jueves, mayo 12, 2011

Encuentre las diferencias

Ximena Peredo


De noche el centro de la Ciudad parece una escenografía en descanso. El corredor comercial Morelos queda desahuciado cuando las tiendas cierran y los vendedores recogen su mercancía. Todos obedecen la tétrica orden de la noche. Las luces de neón son las únicas promesas encendidas de que, al día siguiente, se instalará de nuevo el espectáculo. Por eso iba yo triste, pedaleando por donde antes, a la misma hora, no se podía ni caminar.

Me sorprendió, sin embargo, encontrar un grupo de cómicos callejeros rodeados de, tal vez, unas 50 personas. Reían. La imagen parecía recortada de otros tiempos. Locos, celebré, ¿qué hacen riendo a solas, en una ciudad fantasma? Me detuve para constatar que no se tratara de la alucinación que traiciona a los sedientos. La gente se carcajeaba con la imitación que uno de los payasos hacía de alguna lengua indígena. Ése era el chiste. ¡Crac!: la magia se esfumó.

Naco, cholo, indio, maricón, machorra y gata son palabras de uso común, cargadas de una fuerza que hiere -y que nos hiere-, de la que no siempre somos conscientes. La crueldad y la ignorancia se besan en este México confundido que entiende a las burlas y a la violencia como signos de superioridad. Pero regresemos al problema que tenemos instalado en casa. Nuevo León, uno de los cuatro estados más violentos del País, ocupa también los primeros lugares en índices de discriminación.

Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, realizada en 2010 pero cuyos resultados están siendo dados a conocer, Nuevo León tiene el foco de alerta encendido. No sólo somos uno de los tres estados que más justifican el golpear a los niños cuando desobedecen, también somos uno de los tres estados que más discriminan a las minorías étnicas cuando sus integrantes buscan empleo.

Hace unas semanas recibí por correo electrónico la fotografía de un hombre, de tez morena y de baja estatura, de pie sobre una acera de Calzada del Valle, en San Pedro, Garza García. Acompañaba a la foto el alarmante mensaje de: éste es el tipo de personas de otros municipios que uno encuentra en su banqueta los domingos. Sentí miedo. No del Ejército, ni de los policías municipales, ni de los zetas: sino de la altanería disfrazada de decencia.

Esta decencia manda decirle a todo el que rechace o cuestione el programa de empadronamiento de empleados del hogar en San Pedro que somos unos estúpidos. Estúpidos o malandros, nos insulta Mauricio Fernández, quien cancela el diálogo aludiendo a que él, con estúpidos no platica. Este Municipio tiene un enorme monstruo viviendo dentro de sus imaginarios muros: el pánico.

La incomprensión del otro, el miedo al diferente es tal que, a la par de instalar este programa de credencialización de trabajadores, se prohibió el uso de teléfonos celulares a comerciantes informales que osaran entrar al Municipio de cristal. Con estas dos medidas el Edil intentará, según declaró, bajar los índices de robo a casa habitación y el "halconeo". Porque está claro que, para muchos sampetrinos, ser pobre es igual a criminal.

Por eso se aterran al encontrarlos en su camino. Peor aún si con ellos comparten la banqueta. ¿Qué está detrás de este miedo al diferente, al pobre, al indígena? Sería muy simplista cerrar el caso diciendo que quien discrimina por apariencia es un perverso. Tal vez pese más un sentimiento de culpa no tratado, aunque yo me inclino más hacia el desconocimiento. Si nos conociéramos más, venceríamos muchos miedos infundados.

El empadronamiento debe cancelarse. Justificarlo ahora con que será la forma en que esta población acceda a servicios culturales y de salud, que ya son públicos y gratuitos, es doblemente discriminatorio. Muy distinto sería que el Municipio de San Pedro exigiera a los patrones el cumplimiento estricto de los derechos laborales dentro de sus casas. Esto sí que abonaría al clima de justicia y dignidad que precisa la paz.

Pero creer que la discriminación viste exclusivamente de lujo no sólo es erróneo sino clasista. ¿Por qué será que nos cuesta tanto trabajo sentirnos orgullosos de quienes somos sin necesidad de excluir o rechazar al otro?, ¿por qué nos aterra sentirnos idénticos?


ximenaperedo@gmail.com

domingo, mayo 08, 2011

Sicilia en el Zócalo: cambio radical o boicot electoral

En su discurso en el Zócalo de la Ciudad de México, al culminar la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, que se inició el jueves 5 en Cuernavaca, el poeta Javier Sicilia plantea un desafío: o el país todo –sus ciudadanos, sus estructuras políticas, gubernamentales y sociales– se compromete en un nuevo pacto social –paz, justicia y dignidad como premisas– o se hundirá en una fractura de consecuencias impredecibles. Advierte también que el movimiento que él impulsa tiene entre sus objetivos colocar a la clase política y a los poderes ante una disyuntiva: o hay cambios radicales en México o “no aceptaremos más una elección” o, en todo caso, “las elecciones del 2012 serán las de la ignominia”. Transcribimos aquí el discurso completo del poeta, colaborador de Proceso.

Tal vez la era se convierta por completo en un tiempo de penuria. Pero tal vez no, todavía no, aún no, aun a pesar de la inconmensurable necesidad, a pesar de todos los sufrimientos, a pesar de un dolor sin nombre, a pesar de la ausencia de paz en creciente progreso, a pesar de la creciente confusión.

Heidegger



(Nuestro) peso es (nuestro) amor; a donde quiera que se (nos) lleve, es él quien nos lleva. (Ese) don que proviene de (nosotros) nos inflama y nos eleva: (nosotros) ardemos y vamos.

San Agustín



Hemos llegado a pie, como lo hicieron los antiguos mexicanos, hasta este sitio en donde ellos por vez primera contemplaron el lago, el águila, la serpiente, el nopal y la piedra, ese emblema que fundó a la nación y que ha acompañado a los pueblos de México a lo largo de los siglos. Hemos llegado hasta esta esquina donde alguna vez habitó Tenochtitlan –a esta esquina donde el Estado y la Iglesia se asientan sobre los basamentos de un pasado rico en enseñanzas y donde los caminos se encuentran y se bifurcan–; hemos llegado aquí para volver a hacer visibles las raíces de nuestra nación, para que su desnudez, que acompañan la desnudez de la palabra, que es el silencio, y la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a alumbrar el camino.

Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tienen palabras con qué decirse. Es también porque a través de ese silencio nos decimos, y les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiarnos, como asfixiaron el aliento y la vida de mi hijo Juan Francisco, de Luis Antonio, de Julio César, de Gabo, de María del Socorro, del comandante Jaime y de tantos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados con un desprecio y una vileza que pertenecen a mundos que no son ni serán nunca los nuestros; estamos aquí para decirnos y decirles que este dolor del alma en los cuerpos no lo convertiremos en odio ni en más violencia, sino en una palanca que nos ayude a restaurar el amor, la paz, la justicia, la dignidad y la balbuciente democracia que estamos perdiendo; para decirnos y decirles que aún creemos que es posible que la nación vuelva a renacer y a salir de sus ruinas, para mostrarles a los señores de la muerte que estamos de pie y que no cejaremos de defender la vida de todos los hijos y las hijas de este país, que aún creemos que es posible rescatar y reconstruir el tejido social de nuestros pueblos, barrios y ciudades.

Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.

Todos los días escuchamos historias terribles que nos hieren y nos hacen preguntarnos: ¿Cuándo y en dónde perdimos nuestra dignidad? Los claroscuros se entremezclan a lo largo del tiempo para advertirnos que esta casa donde habita el horror no es la de nuestros padres, pero sí lo es; no es el México de nuestros maestros, pero sí lo es; no es el de aquellos que ofrecieron lo mejor de sus vidas para construir un país más justo y democrático, pero sí lo es; esta casa donde habita el horror no es el México de Salvador Nava, de Heberto Castillo, de Manuel Clouthier, de los hombres y mujeres de las montañas del sur –de esos pueblos mayas que engarzan su palabra a la nación– y de tantos otros que nos han recordado la dignidad, pero sí lo es; no es el de los hombres y mujeres que cada amanecer se levantan para ir a trabajar y con honestidad sostenerse y sostener a sus familias, pero sí lo es; no es el de los poetas, de los músicos, de los pintores, de los bailarines, de todos los artistas que nos revelan el corazón del ser humano y nos conmueven y nos unen, pero sí lo es. Nuestro México, nuestra casa, está rodeada de grandezas, pero también de grietas y de abismos que al expandirse por descuido, complacencia y complicidad nos han conducido a esta espantosa desolación.

Son esas grietas, esas heridas abiertas, y no las grandezas de nuestra casa, las que también nos han obligado a caminar hasta aquí, entrelazando nuestro silencio con nuestros dolores, para decirles directamente a la cara que tienen que aprender a mirar y a escuchar, que deben nombrar a todos nuestros muertos –a esos que la maldad del crimen ha asesinado de tres maneras: privándolos de la vida, criminalizándolos y enterrándolos en las fosas comunes de un silencio ominoso que no es el nuestro–; para decirles que con nuestra presencia estamos nombrando esta infame realidad que ustedes, la clase política, los llamados poderes fácticos y sus siniestros monopolios, las jerarquías de los poderes económicos y religiosos, los gobiernos y las fuerzas policiacas han negado y quieren continuar negando. Una realidad que los criminales, en su demencia, buscan imponernos aliados con las omisiones de los que detentan alguna forma de poder.

Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos. O ¿dónde estaban los partidos, los alcaldes, los gobernadores, las autoridades federales, el ejército, la armada, las Iglesias, los congresos, los empresarios; dónde estábamos todos cuando los caminos y carreteras que llevan a Tamaulipas se convirtieron en trampas mortales para hombres y mujeres indefensos, para nuestros hermanos migrantes de Centroamérica? ¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados de la República gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes y continúen en las filas de los partidos y a veces en puestos de gobierno? ¿Por qué se permitió que diputados del Congreso de la Unión se organizaran para ocultar a un prófugo de la justicia, acusado de tener vínculos con el crimen organizado y lo introdujeron al recinto que debería ser el más honorable de la patria porque en él reside la representación plural del pueblo y terminaran dándole fuero y después aceptando su realidad criminal en dos vergonzosos sainetes? ¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió éste lanzar al ejército a las calles en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre? ¿Por qué se trató de hacer pasar, a espaldas de la ciudadanía, una ley de seguridad que exige hoy, más que nunca una amplia reflexión, discusión y consenso ciudadano? La Ley de Seguridad Nacional no puede reducirse a un asunto militar. Asumida así es y será siempre un absurdo. La ciudadanía no tiene por qué seguir pagando el costo de la inercia e inoperancia del Congreso y sus tiempos convertido en chantaje administrativo y banal cálculo político. ¿Por qué los partidos enajenan su visión, impiden la reforma política y bloquean los instrumentos legales que permitan a la ciudadanía una representación digna y eficiente que controle todo tipo de abusos? ¿Por qué en ella no se ha incluido la revocación del mandato ni el plebiscito?

Estos casos –hay cientos de la misma o de mayor gravedad– ponen en evidencia que los partidos políticos, el PAN, el PRI, el PRD, el PT, Convergencia, Nueva Alianza, el Panal, el Verde, se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntarnos en las próximas elecciones ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar? ¿No se dan cuenta de que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas, que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran?

Los partidos políticos debilitan nuestras instituciones republicanas, las vuelven vulnerables ante el crimen organizado y sumisas ante los grandes monopolios; hacen de la impunidad un modus vivendi y convierten a la ciudadanía en rehén de la violencia imperante.

Ante el avance del hampa vinculada con el narcotráfico, el Poder Ejecutivo asume, junto con la mayoría de la mal llamada clase política, que hay sólo dos formas de enfrentar esa amenaza: administrándola ilegalmente como solía hacerse y se hace en muchos lugares o haciéndole la guerra con el ejército en las calles como sucede hoy. Se ignora que la droga es un fenómeno histórico que, descontextualizado del mundo religioso al que servía, y sometido ahora al mercado y sus consumos, debió y debe ser tratado como un problema de sociología urbana y de salud pública, y no como un asunto criminal que debe enfrentarse con la violencia. Con ello se suma más sufrimiento a una sociedad donde se exalta el éxito, el dinero y el poder como premisas absolutas que deben conquistarse por cualquier medio y a cualquier precio.

Este clima ha sido tierra fértil para el crimen que se ha convertido en cobros de piso, secuestros, robos, tráfico de personas y en complejas empresas para delinquir y apropiarse del absurdo modelo económico de tener siempre más a costa de todos.

