrando estaba haciendo sus diseños de jardín", afirma Emiliano y aquel hombre sencillo, fornido y curtido por el sol comienza a llorar desconsoladamente.

"Está chiquito mijo... igual los otros muchachos", dice con la voz entrecortada por el dolor. "¿Qué les hacían...? Nada malo, sólo se dedicaban a trabajar y a trabajar".

Los tres muchachos restantes, dice, son como sus hijos y él les procuraba un buen futuro, por lo que les decía que ahorraran un poco de lo que ganaban para tener un pequeño patrimonio y beneficiar a los que se quedaron en el pueblo.

Adrián tiene tres hijos; Reinaldo, una niña. Sus familias en el rancho La Perla no terminan de llorar su ausencia.

"Nosotros vinimos a trabajar, a salir adelante porque allá en el rancho no hay trabajo", afirma Emiliano, decepcionado de la actuación de la autoridad: la de Juárez, la Ministerial. Toda.

"Ahora nos hacen esto... Nomás volviendo mis muchachos, de veras, se lo juro, yo me los llevo de regreso al pueblo. Contra los que hicieron esto no pido nada. Nos vamos".

martes, enero 24, 2012

Sin pistas de Jehú

Daniel de la Fuente

Fue en el corazón del municipio que presume mayor seguridad en el Estado: San Pedro Garza García.

En específico, en el Oxxo de las calles Vasconcelos y Montes Rocallosos, en Residencial San Agustín.

Eran cerca de las 19:30 horas del viernes 12 de noviembre del 2010 cuando Janneth Olazarán le habló a su esposo al celular para pedirle a su regreso a casa algo para la niña que acababan de tener hacía apenas seis meses.

De tez blanca y barba de candado, Jehú Abraham Sepúlveda Garza, de 24 años, le contestó a la joven. El chico, quien aquel día vestía una camiseta roja, pantalón de mezclilla color celeste y gorra gris, se escuchaba sereno.

"Ahorita te hablo", le dijo. "Estoy en San Pedro en un chequeo de rutina con ministeriales".

"¿Por qué no me habías hablado?", le dijo extrañada la joven de 28 años.

"No me dejan hacer llamadas", contestó. Ella preguntó si quería que le hablara a su jefe y Jehú aceptó, pero en eso la mujer escuchó que alguien le preguntaba a él con tono autoritario: "¡Eh! ¿Con quién hablas?" y el joven contestó que con su esposa.

Enterado por Janneth, el jefe le habló más tarde a Jehú para ver si le mandaba alguna papelería, pero éste le dijo que todo estaba bien y que ya iba de salida de la "municipal de San Pedro".

Quince minutos después, el hombre volvió a llamar, pero el celular estaba apagado.





Compañeros de Jehú llegaron esa noche a la Policía de San Pedro, pero les dijeron que no había registros de su ingreso y les negaron que ahí se hicieran "chequeos de rutina". Lo mismo en la Agencia Estatal de Investigaciones.

Al día siguiente, sin embargo, el director de Policía sampetrino Camilo Cantú recibió a Janneth y a Yadira, hermana de Jehú, y les mostró una tarjeta informativa en la que se confirmaba que el joven sí había llegado a la demarcación y que la camioneta con los logos de la empresa estaba en los patios de la dependencia municipal.

De acuerdo a la versión publicada por EL NORTE el 30 de noviembre del 2010, Jehú fue detenido a las 18:15 horas del 12 de noviembre por policías sampetrinos cuando estaba en su camioneta afuera del Oxxo.

Gente allegada a él cuenta que Jehú fue a la tienda por refrescos y frituras y, como la oficina está cerca, se le hizo fácil abordar el vehículo sin documentación personal.

Los policías de la patrulla número 441, Felipe de Jesús Álvarez Macías y José Luis Román Sandoval, se llevaron al joven por carecer de identificaciones al cuartel de Policía y Tránsito municipal.

A ese lugar llegó Miguel Escobedo, detective del destacamento de la Policía Ministerial en ese municipio, y dijo que se haría cargo del detenido y del vehículo por orden de su coordinador Javier Rangel.

Después, según la versión de los preventivos, Jehú fue llevado a las instalaciones de la Policía Ministerial a bordo de la patrulla 344, conducida por el agente Mario Ogardín, del tercer Grupo de Homicidios.

"Unos ministeriales se lo llevaron de aquí de los patios", les dijo ese sábado el jefe de la Policía de San Pedro a las mujeres y les dio dos nombres: Javier Rangel Rojas y Miguel Escobedo. "Vayan a la Ministerial".

Ese fin de semana, Janneth y Yadira se la pasaron ante un mostrador de la Ministerial del que nunca salió información, como quizá les pasa a muchos que desean saber de su desaparecido.

"Entonces el lunes tuvimos que volver con Camilo para decirle que no nos daban informes, que nos ayudara", cuenta Janneth.

El director de la Policía Municipal le habló a Rangel y, en altavoz, le dijo que él se había llevado a Jehú y que atendiera a la familia.

"Mándamelos para acá", le dijo y el funcionario sampetrino les puso una patrulla de escolta a las mujeres hasta la Ministerial. Pero ya muy tarde Rangel no las recibió a ellas, sino al abogado.

"Dile a la familia que el muchacho está bien, está comiendo y tranquilo", le dijo el agente.

"Pero ¿por qué lo tienes, dónde?", cuestionó el litigante.

"No te puedo dar esa información. Yo lo chequé el mismo viernes, no tiene nada, ya platiqué con él, pero mi jefe, que es el director, me pidió que le diera 54", clave en alusión a dejarlo pendiente.

"Vénganse mañana martes a las nueve de la mañana con el director (Adrián de la Garza, hoy Procurador)", añadió.

Al día siguiente nadie los recibió. Llegó la noche.

El miércoles, al ver a las mujeres muy desoladas, el agente del Ministerio Público Rogelio Cantú les brindó la pista determinante que le dio la vuelta al caso de la desaparición de Jehú.

"Tengo entendido que a él se lo entregaron a la Marina en forma económica", les reveló según Janneth, y las mujeres se mostraron extrañadas ante la expresión.

"O sea, no hay documento que diga que se lo entregamos, porque fue así nada más... pero es todo lo que puedo decir".

Fueron a la Marina, pero en forma grosera les desmintieron el ingreso de Jehú al cuartel que tienen en una unidad deportiva en San Nicolás de los Garza.

Desesperadas, pusieron una denuncia ante el fuero común, sin resultado, hasta que el 25 de noviembre los elementos de la Marina Arnulfo Alejandro García y José Francisco Meneses González acudieron a declarar presuntamente por su propia voluntad y confirmaron que tres ministeriales les llevaron al cuartel a Jehú, quien fue revisado durante 15 minutos y, posteriormente, dejado en libertad.

Según los marinos, al salir el joven abordó un taxi que pasó en ese momento por ahí, lo que parece inverosímil dado que el trecho entre la avenida y las instalaciones castrenses es prolongado y no es común el ingreso de vehículos de alquiler a ese tramo.

La historia de Jehú es uno de los casos de desaparecidos en Nuevo León en los que la autoridad no ha presentado avances de ningún tipo.

Por ello, el enigma de dejarlo "en 54" en la Ministerial; su entrega en "forma económica" a la Marina y el misterio de su desaparición están incluidos en el informe emitido en noviembre del 2011 por la organización internacional Human Rights Watch, donde se establece que las víctimas de la guerra contra el crimen organizado en México son criminalizadas y las violaciones a sus derechos permanecen en la impunidad.

Desde entonces, la familia nada sabe del paradero del joven. Janneth, quien duró dos años de novia con Jehú y tras contraer matrimonio vivía con él en la planta superior de la casa de la madre del joven, en San Nicolás, lo describe como un individuo sobreprotector y muy dedicado a su bebé, por lo que en los primeros días de su ausencia, dice la madre, la pequeña parecía buscar la voz de su padre en todas las voces.

"Estaba estudiando Leyes, pero se salió en el tercer semestre porque quedé embarazada y se puso a trabajar para la constructora comprando piezas y supervisando obras", describe su esposa.

Yadira afirma que la desaparición de su hermano ha sido un duro golpe para la familia, la cual había sufrido seis meses antes de lo de Jehú el fallecimiento de su padre.