A esto, ya de por sí terrible, se agrega la política norteamericana. Su mercado millonario del consumo de la droga, sus bancos y empresas que lavan dinero, con la complicidad de los nuestros, y su industria armamentista –más letal, por contundente y expansiva, que las drogas–, cuyas armas llegan a nuestras tierras, no sólo fortalecen el crecimiento de los grupos criminales, sino que también los proveen de una capacidad inmensa de muerte. Los Estados Unidos han diseñado una política de seguridad cuya lógica responde fundamentalmente a sus intereses globales donde México ha quedado atrapado.

¿Como reestructurar esta realidad que nos ha puesto en un estado de emergencia nacional? Es un desafío más que complejo. Pero México no puede seguir simplificándolo y menos permitir que esto ahonde más sus divisiones internas y nos fracture hasta hacer casi inaudibles el latido de nuestros corazones que es el latido de la nación. Por eso les decimos que es urgente que los ciudadanos, los gobiernos de los tres órdenes, los partidos políticos, los campesinos, los obreros, los indios, los académicos, los intelectuales, los artistas, las Iglesias, los empresarios, las organizaciones civiles, hagamos un pacto, es decir, un compromiso fundamental de paz con justicia y dignidad, que le permita a la nación rehacer su suelo, un pacto en el que reconozcamos y asumamos nuestras diversas responsabilidades, un pacto que le permita a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños recuperar su presente y su futuro, para que dejen de ser las víctimas de esta guerra o el ejército de reserva de la delincuencia.

Por ello, es necesario que todos los gobernantes y las fuerzas políticas de este país se den cuenta que están perdiendo la representación de la nación que emana del pueblo, es decir, de los ciudadanos como los que hoy estamos reunidos en el zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades del país.

Si no lo hacen, y se empeñan en su ceguera, no sólo las instituciones quedarán vacías de sentido y de dignidad, sino que las elecciones de 2012 serán las de la ignominia, una ignominia que hará más profundas las fosas en donde, como en Tamaulipas y Durango, están enterrando la vida del país.

Estamos, pues, ante una encrucijada sin salidas fáciles, porque el suelo en el que una nación florece y el tejido en el que su alma se expresa están deshechos. Por ello, el pacto al que convocamos después de recoger muchas propuestas de la sociedad civil, y que en unos momentos leerá Olga Reyes, que ha sufrido el asesinato de 6 familiares, es un pacto que contiene seis puntos fundamentales que permitirán a la sociedad civil hacer un seguimiento puntual de su cumplimiento y, en el caso de traicionarse, penalizar a quienes sean responsables de esas traiciones; un pacto que se firmará en el Centro de Ciudad Juárez –el rostro más visible de la destrucción nacional– de cara a los nombres de nuestros muertos y lleno de un profundo sentido de lo que una paz digna significa.

Antes de darlo a conocer, hagamos un silencio más de 5 minutos en memoria de nuestros muertos, de la sociedad cercada por la delincuencia y un Estado omiso, y como una señal de la unidad y de la dignidad de nuestros corazones que llama a todos a refundar la Nación. Hagámoslo así porque el silencio es el lugar en donde se recoge y brota la palabra verdadera, es la hondura profunda del sentido, es lo que nos hermana en medio de nuestros dolores, es esa tierra interior y común que nadie tiene en propiedad y de la que, si sabemos escuchar, puede nacer la palabra que nos permita decir otra vez con dignidad y una paz justa el nombre de nuestra casa: México. l

*Texto íntegro pronunciado por Javier Sicilia este domingo en el Zócalo y que se puede leer también en la edición 1801 de la revista Proceso, ya en circulación.

La Marcha por la Paz en Imagenes




El Sobreviviente

Javier Sicilia

Toda ausencia es atroz
y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,
de las blancas raíces del pasado.
¿Hacia dónde volverse?;
¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;
¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?
¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,
el vacío insondable de la ausencia?
Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria
y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.

Mas las sombras, las sombras que la interpretación provoca
y nos separa de ellos,
las sombras con su viento todo lleno de la abierta ventana hacia el espacio,
las sombras donde no hay anunciación
trabajan nuestro hueco.
¿Será que ya no hay nada atrás de ellas,
o el oscuro dolor por nuestros muertos
–como el amanecer que empieza a media noche,
a la hora más oscura de la noche–
anuncia su retorno en el sigilo?
¿No es tiempo de encontrarlos nuevamente
donde nada parece retenerlos,
así el roshi descubre el todo en el vacío que
no contiene nada?


Tal vez sí, porque sus voces vienen de los oscuro,
de su vacío vienen
como un rumor de río en un riachuelo,
como un dulce reclamo imperceptible,
como una tenue estrella entre las sombras
vienen sus voces, vienen desde lejos.

Óyelas, corazón, como sólo los monjes sabían escucharlas
atendiendo en el rezo su incesante llamado
con los pies en la tierra.
Así los escuchaban,
escuchando el arriba y el abajo,
preservando en sus tumbas el suelo que habitaron con nosotros.

No es así que tú puedes escucharlos en el espacio en sombras
de un mundo interpretado.

Pero escucha la queja de lo Abierto,
el mensaje incesante, esa advertencia que viene desde lejos,
ese rumor tan suave que casi nadie escucha
y llega a ti de todas las iglesias,
como si en esas piedras, que guardan la memoria de los muertos,
habitara la llama de su estar con nosotros,
de su sola presencia en la resurrección,
y descorriera un poco nuestras sombras.
Porque es difícil vivir en el mundo sin ellos,
difícil no sentir a nuestros muertos alimentando las obras de los hombres;
difícil no seguir sus costumbres, que apenas conocimos;
difícil habitar en las sombras
como un alucinado que repentinamente recobra la memoria
para luego volver a su intemperie;
difícil ver aquello que los hacía nuestros flotar en el espacio y diluirse.
Estar vivo es penoso,
y nosotros, nosotros, que los necesitamos con sus graves secretos,
nosotros, que sabemos que no podrán volver a un mundo interpretado,
a veces escuchamos, como un ligero viento, ascender de las sombras
la música primera
que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;
una nota tan tenue, tan pura como el Cirio
que promete su vuelta en medio de las sombras
y nos trae el consuelo.

Tomado de Tríptico del desierto, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009.

viernes, mayo 06, 2011

Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad en Nuevo León



DOMINGO 8 DE MAYO

ASISTE E INVITA A FAMILIARES, AMIGOS Y VECINOS

RECONSTRUYAMOS JUNTOS LA PATRIA

Carta a Javier Sicilia

Compañero poeta Javier Sicilia:

La trágica mañana del sábado 10 de julio del terrible año 2010, en la pista de aterrizaje de las Minas de Bacis, municipio de Otáez en Durango, fue balaceado mi hermano Jorge Soto Alanís y sus compañeros Nicolás Sánchez y Mario Escada, quienes eran guardias de seguridad de dicha mina, ahí quedaron desangrados, obvio a la par que doloroso es contar la miseria del salario y de las condiciones laborales con que contaban, al igual que los mineros y los millones de trabajador@s en esta nuestra querida patria.

Nadie de la empresa nos avisó, ni nos dieron el pésame y hoy a 10 meses de la tragedia que ha desgarrado nuestras vidas, del dolor mayúsculo, la orfandad en que nos han dejado, la injusticia, la impotencia y el espanto cotidiano, Jorge Herrera Caldera, gobernador, no me ha dado una cita solicitada “N” veces, el banco Santander no nos paga una miseria de seguro de vida, los potentados no me reciben, menos atienden una solicitud de becas para los huérfanos que, sin razón alguna, de pronto se han quedado sin la protección y el cariño de sus padres, además sin el sustento material. Y como sucede con los miles de asesinatos en este maldito clima de violencia que azota de manera brutal al norte de México, los asesinos se pasean impunemente ¿felices? Como canta el hermano mayor León Felipe: ¿Y qué es la justicia? ¿Un pim pam pum de fiesta? ¿Un vocablo gracioso para hacer reír a los dioses y a los hombres?

Con un nudo permanente en la garganta, con las lágrimas ya agotadas, con la indignación y la impotencia por el arrebato inhumano y bestial de mi muy querido hermano Jorge, de sus compañeros, de tu hijo Juan Francisco y sus amigos y de los miles de seres humanos, mexican@s que nos han arrebatado, por esta patria mutilada y prostituida, por la sangre derramada, por la vida, por México, por este dolor nacional y compartido, por la esperanza, estaremos en la Marcha Nacional, acá en Durango entre el horror y el espanto, del jardín de San Antonio a la Plaza de Armas, con flores, guitarras, poemas, pancartas y las palomas de Picasso o las propias, a las once de la mañana, estaremos juntos en todas las plazas del país, a llorar por los ausentes, a gritar, que son tiempos de aullar, como nos dijo José Saramago. Hasta que el sol brille de nuevo en este México herido por la X, que a propósito escogiste.

Un abrazo doloroso y triste.

María Socorro Soto Alanís. Poeta.

miércoles, mayo 04, 2011

¿CUANTOS MUERTOS MÁS PARA PROHIBIR LOS POCITOS DE CARBÓN?



BOLETIN DE PRENSA

¿Hasta cuándo se tendrá que reconocer que hay una crisis muy seria en la minería del carbón en Coahuila de la cual los trabajadores y sus familias son quienes llevan la peor parte con muertos, viudas y huérfanos? ¿Cuántos muertos más para pasar del discurso gastado del que no vuelva a suceder a la acción concertada del gobierno federal y la corresponsabilidad de los empresarios locales? ¿Cuánto hay que esperar y qué más tiene que suceder para transparentar a PRODEMI y evitar que el negocio del carbón siga en las manos del gobierno de Coahuila?

En México, la minería del carbón no ha dejado de cobrar víctimas. Aunque es imposible determinar el número exacto de mineros fallecidos, de 1889 a la fecha, cuando menos han fallecido 1712 mineros siniestrados. 135 de ellos, fallecidos en la última década. En este 2011, Juan Manuel Gómez Gaytán y Daniel Vaquera Contreras, acaecidos en la Mina Lulú, propiedad de Minera Siderúrgica de Coahuila, el 2 de febrero del 2011. El 1º de mayo pasado, lamentamos la muerte de José Luis Rivera Garza, de 41 años, siniestrado en la mina de carbón “san Juan”, municipio de Escobedo, Coah. Llevamos 47 desde el siniestro en Pasta de Conchos, fallecidos a consecuencia de la falta de seguridad y condiciones satisfactorias de empleo como hoy lo pudo constatar el senador Carlos Osuna, presente en Sabinas, Coahuila..



A esta lista hay que sumar la tragedia de los 14 mineros siniestrados la mañana de hoy, en el pozo 3, de Beneficios Internacionales del Norte, S.A. de C.V., propiedad de Alfonso González Vélez. De ahí que nuestra organización, apenas el pasado 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo, llamara a tener a todos estos mineros indefensos como mártires del trabajo.

Por ello, hacemos un llamado desde el sufrimiento y el reclamo de justicia a Felipe Calderón Hinojosa y al Poder Legislativo, para dignificar, sin demora mayor, las condiciones de vida y trabajo de los mineros del carbón y sus familias, mediante las siguientes dos medidas inmediatas: a) prohibir de una vez por todas, la explotación de carbón llamada pocitos, tiros verticales que de forma artesanal, ilegal y criminal, que mantiene a los mineros en condiciones deplorables; y b) emprender de manera inmediata, el rescate de los 63 mineros de Pasta de Conchos que desde hace 63 meses yacen en el socavón.

A una voz ¡RESCATE YA!
ORGANIZACIÓN FAMILIA PASTA DE CONCHOS


CEREAL
Centro de Reflexión y Acción Laboral
proyecto obrero de Fomento Cultural y Educativo A.C.
Privada de Lago San Pedro # 13,
Col. Cinco de Mayo, Del. Miguel Hidalgo,
CP11430, México D.F.
Tel. 01 (55) 52 50 03 28 / 55 45 99 25

A través de Somosuno Radio, un programa radial ciudadano para México y el mundo...


Haciendo Camino, donde la música popular mexicana, la trova, el canto nuevo, la poesía; tienen un espacio de libertad total. Como todos los miércoles de 7 a 8 de la tarde-noche
naturalmente por



En la música: Victor Heredia, León Gieco, Mexicanto, Carlos Arellano, Francisco Barrios,
Iraidia Noriega, Magos Herrera, Betsy Pecanins, Liliana Felipe.

Mensaje AMLO 2 de mayo del 2011

martes, abril 26, 2011

Haciendo Camino, desde Monterrey, México, La Ciudad de la Violencia, homenajeando a los niños

Quienes con su sola presencia hacen mejor este planeta, naturalmente por Somos Uno Radio





En la música: Pablo Milanés, Ana Belen, Pedro Guerra & Julieta Venegas, Alejandro Filio; Carlos
Mejía Godoy, Alberto Cortéz, Mercedes Sosa y máxxx.

domingo, abril 24, 2011

MENSAJE DE PASCUA DE FRAY RAÚL VERA



¡No está aquí ha resucitado! (Mt 28.6)


UN VIACRUCIS E INMENSO SEPULCRO

La tragedia humanitaria que estamos viviendo en el noreste de México, que salvas sus peculiares características, no dista mucho de lo que se vive en el resto del país, no puede pasarnos desapercibida; hoy varios territorios de nuestros estados fronterizos se han convertido en ruta de la muerte, en el actual Vía Crucis donde los secuestros, ejecuciones y el desplazamiento forzado, son una realidad inobjetable, donde las desapariciones forzadas son ya incontables, donde las y los migrantes valen lo que su familiar puede pagar por su rescate. Donde los dueños de algunas empresas prefieren convertirse en cómplices por la muerte de gente inocente, antes que asumir los costos del pago de seguros de vida o arriesgarse a disminuir sus ganancias.
Al noreste mexicano lo han convertido en un inmenso sepulcro, donde ilegítimamente se puede mandar sellar “legalmente” la mina de Pasta de Conchos, así como enterrar en fosas clandestinas a cientos de personas. La impunidad, la injusticia y la negación de todos los derechos humanos es la ley que rige.

Este es el crudo panorama ante el que recibimos en este año las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Sin embargo, sabemos con certeza que Él, que prometió que estaría con nosotros y nosotras hasta el fin del mundo (Cf. Mt 28,20), no está ausente de tanto dolor, de tanto sufrimiento, de tantas lágrimas y lamentos, pues también nos aseguró que Él estaría presente, personalmente, en todos aquellos, en todas aquellas que son víctimas de cualquier sufrimiento y opresión.

Pero como llevamos muy en lo hondo de nuestras conciencias que lo que hagamos por el que sufre a Él lo hacemos, y lo que le neguemos de ayuda, a Él se lo negamos (Cf. Mt 25,31-46), queremos buscar en su Palabra la luz que ilumine nuestra mente y fortalezca nuestras voluntades, para descubrir los signos de su presencia entre nosotros y nosotras, y movernos en su nombre en colaboración con personas y grupos de buena voluntad, a corregir el rumbo de nuestra historia en estos momentos.

LA PASCUA DE CRISTO HACE PASAR A LA HUMANIDAD DE LA MUERTE DEL PECADO A LA VIDA EN DIOS


Jesús categóricamente dijo al fariseo Nicodemo, miembro del Sanedrín de los Judíos que lo fue a visitar de noche, según lo transmite el evangelio de San Juan, que: “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”.
En estas palabras reconocemos la decisión irrevocable que emerge desde lo más profundo del corazón de Dios de rescatar a la humanidad de la destrucción a la que la sometió el pecado, con un modo de vivir que la conduce al fracaso. Se llama “pecado” a las acciones humanas que realizamos con criterios totalmente contrarios a los designios Dios, acciones que nos conducen a cometer todo tipo de injusticias y atropellos contra nuestras y nuestros semejantes, y a ejercitar todo género de violencia contra personas, familias y pueblos, que deja tras de sí tristeza, desolación y muerte.

Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, nos rescata del modelo de vida equivocado al que nos lleva el pecado, como lo dijo Él mismo a Nicodemo durante el diálogo que sostuvieron los dos aquella noche en que el fariseo lo visitó a escondidas de los demás miembros del Sanedrín. En efecto, Jesús le dijo: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios", a lo que Nicodemo replicó: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?". Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tienen que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu." (Jn 3, 3-8)

Cristo estaba hablando de un nuevo nacimiento, del surgimiento de un nuevo orden de cosas que San Pablo entendió muy bien cuando dice: “el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo” (2 Cor 5,17-18). Cuando Jesús ante Nicodemo hace referencia al nuevo nacimiento “de agua y de Espíritu”, está hablando del bautismo, por eso San Pablo en su Carta a los Romanos, explica el bautismo de la siguiente manera: “¿O es que ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos sido hechos una misma cosa con Él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda liberado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre Él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también ustedes, considérense como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Rm 6,3-11).

San Pablo se refiere a que por medio del bautismo nosotros somos integrados a la Pascua de Jesús, es decir, al misterio de su muerte y resurrección; pasamos de la dinámica de la muerte en la que nos introduce el pecado, a vivir ya desde esta tierra una vida que nunca terminará (porque es eterna), que es la vida en Dios. Las obras caducas a las que nos había arrastrado el pecado, que concluyen en la destrucción de personas y de pueblos enteros, son dejadas atrás para dar paso a un orden nuevo de cosas, a cuyo desarrollo nosotras y nosotros debemos colaborar, esto lo afirma San Pablo en la continuación del párrafo de su carta, al que nos hemos referido antes: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcan a sus apetencias. Ni hagan ya de sus miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofrézcanse ustedes mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y sus miembros, como armas de justicia al servicio de Dios” (Rm 6,12-13).
El pecado hace de nosotros y nosotras servidores y servidoras de una cultura de muerte, Jesucristo con su muerte y resurrección, nos rescata para ponernos al servicio de la vida y todo aquello que la hace florecer en cada persona, en cada familia y en cada pueblo.

LA RESUCCIÓN DE JESUCRISTO NOS ABRE EL CAMINO A LA LUZ La celebración de la Vigilia Pascual, que la Iglesia realiza por la noche del sábado santo y termina la madrugada del Domingo de Pascua, es la gran solemnidad anual de la Resurrección de Cristo. Dicha liturgia se inicia con la bendición del Fuego Nuevo, donde se enciende el Cirio Pascual, que representa en las fiestas de pascua a Cristo Resucitado. El ministro que introduce en el templo el Cirio Pascual encendido, mientras recorre la nave del templo, tres veces levanta el Cirio encendido y proclama cantando: “¡CRISTO LUZ DEL MUNDO!” y el pueblo responde cantando también: “¡Demos gracias a Dios!”. A continuación, el mismo ministro que cargó el Cirio, proclama el Pregón Pascual –que es un anuncio solemne de la Resurrección de Cristo- cuyo contenido inicia con estas palabras:

“Alégrense por fin los coros de los ángeles,
alégrense las jerarquías del cielo,
Y por la victoria de rey tan poderoso,
Que las trompetas anuncien la salvación.

“Goce también la tierra inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

“Alégrese también nuestra Madre la Iglesia
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo”.
Se trata, pues, de una fiesta en la que la Iglesia proclama al orbe entero que con Cristo resucitado la tierra ha sido inundada por la luz divina, que ha disipado las tinieblas del error con el que el pecado la tenía cubierta.
La luz que se proyecta con la venida del Hijo de Dios al mundo para vivir en medio de nosotros y nosotras (Cf. Jn 1,14), es una característica que enfatiza el Evangelio de San Juan, cuando anuncia que Aquél que es la Palabra (de Dios), Jesús, vino al mundo, trayendo consigo la luz para todos los hombres y todas las mujeres que lo aceptan (Cf. Jn 1, 4-5.7-12). Este mismo Evangelio transmite que durante su vida en el mundo, Jesús declaró que mientras estuviera entre nosotros y nosotras, tenía que realizar las obras que iluminarán el sentido de nuestra existencia, y debía enseñarnos con su palabra todo aquello que nos lleva a vivir a la luz de la verdad que viene de Dios (Cf. Jn 3,21; 8,12.31; 9,4-5; 10,38 11,9).
Conducir nuestra vida a la luz de su palabra nos lleva a nosotros mismos y nosotras mismas a ser luz del mundo (Cf. Mt 5, 14). Y no solamente proyectamos esta luz individualmente (Cf. Mt 5,15), sino también comunitariamente, como un pueblo organizado a la luz de su palabra (Cf 5,14; Jn 13, 34); por el modo como los discípulos de Jesús nos relacionemos y tratemos a los demás, conocerá el mundo que somos seguidores suyos (Cf. 13,35).

Los Evangelios y los demás escritos de los apóstoles o sus discípulos inmediatos, como es el caso del Libro de los Hechos de los Apóstoles, cuyo autor es San Lucas, discípulo de San Pablo, nos enseñan que a partir de la muerte y la resurrección de Jesús, tras el descontrol que vivieron al verlo crucificado, la vida de sus discípulos y discípulas cambió radicalmente (Cf. Jn 20,11- 29; 21,4-14; Lc 24,13-35.36-41; Mt 28,9-10.16-20; Hch 4,5-22). El caso de San Pablo es uno de los más significativos en el cambio de su vida, como resultado de su encuentro con Jesucristo resucitado; él, en su carta a los Gálatas, transmite su testimonio de esta experiencia (Cf. Gal 1,11-24). El libro de los Hechos de los Apóstoles hace un recuento pormenorizado del encuentro de Pablo con Jesús resucitado a las puertas de la ciudad de Damasco (Cf. Hch 9,1-19). Esta experiencia del resucitado acompañó desde un principio la fe de la Iglesia y sigue siendo hasta el día de hoy el fundamento clave de su vida y de su predicación. A propósito San Pablo llega a decir: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó, y si no resucitó Cristo, nuestra predicación es vana y vana también la fe de ustedes… siguen en sus pecados… Si nuestra esperanza en Cristo se limita sólo a esta vida, ¡somos las personas más dignas de compasión!” (1 Cor 15,13.17-18).

JESÚS RESUCITADO NOS FORTALECE EN EL CAMINO HACIA LA JUSTICIA Y LA PAZNuestro Señor Jesucristo dijo claramente a los apóstoles que sin su salida de este mundo a través de la manera dolorosa como se verificaría, no sería enviado el Espíritu Santo (Cf. Jn 16,7). Después de su resurrección hizo patente que la primera consecuencia en favor de sus discípulos y del mundo entero, de su muerte y resurrección fue el don del Espíritu Santo (Cf. Jn 20, 22-23; Lc 24,49; Hch 1,8); así lo empezaron a anunciar los apóstoles a partir del día de Pentecostés (Cf. Hch 2,22-33). Gracias a la presencia del Espíritu Santo en nosotros, como lo anunció Jesús a sus discípulos, entendemos las enseñanzas de Él para aplicarlas en nuestra historia individual y social, en nuestra existencia como personas, pero también como grupos sociales que vivimos en determinados épocas de la historia, en diversas regiones y culturas (Cf. Jn 16,12-15 ). A quienes creemos en Jesús nos corresponde ser luz del mundo, para que los y las demás, viendo nuestras buenas obras, den gloria a Dios, que es Padre de todos y todas quienes componemos la familia humana (Cf. Mt 5,14-16).

La pascua de Jesús proyecta sobre el mundo entero una luz poderosa que se difunde por medio del evangelio, por eso a los hombres y las mujeres que lo seguimos, nos corresponde asumir las opciones que Él tomó en el tiempo histórico que pasó entre nosotros, como lo afirma Aparecida, el Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, cuando dice que el discípulo de Jesús “se forma para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones (cf. Lc 6, 40b), correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas” (n. 131).

Veamos al menos furtivamente, algunas de las motivaciones que conforman el estilo de vida que Jesús asumió mientras vivió en su condición mortal, y que son la base para que el día de hoy nosotros y nosotras, sus discípulos y discípulas, trabajemos por la construcción del mundo según la novedad que Jesús le imprime a la historia: Para Jesús los más importantes no son los que aplastan y esclavizan a los demás, valiéndose del poder que han adquirido, sino los que se hacen servidores de sus semejantes, los que se preocupan por el prójimo, poniendo especial énfasis en atender a los más pequeños, los más expuestos, quienes están en mayor riesgo, los que son considerados como los más insignificantes de este mundo, los que no cuentan, los excluidos de la tierra (Cf. Mc 10,41-45; Lc 4,16-21; Mt 25,31-40).

Jesús enseñó que todos los hombres y las mujeres tenemos la misma dignidad, que el único grande es Dios y todos nosotros, todas nosotras, somos hermanos y hermanas; por lo tanto, todos tenemos los mismos derechos en esta tierra y las mismas obligaciones de servir a Dios en nuestro prójimo; esa dignidad no depende de si somos hombres o mujeres, si somos judíos o de cualquier nacionalidad, si pertenecemos a una raza o a otra, ni tampoco, si somos de una religión u otra, ni de una determinada condición social (Cf. Mt 23, 8-10; Mc 11,15-17; Is 56,7; Lc 7,37-48; 10,30-37; 21,1-4; 14,12-14).

Jesús fue partidario de una sociedad incluyente, no elitista ni de perfectos (Mt 9,9-13; Mt. 19,13-15; Lc 15,11-31; 19,1-10). Fue muy clara su predilección por los pobres del mundo y su opción por ellos, porque es la opción del Padre, y junto con ello, manifestó su firme decisión por la justicia (Cf. Mt 11,25-26; 25, 31-40; Lc 1,46-55; 4, 16-21; 18,18-27), y por la equitativa distribución de los bienes de la tierra (Lc 6,20-21; 12,16-21; 16,19-31; Mt 19,16-26). No aceptó la discriminación (Jn 4,1-26; 8,1-11; 9,1-39; Mt 8.1-4; Lc 17,11-19).

¡NO ESTÁ AQUÍ, HA RESUCITADO! (Mt 28, 6)Constatamos en la vida de nuestro pueblo la acción potente de Jesús Resucitado, que con su luz rompe las tinieblas en las que se ha intentado atraparlo por medio del terror; hay mujeres y hombres que con temor, pero sobre todo con dignidad, decidieron levantarse, salir al encuentro de la Esperanza, a buscar a quien dieron por desaparecido o por muerto o por muerta.

Así como María Magdalena fue la primera mujer que corrió a compartir la noticia de que Jesús estaba vivo, que la muerte no lo había vencido; con su valor y convicción convocó a más mujeres y hombres a salir de su dolor y caminar hacia el encuentro de la Vida y de la Esperanza. Miles de mujeres y hombres viven hoy lo mismo que ella vivió al no encontrar a su amado (Cf. Jn 20, 11-18).

Cuántas madres corren hoy por los pasillos del Ministerio Público en la búsqueda de sus hijos, corren a los lugares donde hay fosas clandestinas para encontrar a sus esposos, hijas o hijos desaparecidos; cuántas mujeres y hombres lloran y claman en las oficinas de la Procuraduría General de la República para que alguien les diga dónde están sus familiares desaparecidos o ejecutados; cuántas mujeres se enfrentan con las autoridades gubernamentales con el deseo de obtener palabras de aliento y de esperanza; nadie las atiende, sólo encuentran desinterés, corrupción, impunidad y negación.

Sin embargo, con quienes sí se encuentran son con otras mujeres y hombres que han decidido no quedarse parados; sumidos en el dolor y en la muerte. Estas dignas mujeres y hombres se convierten en portadoras y portadores de esperanza cuando alientan con sus palabras a otras personas en la misma situación; ellas y ellos se acompañan entre sí abriendo su corazón, sosteniendo su mirada, compartiendo su experiencia de organizarse para acercar la justicia, estrechando los abrazos para quienes de manera sorpresiva han sido puestas y puestos en el camino de la angustia, de la incertidumbre; cuando los hijos, esposos, hermanos, han sido desaparecidos o ejecutados, no dejan de caminar, no dejan de correr, no dejen de ver, no dejan de escuchar y no dejan de sentir.

Jesús no está desaparecido, no ha muerto ¡Jesús ha resucitado! Y con Él ha resucitado la esperanza de encontrar a nuestros desaparecidos y desaparecidas; encontrar mejores oportunidades de vida para nuestros niños y niñas. De luchar venciendo nuestro dolor y nuestra angustia; de caminar y llevar nuestra historia, que es la historia de muchos y muchas, para no claudicar en la construcción de un México donde la justicia y la paz sean una realidad.

Estos son los signos de que Cristo Resucitado sigue caminando a nuestro lado, que no se hace presente en los que siembran la destrucción, la guerra y la violencia, sino que se hace presente en los pequeños, en los insignificantes, en los débiles que tienen puesta su confianza en Él que es el Dios de la vida y del amor, de la paz y la verdad. Aquel a quien nos sigue revelando Jesucristo con la potencia de su Resurrección, que fortalece a los desvalidos y los levanta como robles de justicia (Cf. Is 61,3), para hacer de ellos constructores de la paz.

Con todo mi corazón les bendigo y les abrazo, para desear a todos y todas, una muy ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Saltillo, Coah., 24 de abril de 2011


Fray Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo

domingo, abril 17, 2011

¡Quiero que me regresen a mis hijos vivos o muertos”

DOLOR. Yola, hermana de Reyna y Miguel Ángel, hija de don Ascención, contempla el altar dedicado a sus hermanos

MORELIA, Mich.— El autobús 3550 de la línea Ómnibus de México cumplió su ruta la mañana del 25 de marzo sólo con el equipaje; los 12 pasajeros procedentes de Morelia desaparecieron antes de llegar a Reynosa.

Los dueños de las maletas fueron “bajados” del camión en la entrada de San Fernando, Tamaulipas, según narró el chofer de la unidad a familiares de seis jóvenes desaparecidos originarios de El Limón de Papatzindán, en el municipio de Tiquicheo.

En ese grupo están Reyna y Misael, de 25 y 24 años, quienes tenían tres días de casados y decidieron emprender un viaje con destino a Houston, Texas, cruzando por Reynosa.

Los recién casados abandonaban por vez primera su comunidad en pos del sueño americano, junto con el hermano de Reyna, Miguel Ángel de 19 años; el primo de Misael, Augusto de 22 años, y dos amigos, Pedro de 20 y Humberto, también de 20.

“El chofer nos dijo que eran como las siete de la mañana cuando le tocó pasar por la oficina de San Fernando, cosa que nos relató, no quería. Y que cuando iba entrando a ese pueblo unas camionetas grises le cerraron el paso y bajaron a todos”, cuenta Jesús, padrastro de Augusto y tío de Misael.

El 28 de marzo, al pasar cuatro días sin saber de los muchachos, Jesús debió apersonarse en las oficinas de Ómnibus de México en la central de Morelia para que le dieran razón de sus seres queridos.

“Tuve que exigirle al gerente que nos ayudara a rastrear lo que había pasado con ellos, porque ya empezaba a salir en las noticias que estaban encontrando cuerpos enterrados y fue que nos entró mucha preocupación”, narra don Jesús, quien dijo que la línea de camiones le aseguró que una vez que llegó el autobús a Reynosa, se levantó una denuncia sobre lo que ocurrió.

El procurador de Justicia local, Jesús Montejano, informó que se sigue la pista del camión y del chofer, y corroboró la versión de la denuncia interpuesta por Ómnibus de México.

El funcionario estatal informó que son 27 michoacanos reportados como desaparecidos en Tamaulipas, con indicios de encontrarse entre las víctimas enterradas en las fosas.

“Esperamos más denuncias conforme pasen los días, pues no se puede descartar que más gente hizo viajes a esa frontera”, dijo el procurador.

Afirmó que ya se enviaron las 27 muestras de ADN tanto a autoridades fronterizas como en Toluca, para verificar las identidades de los desaparecidos con los cadáveres hallados.

El diputado local Antonio García Conejo, presidente de la Comisión de Asuntos Migratorios del Congreso de Michoacán, dijo que desde 2010 se tiene conocimiento de casos de paisanos secuestrados y extorsionados a su paso por Tamaulipas.

“Desde entonces hicimos un llamado a la federación para que atendiera estos asuntos, pero lamentablemente no se nos hizo caso”, dijo, al tiempo en que mostró un exhorto legislativo fechado en enero.

Mientras tanto, en la comunidad de El Limón de Papatzindán, el dolor comunitario es palpable. Cualquiera de sus habitantes conoce o ha escuchado sobre la tragedia de los muchachos.

“Estoy muerto en vida ¿qué más le puedo decir? Estoy harto de tanto abandono, nadie nos atiende, nadie nos dice nada. ¡Lo único que quiero es que me regresen a mis hijos vivos o muertos, pero que me los regresen”, reclama con voz quebrada y tono de resignación el señor Ascención.

Los llantos, entre rezos y súplicas celestiales de toda la familia, se escuchan a metros de distancia de la vivienda de tabicón y teja de la familia, que en principio se rehusa a hablar derivado del dolor que la embarga, aunque a la postre reflexiona y accede a platicar con El UNIVERSAL.

“Yo ya no puedo con esta angustia. Mi muchacho es bueno, trabajador, campesino que se tuvo que ir de aquí para buscar un lugar mejor”, platica María Luisa, madre de Humberto.

Al buscar al gerente de Ómnibus de México en Morelia se informó que éste no se encontraba laborando.

Sin embargo, en el mostrador la venta de boletos con destinos fronterizos a Tamaulipas sigue.

“Le recomiendo que haga su reservación cinco días antes de la fecha en que quiere salir”, dijo el empleado de mostrador a Rafael, quien tiene planeado viajar a Dallas por Laredo.

—¿No le da miedo viajar allá con todo lo que se dice?

—“La verdad, sí y mucho, pero no me queda de otra, tengo asuntos que me urgen atender. Y si yo soy alguien que no se mete con nadie, no me deben hacer nada”.

martes, abril 12, 2011

Haciendo Camino, miercoles 7:00 pm en Somos Uno Radio

Haciendo Camino desde Monterrey, México, la ciudad de la violencia; aderezada de opulencia y marginalidad social

En la música: Pablo Milanés, Alejandro Filio, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez
Chucho y Etc. y máx



En los temas de la semana: Tamaulipas es noticia, más de 100 asesinatos de gente que se atrevió a viajar en carreteras tamaulipecas rumbo a Estados Unidos y al norte del país, resultado de la corrupción de las policías y la alarmante incapacidad de los gobiernos priístas y panistas.

viernes, abril 08, 2011

El camino de la paz

Ximena Peredo
8 Abr. 11

Estoy entendiendo de distinta forma la definición que guardaba Alfonso Reyes del regiomontano. Al definirlo como "un paladín en blusa de obrero, un filósofo sin saberlo", pensaba que Reyes idealizaba a un pueblo callado. Sin embargo, muchos años después, la guerra y la posibilidad diaria de morir nos ha puesto a todos a filosofar. Advertir que nuestra muerte podría suceder en cualquier momento nos está transformando de formas insospechadas, ¿lo ha notado?

Y no me refiero a la crueldad exacerbada de unos pocos, ni a las infancias truncadas por la metralleta. La violencia desatada y la incapacidad de las autoridades para contenerla nos ha obligado a quedarnos con la papa caliente entre las manos. Así hemos iniciado reflexiones vitales. Acusar e insultar a las autoridades, ya lo hemos visto, no ha solucionado el problema. Nos libera momentáneamente de un grito ahogado, pero el terror se multiplica cuando vemos que no valen las palabras, ni las razones.

En cambio, y aunque a la manifestación nacional del miércoles fuimos pocos, estoy convencida de que cada vez somos más quienes llegamos a la conclusión de que esta guerra no sólo es el resultado de una sádica obsesión de quienes nos gobiernan, sino la factura de varias cuentas pendientes. Cuentas que adeudamos casi todos, con excepción de las niñas y los niños.

Quienes saben que la paz nunca es conquistada por la vía armada han decidido abonar al proceso de reconciliación social desechando algunas conductas que ahora reconocen como antisociales. Las reflexiones de Javier Sicilia, sobre todo las que se centran en la compasión hacia los jóvenes mexicanos que asesinan por dinero, nos convocan a practicar sentimientos colectivos que antes desechamos por avaricia, como la solidaridad y el respeto.

Ahora, con la casa en llamas, es más absurdo pelear por lo que antes parecía importante. Ahora, extraviados como nunca, hacemos un exhaustivo ejercicio de memoria para recordar cuántas veces optamos por la dirección equivocada. Conceder al poder y al dinero las dos sillas de honor y comportarnos como sus sirvientes ha sido el argumento de la historia que hemos escrito en los últimos 30 años.

Las principales víctimas de esta historia no somos nosotros, que recientemente tememos salir a la calle, sino quienes mueren por no tener dinero para comer o para curarse. Los grandes perdedores de esta guerra son quienes se han acostumbrado a la marginación. El derecho a la vida está seriamente comprometido en este País, pero esto no es un fenómeno reciente.

Lo más trágico de morir por una bala perdida es caer asesinado por una persona que sabe que su propia cabeza tiene un precio. ¿Cómo es un día cotidiano en la vida de un sicario?, ¿cómo ha sido la vida de un joven soldado? Quien mata por dinero o por poder está sufriendo profundamente, eso no lo podemos perder de vista. Quien paga por la cabeza de alguien jamás ha escuchado que la comunidad lo necesita. Ésta es la gran desgracia instalada en México.

Por eso he dejado de ponerle nombre y apellido al fracaso. Me parece importante fijar posturas básicas sobre la negligencia deliberada de las autoridades, pero el problema no se resolvería aunque se fueran todos. De hecho, me suena a gran estafa la campaña golpista orquestada en contra de Rodrigo Medina. No hay cómo defenderlo, ni intento parecer su abogada, pero me parece no sólo patético, sino deprimente que alguien pretenda aprovechar esta crisis para capitalizarse políticamente pues, en lo profundo, se trata de una crisis moral.

En la concentración ciudadana del miércoles pasado se escuchó más fuerte el deseo de una reconciliación que la diatriba o el desahogo encolerizado.

Sí, muchos se han envenenado de miedo, por eso desesperan, por eso creen saber quién es el culpable. Otros, en cambio, han iniciado un proceso necesario de revisión personal, familiar y colectivo. Unos van en el tren de la guerra, aunque digan detestarla; los otros han decidido tomar el camino de la paz.