"Aun y cuando la Marina acepta que lo detuvieron 15 minutos, no hay registro de su ingreso a las instalaciones en San Nicolás", cuenta la hermana. "Hemos ido hasta México a preguntar por él a la SEMAR, pero dicen no saber nada.

"Qué fácil es para los ministeriales desaparecer personas y cómo pueden decir los marinos que salió de la unidad deportiva y tomó un taxi, si eran cerca de las 12 de la noche y al destacamento sólo se llega luego de hacer mucho zigzag en una zona donde no pasan taxis".

En las reuniones con CADHAC, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y el Procurador Adrián de la Garza, comentan las mujeres, el funcionario dice que se está investigando el caso. Pero nunca les ha dicho nada nuevo.

"¿En verdad investigan las desapariciones?", se pregunta Yadira. "Me parece que no".

Hace ya casi 15 meses que nadie sabe de Jehú.

viernes, septiembre 02, 2011

Boletin de CADHAC en relacion a violacion a DH de familia Acosta de Apodaca NL


La familia Acosta, otra víctima de los abusos de la marina 
Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C. (CADHAC) está profundamente consternada por el ataque que sufrió la familia Acosta en la madrugada del día 1º de septiembre en Apodaca, Nuevo León, cuando elementos de la Secretaría de Marina ingresaron violentamente a su casa, mataron a Gustavo Acosta de (31 años) y detuvieron a Daniel Acosta (19 años)
Tomando en cuenta la versión por parte de la hermana del occiso, dada a los medios de comunicación justo después de los hechos, en la que manifiestó que elementos de la Marina llegaron a su casa gritando que abrieran la puerta, estando su papá y su hermano en el piso de abajo, y que tan pronto el hermano abrió la puerta, fue agredido y muerto a balazos, así como las declaraciones de diversos vecinos en el sentido de que los familias no eran delincuentes, CADHAC considera que:
  • El ingreso a los domicilios por parte de las Fuerzas Armadas y la Marina, están violentando derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución y tratados internacionales de derechos humanos.
  • Del testimonio se desprende una probable Ejecución Extrajudicial por parte de la Marina Armada de México.
  • Este tipo de actos deleznables, son cada vez más frecuentes, por lo que urge se actúe dentro del marco legal vigente.
  • Cualquier persona que se presuma sea responsable de un hecho delictivo, debe ser sancionada conforme a derecho, y de ninguna manera sometida a tratos crueles, inhumanos y/o degradantes, a la privación de cualesquiera de sus derechos, incluido el derecho a la vida.
Por lo anterior exigimos de inmediato:
  • Presentación de la persona detenida ante la autoridad civil correspondiente.
  • Presentación por parte de los marinos de la orden de cateo y la orden de arresto con las que debieron contar antes de pretender ingresar a un domicilio privado.
  • Una explicación pormenorizada sobre el uso de la fuerza letal y las causas y los procedimientos de arresto que utilizaron en esta acción.
  • Que se investiguen los hechos, se deslinden las responsabilidades correspondientes y se sancione a los responsables en procedimientos ante juzgadores de orden civil, no militar.
  • Se garantice la integridad jurídica, física y psicológica de toda la familia Acosta.
CADHAC exige que la Secretaría de Marina haga pública la información sobre esta acción. Esta organización quiere recordar que de conformidad con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el Expediente Varios 912/2010, la Marina no es competente para procesar a sus elementos en casos como estos, por lo que el Ministerio Público debe asumir su competencia e investigar cuidadosa y profesionalmente, y el caso debe ser resuelto por tribunales civiles, no por instancias militares.
No es la primera ocasión que los elementos de la Marina Armada de México matan inocentes en el marco de la estrategia federal contra el crimen organizado. Estos actos son indignantes e inadmisibles en una sociedad democrática. CADHAC aboga por un cambio de estrategia que respete auténticamente el Estado de derecho y los derechos humanos de todas las personas.
Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C., es una organización no gubernamental, apartidista y sin fines de lucro, que desde su fundación en 1993 se dedica a la promoción y defensa integral de los derechos humanos.
Cadhac Derechos Humanos, el Viernes, 02 de septiembre de 2011
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos