Mostrando las entradas con la etiqueta ejercito. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ejercito. Mostrar todas las entradas

miércoles, enero 25, 2012

De la Policía al narco

Daniel de la Fuente

Israel Arenas Durán ni siquiera había cumplido la mayoría de edad, pero qué edad es ésa cuando se trabaja desde muy chico para ganar los pesos que permiten cooperar para que en la mesa de la casa haya alimento y, si acaso algo queda, para pasar el rato con los amigos.

El viernes 17 de junio pasado, el joven veracruzano de 17 años había ido a dejar un pedido a un señor al que le urgían unas plantas. Iba en compañía de otros tres chicos oriundos de su rancho natal, La Perla, a 10 kilómetros del Pico de Orizaba: Adrián Nava Cid, de 23 años, así como los hermanos Reynaldo y Javier García Álvarez, de 26 y 20 años, respectivamente.

Todos trabajaban en el vivero que desde hace dos años sostiene con familiares y amigos José Emiliano Arenas Nicanor, de 40 años, padre de Israel, en el municipio de Juárez, a 20 minutos de la capital nuevoleonesa.

Los cuatro jóvenes decidieron ir a disfrutar del viernes al bar California, ubicado sobre la Avenida Eloy Cavazos. Al cabo de un rato, como a las 22:00 horas, Emiliano y su mujer, Luz María Durán, se preparaban para la cena, por lo que le pidieron al hijo más chico, Irving, de 15 años, que les hablara a los muchachos.

Israel contestó y le dijo a su hermano que le llevara 170 pesos para completar la cuenta, pues habían pedido de última hora una cubeta con cervezas.

En lo que informó a sus padres, se preparó y salió en su auto para ir por él al California, Irving se percató de que la unidad 131 de tránsito de Juárez iba por la avenida persiguiendo la camioneta de su hermano, por lo que se dirigió tras ellos.

Cuando les dio alcance en la calle Coahuila cruz con Pablo Livas, los tránsitos habían bajado de su camioneta a Israel y lo estaban subiendo esposado a una camioneta gris con personas cuyos rostros no alcanzó a distinguir.

Uno de los oficiales, Juan Eduardo de León Pérez, quien físicamente subió a Israel al vehículo, se le quedó mirando a Irving y, sin más, le dijo que lo estaba deteniendo porque abolló la patrulla.

"¿Eres familiar de él?", le preguntó a Irving, quien sin dejar de mirar a su hermano, que era subido en estado de ebriedad a la camioneta, dijo que no.

Al recordar esto, el chico baja la vista. Sus padres le miran y palmean comprensivos, porque dicen que de haber confirmado el parentesco, Irving también habría sido levantado y no sería sólo un hijo desaparecido, sino dos.

Ante la respuesta del chico, los agentes lo corrieron del sitio con palabras soeces. El joven volvió a casa y narró a sus padres lo ocurrido con el mayor de sus dos hermanos. Luz María acudió a las instalaciones de Policía y Tránsito de Juárez y, como no la querían atender, amenazó con ir a una televisora.

"Déjeme veo si están sus muchachos, pero nosotros encontramos abandonada la camioneta de su hijo", le dijo a la mujer de 37 años un supuesto comandante en referencia al vehículo, en ese momento en el corralón.

"No es cierto", intervino Irving. "Yo vi cuando lo bajaron de su camioneta, lo esposaron y subieron a una camioneta gris".

Al ver la determinación con la que acudieron la madre y el hermano de Israel, el sujeto vestido de civil dijo que esperaran para ver si tenían a los jóvenes con los ministeriales. Volvió a la hora y media.

"Ahí los tienen", dijo. "Nada más que ahorita no se los van a enseñar porque les pusieron unas 'cachetaditas'. Vénganse mañana".

Pero no fue así. Al día siguiente la camioneta desapareció del corralón y en la policía juarense ya nadie quiso atender a la familia Arenas, además de que no volvió a aparecer el "comandante" que les confirmó la llegada de los chicos al cuartel.

Incluso de la bitácora del corralón fue arrancada la hoja de entradas y salidas de ese día, aunque ellos lograron obtener del servicio de grúas una copia donde se confirma la llegada del vehículo al predio municipal.

La familia acudió después al bar California y ahí se enteraron de que al parecer la encargada del lugar, una mujer de nombre Martha Dalia Cortés, le habló a los tránsitos de Juárez, quienes detuvieron a los jóvenes y entregaron a un grupo de zetas a tres de los cuatro que habían llegado juntos.

Israel intentó huir, pero fue interceptado por la patrulla 131, la cual hasta llegó a chocar su camioneta.

Luz María lamenta que cuando estuvo indagando sobre los muchachos el día de su detención no se comunicó de inmediato con el Ejército.

De hecho, cuenta, al estar preguntando por ellos pasó un convoy militar frente a la dependencia municipal y vio que los empleados de Policía y Tránsito de Juárez se pusieron muy nerviosos, entraron de inmediato a las instalaciones y las secretarias dijeron en voz alta que todos escondieran los celulares porque "a'i van los militares".

···

Al paso de los días, al ver el limbo en el que estaba cayendo el paradero de los jóvenes, la familia Arenas levantó denuncias, fue al Consejo Estatal de Derechos Humanos y a la Séptima Zona Militar.

Un comandante de la Agencia Estatal de Investigaciones se puso en contacto con Emiliano y les dijo que les enviaría elementos destacamentados en Juárez, lo que les dio desconfianza, porque explica que le costaba trabajo creer que ministeriales y policías municipales no estuvieran aliados.

Pasó el tiempo. El jueves 23 de junio la familia se dirigía al tianguis a vender ropa cuando Irving vio pasar la camioneta de Israel con rumbo al cuarto sector del Fraccionamiento Las Gardenias.

Frente al domicilio al que llegó el vehículo, Emiliano habló a la Ministerial, pero los elementos llegaron por la noche y la camioneta ya no estaba y nadie abrió la puerta. Esperanzado en que ahí estuvieran su hijo y sus amigos, Emiliano se dio la vuelta a la mañana siguiente y la volvió a ver estacionada afuera del domicilio.

Llamó a la Ministerial y le dijo al oficial que se apresuraran para que los delincuentes no huyeran.

"No se van", les dijo el oficial, al parecer familiarizado con los hábitos de la delincuencia. "Son como los vampiros, andan en la noche y en el día duermen".

Hasta la tarde llegaron ministeriales y militares, y reventaron la propiedad.

Emiliano, bronco y desesperado, entró al domicilio a buscar a su muchacho, pero no estaba, sólo vio a un sujeto tatuado al que la autoridad aprehendió por la posesión del vehículo que, dijo, le habían prestado. Curiosamente a él le hallaron el estéreo que no figuraba cuando vieron la camioneta en el corralón, por lo que dedujeron complicidad entre los dueños del predio y la delincuencia.

Sin noticia alguna, la familia ha ido y venido de una instancia a otra. Hay sólo tres aprehendidos: el sujeto que tenía la camioneta, la encargada del bar California y el oficial de tránsito De León Pérez, quien declaró que entregó a los muchachos a miembros de los zetas, identificados con apodos, pero nada más.

El responsable de la investigación en la Ministerial cambió el celular sin avisarles.

Emiliano se hacía presente con el fiscal Jesús Tavera para suplicarle llorando que investigara. Tanto insistió que un día le azotó la puerta, desesperado: "¡¿Qué esperan para investigar?!", rugió. "¿Encontrarlos muertos?".

El fiscal, quien luego fue sustituido, mandó traer una patrulla. Emiliano no salía del asombro.

"Es el colmo", les gritó, llorando. "Sí, llévenme a la cárcel para que se sepa la clase de autoridad que tenemos".

No hubo celda para Emiliano, pero tampoco la necesita: basta la impunidad con la que la autoridad ha manejado el caso.

La familia cree que, dado que los captores no han hablado para pedir rescate por los muchachos, forjados a las labores duras en el vivero, quizá los tengan trabajando en algún lado. En algún monte. En algún infierno.

Israel, cuentan, llegó hasta primer año de secundaria y decidió dedicarse al trabajo con su padre para sacar adelante a su familia y a los que vinieran de su pueblo. Le gusta la siembra, en especial las palmas, y los diseños con piedra de mármol.

"Siempre andaba mugroso mijo, si no estaba sembrando estaba haciendo sus diseños de jardín", afirma Emiliano y aquel hombre sencillo, fornido y curtido por el sol comienza a llorar desconsoladamente.

"Está chiquito mijo... igual los otros muchachos", dice con la voz entrecortada por el dolor. "¿Qué les hacían...? Nada malo, sólo se dedicaban a trabajar y a trabajar".

Los tres muchachos restantes, dice, son como sus hijos y él les procuraba un buen futuro, por lo que les decía que ahorraran un poco de lo que ganaban para tener un pequeño patrimonio y beneficiar a los que se quedaron en el pueblo.

Adrián tiene tres hijos; Reinaldo, una niña. Sus familias en el rancho La Perla no terminan de llorar su ausencia.

"Nosotros vinimos a trabajar, a salir adelante porque allá en el rancho no hay trabajo", afirma Emiliano, decepcionado de la actuación de la autoridad: la de Juárez, la Ministerial. Toda.

"Ahora nos hacen esto... Nomás volviendo mis muchachos, de veras, se lo juro, yo me los llevo de regreso al pueblo. Contra los que hicieron esto no pido nada. Nos vamos".

viernes, septiembre 02, 2011

Boletin de CADHAC en relacion a violacion a DH de familia Acosta de Apodaca NL


La familia Acosta, otra víctima de los abusos de la marina 
Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C. (CADHAC) está profundamente consternada por el ataque que sufrió la familia Acosta en la madrugada del día 1º de septiembre en Apodaca, Nuevo León, cuando elementos de la Secretaría de Marina ingresaron violentamente a su casa, mataron a Gustavo Acosta de (31 años) y detuvieron a Daniel Acosta (19 años)
Tomando en cuenta la versión por parte de la hermana del occiso, dada a los medios de comunicación justo después de los hechos, en la que manifiestó que elementos de la Marina llegaron a su casa gritando que abrieran la puerta, estando su papá y su hermano en el piso de abajo, y que tan pronto el hermano abrió la puerta, fue agredido y muerto a balazos, así como las declaraciones de diversos vecinos en el sentido de que los familias no eran delincuentes, CADHAC considera que:
  • El ingreso a los domicilios por parte de las Fuerzas Armadas y la Marina, están violentando derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución y tratados internacionales de derechos humanos.
  • Del testimonio se desprende una probable Ejecución Extrajudicial por parte de la Marina Armada de México.
  • Este tipo de actos deleznables, son cada vez más frecuentes, por lo que urge se actúe dentro del marco legal vigente.
  • Cualquier persona que se presuma sea responsable de un hecho delictivo, debe ser sancionada conforme a derecho, y de ninguna manera sometida a tratos crueles, inhumanos y/o degradantes, a la privación de cualesquiera de sus derechos, incluido el derecho a la vida.
Por lo anterior exigimos de inmediato:
  • Presentación de la persona detenida ante la autoridad civil correspondiente.
  • Presentación por parte de los marinos de la orden de cateo y la orden de arresto con las que debieron contar antes de pretender ingresar a un domicilio privado.
  • Una explicación pormenorizada sobre el uso de la fuerza letal y las causas y los procedimientos de arresto que utilizaron en esta acción.
  • Que se investiguen los hechos, se deslinden las responsabilidades correspondientes y se sancione a los responsables en procedimientos ante juzgadores de orden civil, no militar.
  • Se garantice la integridad jurídica, física y psicológica de toda la familia Acosta.
CADHAC exige que la Secretaría de Marina haga pública la información sobre esta acción. Esta organización quiere recordar que de conformidad con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el Expediente Varios 912/2010, la Marina no es competente para procesar a sus elementos en casos como estos, por lo que el Ministerio Público debe asumir su competencia e investigar cuidadosa y profesionalmente, y el caso debe ser resuelto por tribunales civiles, no por instancias militares.
No es la primera ocasión que los elementos de la Marina Armada de México matan inocentes en el marco de la estrategia federal contra el crimen organizado. Estos actos son indignantes e inadmisibles en una sociedad democrática. CADHAC aboga por un cambio de estrategia que respete auténticamente el Estado de derecho y los derechos humanos de todas las personas.
Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C., es una organización no gubernamental, apartidista y sin fines de lucro, que desde su fundación en 1993 se dedica a la promoción y defensa integral de los derechos humanos.
Cadhac Derechos Humanos, el Viernes, 02 de septiembre de 2011
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

Silencio

Ximena Peredo Hay que ser valiente para no creerse el cuento de los quesos oaxaqueños porque advirtiendo -ya no sospechando- que somos rehenes de los negocios privados de "las autoridades", el resto del teatro se cae a pedazos. Y eso nos da pavor. La política vende palabras. El miedo es la materia prima de este negocio, pues la gente aterrada compra ilusiones. Un hermano aterra, el otro vende falsas ilusiones. El tele-pueblo los enriquece a ambos al impulsar sus negocios creyendo que defiende a su Ciudad. ¡Más seguridad, más armas, más soldados! Qué bien va todo. Fernando y Jonás Larrazabal son apenas un botón de muestra. Ante el derrumbe de los mercados financieros, los políticos-empresarios están decididos a saquearlo todo. Tomaron las oficinas públicas para hacer sus negocios sin ningún tipo de concesión. Natividad González Parás y Luis González Parás abandonaron la escena cuando el público aplaudía ya con un gesto de suspicacia. La élite política se está repartiendo nuestra Ciudad y nosotros, tontos, les estamos creyendo que es por nuestro bien refugiarnos en nuestras casas, calladitos y con el corazón desbocado. Ante la tragedia en el Casino Royale, el Estado mexicano contestó enviando 3 mil soldados a las calles de Monterrey. Mucha gente lo celebró de buena fe, pero también por crédula, porque lleva muchos años replicando las opiniones de otros, pero no se ha comprometido en formar su propia opinión. Carlos Monsiváis dijo que la opinión pública en México estaba muerta y hoy esta incapacidad nos condena a un inminente Estado de excepción. Entérese que los soldados y los marinos son obreros que trabajan para un patrón. Entérese pronto. Tenemos muy poco tiempo para caer en cuenta de que no existen los dioses del Olimpo. No hay nadie allá arriba, en la torre, velando por nuestra seguridad. Los políticos menos peligrosos gastan su tiempo frente al espejo, viendo qué perfil les favorece más. Los peligrosos están rompiendo las leyes como auténticos criminales. Tampoco hay tiempo para comprar el patético papel de víctimas. Esto que hoy estamos viendo en el caso Larrazabal lo han venido alertando un puñado de regiomontanos a quienes la sociedad prefirió tachar de conflictivos. Aquí en Monterrey estamos tan programados a resistir maltratos que señalamos a quien protesta y le gritamos: "¡ponte a jalar!". Sentirnos parte de un montón de gente que toma cerveza y ve futbol nos hizo creer que pertenecíamos a un grupo con identidad. Pero la realidad es otra. Yo asistí a la Explanada de los Héroes el domingo pasado, a la concentración convocada por varias organizaciones y encabezada por Ccinlac. Me preguntaba si sería prudente asistir a un evento claramente "renunciantista" que, desde mi opinión, se equivoca creyendo que el problema se reduce a personas incompetentes en puestos claves. Del grupo empresarial es difícil -pero no imposible- que emane un discurso más complejo, que entienda la obsolescencia de un sistema de creencias como el problema de origen. Esto los obligaría a reflexionar sobre qué tanto alimentan y toleran un sistema de privilegios y desigualdades. Por eso se quedan en exigir la renuncia de un personaje -de dos, de tres, de cuatro- que, por otro lado, sólo son parapetos de los verdaderos poderosos. Hemos sido enterados del descontrol que reinó en la concentración del domingo una vez que los organizadores abandonaron la plaza. Pero hay que decir que al menos la mitad de las personas no pudimos irnos. Comenzamos a organizarnos para hacer una fila y compartir por dos minutos el desahogo, las propuestas o las ideas. Las cámaras estuvieron entretenidas viendo a cinco individuos patear la puerta del Palacio, pero muy pocos medios consignaron este ejercicio de casi mil ciudadanos organizados para escucharse durante más de dos horas. Histórico. Ya estoy oyendo que me dicen "muy bien, pero ¿cuál es tu propuesta?". Ahí les va: mi propuesta es bajarnos del escenario de la competencia de "propuestas". No busco seguidores, sino ideas. No traigo prisa. Lo que nos toca es, de verdad, calmarnos. Aceptar que perdimos rumbo y escuchar. Las ideas totalizadoras han fracasado. El que diga que tiene la solución miente. Hagamos silencio.

jueves, julio 21, 2011

México no es cuartel

John M. Ackerman


Ha llegado la hora para el retiro de los militares de las calles. La situación actual ya no es sostenible, con casi 50 mil integrantes de las fuerzas armadas que se encargan de manera cotidiana de tareas de seguridad pública. Estamos en una coyuntura de abuso generalizado contra los derechos humanos y de violación flagrante a la Constitución, así como frente a un abierto fracaso en el combate a la violencia y a la delincuencia organizada. Es imperativo determinar una fecha específica y cercana para el retorno de los soldados a sus cuarteles.

En su momento, el gobierno federal justificó la estrategia de recurrir al Ejército y a la Marina como una medida temporal que supliría a las corporaciones policiacas del país mientras éstas “limpiaban” y “profesionalizaban” su personal. Pero la “medida temporal” se ha convertido en una misión permanente para “mantener la paz” en toda la República. De allí la desesperación por aprobar las reformas a la Ley de Seguridad Nacional que buscan “legalizar” las acciones que hoy violentan gravemente el mandato constitucional de que los militares únicamente puedan “ejercer funciones” que “tengan exacta conexión con la disciplina militar” (artículo 129).

Estamos por cumplir cinco años del inicio de la “guerra” de Felipe Calderón y las autoridades no cansan de informarnos que los militares deberán seguir en las calles durante por lo menos siete o 10 años más. Pero no existe ninguna garantía de que al término de este plazo no se pida una prórroga por otro periodo igual, y así sucesivamente hasta que se eternice la estrategia actual. Asimismo, cada vez más mandos militares son nombrados jefes de corporaciones policiacas y procuradurías estatales. Más que un plan de desmilitarización, hoy asistimos a un evidente proceso de profundización de la vía militar.

Recientemente han surgido voces que, si bien son críticas de la militarización, cuestionan la demanda de un retiro inmediato de las fuerzas armadas en todo el país. Señalan que encuartelar a todos los militares de golpe sería igual de irresponsable que su atropellado despliegue al principio del mandato de Calderón. También invitan a reflexionar sobre las diferencias entre diversas zonas del país, en algunas de las cuales la influencia militar supuestamente ha sido positiva, o por lo menos no tan nociva, como en Cherán, Michoacán, en comparación con otras, como Ciudad Juárez.

Estos puntos de vista son muy respetables, y hasta correctos desde un punto de vista estrictamente práctico. Sin embargo, en el plano estratégico se encuentran gravemente equivocadas. El peligro es que al suavizar la demanda social quedemos presos del juego de Calderón, que busca presentar a las fuerzas armadas como la única solución frente a la barbarie y el desmoronamiento institucional.

Hoy la sociedad no puede darse el lujo de solamente exigir la “desmilitarización” en abstracto. Un reclamo de esta naturaleza será fácilmente asimilado por el gobierno, que aplazará artificialmente el retiro de las fuerzas armadas, tal y como ya está ocurriendo. Si la ciudadanía quiere tener la posibilidad de incidir realmente en las políticas gubernamentales tiene que retomar el grito histórico del movimiento de solidaridad con Chiapas en 1994 (“Chiapas, Chiapas no es cuartel. Fuera Ejército de él”) y aplicarlo al resto del país.

Las fuerzas armadas hoy han llegado a ser más parte del problema que de la solución. Si bien puede ser cierto que en algunas partes del país su llegada ha llenado un gran vacío generado por la corrupción y la inefectividad de las instituciones y autoridades locales, su permanencia en esta función garantiza que los problemas de fondo, por ejemplo la profesionalizacion de la fuerza pública o la atención a la juventud, no se resuelvan en el corto plazo. Con el pretexto de tener supuestamente “controlado” el tema con hombres uniformados y fuertemente armados que patrullan las calles, ya no existe la misma presión social o compromiso institucional para atender la problemática de raíz.

Asimismo, las fuerzas armadas de ninguna manera escapan a la corrupción y no están capacitadas para realizar tareas de seguridad pública. Tarde o temprano los militares caerán presos de las mismas prácticas de complicidad e inefectividad de los policías. La utilización política del Ejército en el caso de la detención de Jorge Hank Rhon y las miles de denuncias de violaciones a los derechos humanos por militares son ejemplos claros de ello. Las protecciones garantizadas por el fuero militar, asunto todavía no resuelto aún con los nuevos criterios de la Suprema Corte, también ayudan a propiciar este escenario al garantizar la impunidad de los delitos cometidos contra civiles.

Lo realmente grave es que a la postre el despliegue permanente de los soldados podría desembocar en la pérdida de confianza de la sociedad entera en la institución militar. Así, la ciudadanía se encontraría en una verdadera situación límite, ya que ahora sí tendría que exigir el retiro inmediato de las fuerzas militares sin que existiera ninguna otra fuerza disponible para reemplazarlas.

Actuemos y exijamos ahora, antes de que sea demasiado tarde. En lugar de buscar vías para la “legalización” de la violación permanente a la Constitución con la aprobación de una nueva Ley de Seguridad Nacional durante un periodo extraordinario legislativo, el gobierno federal y el Congreso de la Unión deberían fijar de una vez por todas una fecha específica y un plan detallado para el retiro de las topas de nuestras calles, pueblos y hogares antes de las elecciones de 2012.


Twitter: @JohnMAckerman

lunes, febrero 14, 2011

LA GUERRA DEL MÉXICO DE ARRIBA


“Yo daría la bienvenida casi a cualquier guerra
porque creo que este país necesita una”.
Theodore Roosevelt.

Y ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no sólo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografías o calendarios distantes, sino que empieza a gobernar las decisiones e indecisiones de quienes pensaron que los conflictos bélicos estaban sólo en noticieros y películas de lugares tan lejanos como… Irak, Afganistán,… Chiapas.

Y en todo México, gracias al patrocinio de Felipe Calderón Hinojosa, no tenemos que recurrir a la geografía del Medio Oriente para reflexionar críticamente sobre la guerra. Ya no es necesario remontar el calendario hasta Vietnam, Playa Girón, siempre Palestina.

Y no menciono a Chiapas y la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas, porque ya se sabe que no están de moda, (para eso el gobierno del estado de Chiapas se ha gastado bastante dinero en conseguir que los medios no lo pongan en el horizonte de la guerra, sino de los “avances” en la producción de biodiesel, el “buen” trato a los migrantes, los “éxitos” agrícolas y otros cuentos engañabobos vendidos a consejos de redacción que firman como propios los boletines gubernamentales pobres en redacción y argumentos).

La irrupción de la guerra en la vida cotidiana del México actual no viene de una insurrección, ni de movimientos independentistas o revolucionarios que se disputen su reedición en el calendario 100 o 200 años después. Viene, como todas las guerras de conquista, desde arriba, desde el Poder.

Y esta guerra tiene en Felipe Calderón Hinojosa su iniciador y promotor institucional (y ahora vergonzante).

Quien se posesionó de la titularidad del ejecutivo federal por la vía del facto, no se contentó con el respaldo mediático y tuvo que recurrir a algo más para distraer la atención y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra.

Cuando Felipe Calderón Hinojosa hizo suya la proclama de Theodore Roosevelt (algunos adjudican la sentencia a Henry Cabot Lodge) de “este país necesita una guerra”, recibió la desconfianza medrosa de los empresarios mexicanos, la entusiasta aprobación de los altos mandos militares y el aplauso nutrido de quien realmente manda: el capital extranjero.

La crítica de esta catástrofe nacional llamada “guerra contra el crimen organizado” debiera completarse con un análisis profundo de sus alentadores económicos. No sólo me refiero al antiguo axioma de que en épocas de crisis y de guerra aumenta el consumo suntuario. Tampoco sólo a los sobresueldos que reciben los militares (en Chiapas, los altos mandos militares recibían, o reciben, un salario extra del 130% por estar en “zona de guerra”). También habría que buscar en las patentes, proveedores y créditos internacionales que no están en la llamada “Iniciativa Mérida”.

Si la guerra de Felipe Calderón Hinojosa (aunque se ha tratado, en vano, de endosársela a todos los mexicanos) es un negocio (que lo es), falta responder a las preguntas de para quién o quiénes es negocio, y qué cifra monetaria alcanza.

Algunas estimaciones económicas.

No es poco lo que está en juego:

(nota: las cantidades detalladas no son exactas debido a que no hay claridad en los datos gubernamentales oficiales. por lo que en algunos casos se recurrió a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación y se completó con datos de las dependencias e información periodística seria).

En los primeros 4 años de la “guerra contra el crimen organizado” (2007-2010), las principales entidades gubernamentales encargadas (Secretaría de la Defensa Nacional –es decir: ejército y fuerza aérea-, Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República y Secretaría de Seguridad Pública) recibieron del Presupuesto de Egresos de la Federación una cantidad superior a los 366 mil millones de pesos (unos 30 mil millones de dólares al tipo de cambio actual). Las 4 dependencias gubernamentales federales recibieron: en 2007 más de 71 mil millones de pesos; en 2008 más de 80 mil millones; en 2009 más de 113 mil millones y en 2010 fueron más de 102 mil millones de pesos. A esto habrá que sumar los más de 121 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dólares) que recibirán en este año del 2011.

Tan sólo la Secretaría de Seguridad Pública pasó de recibir unos 13 mil millones de pesos de presupuesto en el 2007, a manejar uno de más de 35 mil millones de pesos en el 2011 (tal vez es porque las producciones cinematográficas son más costosas).

De acuerdo al Tercer Informe de Gobierno de septiembre del 2009, al mes de junio de ese año, las fuerzas armadas federales contaban con 254, 705 elementos (202, 355 del Ejército y Fuerza Aérea y 52, 350 de la Armada.

En 2009 el presupuesto para la Defensa Nacional fue de 43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos, a los que sumaron 8 mil 762 millones 315 mil 960 pesos (el 25.14% más), en total: más de 52 mil millones de pesos para el Ejército y Fuerza Aérea. La Secretaría de Marina: más de 16 mil millones de pesos: Seguridad Pública: casi 33 mil millones de pesos; y Procuraduría General de la República: más de 12 mil millones de pesos.

Total de presupuesto para la “guerra contra el crimen organizado” en 2009: más de 113 mil millones de pesos

En el año del 2010, un soldado federal raso ganaba unos 46, 380 pesos anuales; un general divisionario recibía 1 millón 603 mil 80 pesos al año, y el Secretario de la Defensa Nacional percibía ingresos anuales por 1 millón 859 mil 712 pesos.

Si las matemáticas no me fallan, con el presupuesto bélico total del 2009 (113 mil millones de pesos para las 4 dependencias) se hubieran podido pagar los salarios anuales de 2 millones y medio de soldados rasos; o de 70 mil 500 generales de división; o de 60 mil 700 titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Pero, por supuesto, no todo lo que se presupuesta va a sueldos y prestaciones. Se necesitan armas, equipos, balas… porque las que se tienen ya no sirven o son obsoletas.

“Si el Ejército mexicano entrara en combate con sus poco más de 150 mil armas y sus 331.3 millones de cartuchos contra algún enemigo interno o externo, su poder de fuego sólo alcanzaría en promedio para 12 días de combate continuo, señalan estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional (Emaden) elaboradas por cada una de las armas al Ejército y Fuerza Aérea. Según las previsiones, el fuego de artillería de obuseros (cañones) de 105 milímetros alcanzaría, por ejemplo, para combatir sólo por 5.5 días disparando de manera continua las 15 granadas para dicha arma. Las unidades blindadas, según el análisis, tienen 2 mil 662 granadas 75 milímetros.

De entrar en combate, las tropas blindadas gastarían todos sus cartuchos en nueve días. En cuanto a la Fuerza Aérea, se señala que existen poco más de 1.7 millones de cartuchos calibre 7.62 mm que son empleados por los aviones PC-7 y PC-9, y por los helicópteros Bell 212 y MD-530. En una conflagración, esos 1.7 millones de cartuchos se agotarían en cinco días de fuego aéreo, según los cálculos de la Sedena. La dependencia advierte que los 594 equipos de visión nocturna y los 3 mil 95 GPS usados por las Fuerza Especiales para combatir a los cárteles de la droga, “ya cumplieron su tiempo de servicio”.

Las carencias y el desgaste en las filas del Ejército y Fuerza Aérea son patentes y alcanzan niveles inimaginados en prácticamente todas las áreas operativas de la institución. El análisis de la Defensa Nacional señala que los goggles de visión nocturna y los GPS tienen entre cinco y 13 años de antigüedad, y “ya cumplieron su tiempo de servicio”. Lo mismo ocurre con los “150 mil 392 cascos antifragmento” que usan las tropas. El 70% cumplió su vida útil en 2008, y los 41 mil 160 chalecos antibala lo harán en 2009. (…).

En este panorama, la Fuerza Aérea resulta el sector más golpeado por el atraso y dependencia tecnológicos hacia el extranjero, en especial de Estados Unidos e Israel. Según la Sedena, los depósitos de armas de la Fuerza Aérea tienen 753 bombas de 250 a mil libras cada una. Los aviones F-5 y PC-7 Pilatus usan esas armas. Las 753 existentes alcanzan para combatir aire-tierra por un día. Las 87 mil 740 granadas calibre 20 milímetros para jets F-5 alcanzan para combatir a enemigos externos o internos por seis días. Finalmente, la Sedena revela que los misiles aire-aire para los aviones F-5, es de sólo 45 piezas, lo cual representan únicamente un día de fuego aéreo.” Jorge Alejandro Medellín en “El Universal”, México, 02 de enero de 2009.

Esto se conoce en 2009, 2 años después del inicio de la llamada “guerra” del gobierno federal. Dejemos de lado la pregunta obvia de cómo fue posible que el jefe supremo de las fuerzas armadas, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzara a una guerra (“de largo aliento” dice él) sin tener las condiciones materiales mínimas para mantenerla, ya no digamos para “ganarla”. Entonces preguntémonos: ¿Qué industrias bélicas se van a beneficiar con las compras de armamento, equipos y parque?

Si el principal promotor de esta guerra es el imperio de las barras y las turbias estrellas (haciendo cuentas, en realidad las únicas felicitaciones que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa han venido del gobierno norteamericano), no hay que perder de vista que al norte del Río Bravo no se otorgan ayudas, sino que se hacen inversiones, es decir, negocios.

Victorias y derrotas.*
¿Ganan los Estados Unidos con esta guerra “local”? La respuesta es: sí. Dejando de lado las ganancias económicas y la inversión monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y “delincuentes” -la “guerra contra la delincuencia organizada” es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), está, como resultado de esta guerra, una destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico que los favorece.

Esta guerra (que está perdida para el gobierno desde que se concibió, no como una solución a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), está destruyendo el último reducto que le queda a una Nación: el tejido social.

¿Qué mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control político y militar sin las incómodas “body bags” y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistán?

Las revelaciones de Wikileaks sobre las opiniones en el alto mando norteamericano acerca de las “deficiencias” del aparato represivo mexicano (su ineficacia y su contubernio con la delincuencia), no son nuevas. No sólo en el común de la gente, sino en altas esferas del gobierno y del Poder en México esto es una certeza. La broma de que es una guerra dispareja porque el crimen organizado sí está organizado y el gobierno mexicano está desorganizado, es una lúgubre verdad.

El 11 de diciembre del 2006, se inició formalmente esta guerra con el entonces llamado “Operativo Conjunto Michoacán”. 7 mil elementos del ejército, la marina y las policías federales lanzaron una ofensiva (conocida popularmente como “el michoacanazo”) que, pasada la euforia mediática de esos días, resultó ser un fracaso. El mando militar fue el general Manuel García Ruiz y el responsable del operativo fue Gerardo Garay Cadena de la Secretaría de Seguridad Pública. Hoy, y desde diciembre del 2008, Gerardo Garay Cadena está preso en el penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit, acusado de coludirse con “el Chapo” Guzmán Loera.

Y, a cada paso que se da en esta guerra, para el gobierno federal es más difícil explicar dónde está el enemigo a vencer.

Jorge Alejandro Medellín es un periodista que colabora con varios medios informativos -la revista “Contralínea”, el semanario “Acentoveintiuno”, y el portal de noticias “Eje Central”, entre otros -y se ha especializado en los temas de militarismo, fuerzas armadas, seguridad nacional y narcotráfico. En octubre del 2010 recibió amenazas de muerte por un artículo donde señaló posibles ligas del narcotráfico con el general Felipe de Jesús Espitia, ex comandante de la V Zona Militar y ex jefe de la Sección Séptima -Operaciones Contra el Narcotráfico- en el gobierno de Vicente Fox, y responsable del Museo del Enervante ubicado en las oficinas de la S-7. El general Espitia fue removido como comandante de la V Zona Militar ante el estrepitoso fracaso de los operativos ordenados por él en Ciudad Juárez y por la pobre respuesta que dio a las masacres cometidas en la ciudad fronteriza.

Pero el fracaso de la guerra federal contra la “delincuencia organizada”, la joya de la corona del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, no es un destino a lamentar para el Poder en USA: es la meta a conseguir.

Por más que se esfuercen los medios masivos de comunicación en presentar como rotundas victorias de la legalidad, las escaramuzas que todos los días se dan en el territorio nacional, no logran convencer.

Y no sólo porque los medios masivos de comunicación han sido rebasados por las formas de intercambio de información de gran parte de la población (no sólo, pero también las redes sociales y la telefonía celular), también, y sobre todo, porque el tono de la propaganda gubernamental ha pasado del intento de engaño al intento de burla (desde el “aunque no lo parezca vamos ganando” hasta lo de “una minoría ridícula”, pasando por las bravatas de cantina del funcionario en turno).

Sobre esta otra derrota de la prensa, escrita y de radio y televisión, volveré en otra misiva. Por ahora, y respecto al tema que ahora nos ocupa, basta recordar que el “no pasa nada en Tamaulipas” que era pregonado por las noticias (marcadamente de radio y televisión), fue derrotado por los videos tomados por ciudadanos con celulares y cámaras portátiles y compartidos por internet.

Pero volvamos a la guerra que, según Felipe Calderón Hinojosa, nunca dijo que es una guerra. ¿No lo dijo, no lo es?

“Veamos si es guerra o no es guerra: el 5 de diciembre de 2006, Felipe Calderón dijo: “Trabajamos para ganar la guerra a la delincuencia…”. El 20 de diciembre de 2007, durante un desayuno con personal naval, el señor Calderón utilizó hasta en cuatro ocasiones en un sólo discurso, el término guerra. Dijo: “La sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi Gobierno encabeza contra la inseguridad…”, “La lealtad y la eficacia de las Fuerzas Armadas, son una de las más poderosas armas en la guerra que libramos contra ella…”, “Al iniciar esta guerra frontal contra la delincuencia señalé que esta sería una lucha de largo aliento”, “…así son, precisamente, las guerras…”.
Pero aún hay más: el 12 de septiembre de 2008, durante la Ceremonia de Clausura y Apertura de Cursos del Sistema Educativo Militar, el autollamado “Presidente del empleo”, se dio vuelo pronunciando hasta en media docena de ocasiones, el término guerra contra el crimen: “Hoy nuestro país libra una guerra muy distinta a la que afrontaron los insurgentes en el 1810, una guerra distinta a la que afrontaron los cadetes del Colegio Militar hace 161 años…” “…todos los mexicanos de nuestra generación tenemos el deber de declarar la guerra a los enemigos de México… Por eso, en esta guerra contra la delincuencia…” “Es imprescindible que todos los que nos sumamos a ese frente común pasemos de la palabra a los hechos y que declaremos, verdaderamente, la guerra a los enemigos de México…” “Estoy convencido que esta guerra la vamos a ganar…” (Alberto Vieyra Gómez. Agencia Mexicana de Noticias, 27 de enero del 2011).

Al contradecirse, aprovechando el calendario, Felipe Calderón Hinojosa no se enmienda la plana ni se corrige conceptualmente. No, lo que ocurre es que las guerras se ganan o se pierden (en este caso, se pierden) y el gobierno federal no quiere reconocer que el punto principal de su gestión ha fracasado militar y políticamente.

¿Guerra sin fin? La diferencia entre la realidad… y los videojuegos.

Frente al fracaso innegable de su política guerrerista, ¿Felipe Calderón Hinojosa va a cambiar de estrategia?

La respuesta es NO. Y no sólo porque la guerra de arriba es un negocio y, como cualquier negocio, se mantiene mientras siga produciendo ganancias.

Felipe Calderón Hinojosa, el comandante en jefe de las fuerzas armadas; el ferviente admirador de José María Aznar; el autodenominado “hijo desobediente”; el amigo de Antonio Solá; el “ganador” de la presidencia por medio punto porcentual de la votación emitida gracias a la alquimia de Elba Esther Gordillo; el de los desplantes autoritarios más bien cercanos al berrinche (“o bajan o mando por ustedes”); el que quiere tapar con más sangre la de los niños asesinados en la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora; el que ha acompañado su guerra militar con una guerra contra el trabajo digno y el salario justo; el del calculado autismo frente a los asesinatos de Marisela Escobedo y Susana Chávez Castillo; el que reparte etiquetas mortuorias de “miembros del crimen organizado” a los niños y niñas, hombres y mujeres que fueron y son asesinados porque sí, porque les tocó estar en el calendario y la geografía equivocados, y no alcanzan siquiera el ser nombrados porque nadie les lleva la cuenta ni en la prensa, ni en las redes sociales.

Él, Felipe Calderón Hinojosa, es también un fan de los videojuegos de estrategia militar.

Felipe Calderón Hinojosa es el “gamer” “que en cuatro años convirtió un país en una versión mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, (…) un amante -y mal estratega- de la guerra” (Diego Osorno en “Milenio Diario”, 3 de octubre del 2010).

Es él que nos lleva a preguntar: ¿está México siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo sí puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un “código de ética” que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Calderón Hinojosa no se detendrá. Y no sólo porque las fuerzas armadas no se lo permitirían (los negocios son negocios), también por la obstinación que ha caracterizado la vida política del “comandante en jefe” de las fuerzas armadas mexicanas.

Hagamos un poco de memoria: En marzo del 2001, cuando Felipe Calderón Hinojosa era el coordinador parlamentario de los diputados federales de Acción Nacional, se dio aquel lamentable espectáculo del Partido Acción Nacional cuando se negó a que una delegación indígena conjunta del Congreso Nacional Indígena y del EZLN hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unión en ocasión de la llamada “marcha del color de la tierra”.

A pesar de que se estaba mostrando al PAN como una organización política racista e intolerante (y lo es) por negar a los indígenas el derecho a ser escuchados, Felipe Calderón Hinojosa se mantuvo en su negativa. Todo le decía que era un error asumir esa posición, pero el entonces coordinador de los diputados panistas no cedió (y terminó escondido, junto con Diego Fernández de Cevallos y otros ilustres panistas, en uno de los salones privados de la cámara, viendo por televisión a los indígenas hacer uso de la palabra en un espacio que la clase política reserva para sus sainetes).

“Sin importar los costos políticos”, habría dicho entonces Felipe Calderón Hinojosa.

Ahora dice lo mismo, aunque hoy no se trata de los costos políticos que asuma un partido político, sino de los costos humanos que paga el país entero por esa tozudez.

Estando ya por terminar esta misiva, encontré las declaraciones de la secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, especulando sobre las posibles alianzas entre Al Qaeda y los cárteles mexicanos de la droga. Un día antes, el subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph Westphal, declaró que en México hay una forma de insurgencia encabezada por los cárteles de la droga que potencialmente podrían tomar el gobierno, lo cual implicaría una respuesta militar estadunidense. Agregó que no deseaba ver una situación en donde soldados estadunidenses fueran enviados a combatir una insurgencia “sobre nuestra frontera… o tener que enviarlos a cruzar esa frontera hacia México.

Mientras tanto, Felipe Calderón Hinojosa, asistía a un simulacro de rescate en un pueblo de utilería, en Chihuahua, y se subió a un avión de combate F-5, se sentó en el asiento del piloto y bromeó con un “disparen misiles”.

¿De los videojuegos de estrategia a los “simuladores de combate aéreo” y “disparos en primera persona”? ¿Del Age of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate aéreo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (“Private military company”) han reemplazado a los ejércitos gubernamentales en varios países. La primera misión del videojuego consiste en bombardear Ciudad Juárez, Chihuahua, México, porque las “fuerzas rebeldes” se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.

No en el videojuego, sino en Irak, una de las empresas militares privadas contratadas por el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central de Inteligencia fue “Blackwater USA”, que después cambió su nombre a “Blackwater Worldwide”. Su personal cometió serios abusos en Irak, incluyendo el asesinato de civiles. Ahora cambió su nombre a “Xe Services LL” y es el más grande contratista de seguridad privada del Departamento de Estado norteamericano. Al menos el 90% de sus ganancias provienen de contratos con el gobierno de Estados Unidos.

El mismo día en el que Felipe Calderón Hinojosa bromeaba en el avión de combate (10 de febrero de 2011), y en el estado de Chihuahua, una niña de 8 años murió al ser alcanzada por una bala en un tiroteo entre personas armadas y miembros del ejército.

¿Cuándo va a terminar esa guerra?

¿Cuándo aparecerá en la pantalla del gobierno federal el “game over” del fin del juego, seguido de los créditos de los productores y patrocinadores de la guerra?

¿Cuándo va poder decir Felipe Calderón “ganamos la guerra, hemos impuesto nuestra voluntad al enemigo, le hemos destruido su capacidad material y moral de combate, hemos (re) conquistado los territorios que estaban en su poder”?

Desde que fue concebida, esa guerra no tiene final y también está perdida.

No habrá un vencedor mexicano en estas tierras (a diferencia del gobierno, el Poder extranjero sí tiene un plan para reconstruir – reordenar el territorio), y el derrotado será el último rincón del agónico Estado Nacional en México: las relaciones sociales que, dando identidad común, son la base de una Nación.

Aún antes del supuesto final, el tejido social estará roto por completo.

Resultados: la Guerra arriba y la muerte abajo.

Veamos que informa el Secretario de Gobernación federal sobre la “no guerra” de Felipe Calderón Hinojosa:

“El 2010 fue el año más violento del sexenio al acumularse 15 mil 273 homicidios vinculados al crimen organizado, 58% más que los 9 mil 614 registrados durante el 2009, de acuerdo con la estadística difundida este miércoles por el Gobierno Federal. De diciembre de 2006 al final de 2010 se contabilizaron 34 mil 612 crímenes, de las cuales 30 mil 913 son casos señalados como “ejecuciones”; tres mil 153 son denominados como “enfrentamientos” y 544 están en el apartado “homicidios-agresiones”. Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, presentó una base de datos oficial elaborada por expertos que mostrará a partir de ahora “información desagregada mensual, a nivel estatal y municipal” sobre la violencia en todo el país.” (Periódico “Vanguardia”, Coahuila, México, 13 de enero del 2011)

Preguntemos: De esos 34 mil 612 asesinados, ¿cuántos eran delincuentes? Y los más de mil niños y niñas asesinados (que el Secretario de Gobernación “olvidó” desglosar en su cuenta), ¿también eran “sicarios” del crimen organizado? Cuando en el gobierno federal se proclama que “vamos ganando”, ¿a qué cartel de la droga se refieren? ¿Cuántas decenas de miles más forman parte de esa “ridícula minoría” que es el enemigo a vencer?

Mientras allá arriba tratan inútilmente de desdramatizar en estadísticas los crímenes que su guerra ha provocado, es preciso señalar que también se está destruyendo el tejido social en casi todo el territorio nacional.

La identidad colectiva de la Nación está siendo destruida y está siendo suplantada por otra.

Porque “una identidad colectiva no es más que una imagen que un pueblo se forja de sí mismo para reconocerse como perteneciente a ese pueblo. Identidad colectiva es aquellos rasgos en que un individuo se reconoce como perteneciente a una comunidad. Y la comunidad acepta este individuo como parte de ella. Esta imagen que el pueblo se forja no es necesariamente la perduración de una imagen tradicional heredada, sino que generalmente se la forja el individuo en tanto pertenece a una cultura, para hacer consistente su pasado y su vida actual con los proyectos que tiene para esa comunidad.

Entonces, la identidad no es un simple legado que se hereda, sino que es una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, y por lo tanto es variable y cambiante según las circunstancias históricas”. (Luis Villoro, noviembre de 1999, entrevista con Bertold Bernreuter, Aachen, Alemania).

En la identidad colectiva de buena parte del territorio nacional no está, como se nos quiere hacer creer, la disputa entre el lábaro patrio y el narco-corrido (si no se apoya al gobierno entonces se apoya a la delincuencia, y viceversa).

No.

Lo que hay es una imposición, por la fuerza de las armas, del miedo como imagen colectiva, de la incertidumbre y la vulnerabilidad como espejos en los que esos colectivos se reflejan.

¿Qué relaciones sociales se pueden mantener o tejer si el miedo es la imagen dominante con la cual se puede identificar un grupo social, si el sentido de comunidad se rompe al grito de “sálvese quien pueda”?

De esta guerra no sólo van a resultar miles de muertos… y jugosas ganancias económicas.

También, y sobre todo, va a resultar una nación destruida, despoblada, rota irremediablemente.

(…)

Vale, Don Luis. Salud y que la reflexión crítica anime nuevos pasos.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Enero-Febrero del 2011

SOBRE LAS GUERRAS. Segunda parte de la carta primera del SupMarcos a Don Luis Villoro, en el inicio de un intercambio epistolar sobre Ética y Política.

Enero-Febrero del 2011. Parte 2 de las 4 que conforman la carta primera, misma que aparecerá completa en el próximo número de la Revista Rebeldía.

lunes, septiembre 06, 2010

Admite el Ejército su error en ataque a familia: NL

Ai Disculpe Usted...Que poca m...

A decir del gobierno del estado, el comandante de la séptima zona militar dijo que la agresión en que murió un joven y su padre, y cuatro personas, dos de ellas menores, salieron heridas, fue un lamentable error y anuncia sanciones.

La Jornada

Monterrey, NL. El Ejército Mexicano admitió el error cometido al disparar anoche contra un vehículo en el que se trasportaba una familia sobre la carretera Monterrey-Nuevo Laredo, dio a conocer el secretario general de Gobierno, Javier Treviño Cantú, luego de concluir una reunión de seguridad con autoridades federales.

Anoche soldados de la séptima zona militar marcaron el alto a un vehículo Malibú gris con placas SGL 3781, cuando éste no paró, iniciaron una persecución a balazos.

En el lugar falleció Alejandro Gabriel de León Castellanos, de 15 años. Su padre, Vicente de León Ramírez, murió en las primeras horas de este lunes en el Hospital Universitario a causa de tres heridas de bala, una en la espalda y dos en el brazo izquierdo.

La mamá, Patricia Castellanos Corpus, de 45 años, recibió dos rozones de bala en el hombro derecho, y dos infantes, sus nietos, sufrieron heridas leves causadas por cristales rotos.

En la parte delantera del vehículo iba otra hija del matrimonio, Liliana de León Castellanos, de 24 años, y su esposo, Guadalupe Rodríguez, de la misma edad, quien presenta una herida leve en la cabeza.

Paramédicos de la Cruz Roja señalaron que recibieron una llamada de auxilio hacia las 21:50 horas por personas heridas entre el entronque a Santa Rosa y el Libramiento Noroeste de la carretera a Nuevo Laredo.

Los lesionados, residentes de los municipios de San Nicolás de los Garza y Escobedo, fueron llevados al Hospital Universitario.

Una de las mujeres que resultó herida contó que regresaban de una fiesta en el municipio de Salinas Victoria y no se percataron del momento en que los soldados les marcaron el alto. Notaron que un vehículo militar los perseguía cuando les estaban disparando.

A decir del secretario de Gobierno, en la reunión de seguridad con autoridades federales se habló sobre lo ocurrido y el Ejército Mexicano admitió el error cometido.

"Hablamos del incidente de anoche, en el que lamentablemente perdieron la vida dos civiles y cuatro heridos, y en donde se trató de un lamentable error y ya la Procuraduría General de la República está llevando a cabo las investigación y se comentó que se tomarán las medidas por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional, dijo Treviño Cantú.

“Lo que nos comenta el comandante de la séptima zona militar es que se trató de un lamentable error en el caso del operativo y que se llevará a cabo la investigación y las sanciones correspondientes”, informó.

El funcionario expuso que los servicios funerarios y de recuperación de los heridos correrán por cuenta del gobierno de Nuevo León.

"La Secretaría de la Defensa Nacional expresa las más sentidas condolencias a los familiares de quienes perdieron la vida en estos hechos, y ratifica su compromiso con la ciudadanía de actuar con estricto apego al Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos", expresó la séptima zona militar en un comunicado.

jueves, mayo 20, 2010

Carta de Óscar Arias a José Alberto Mujica

Excelentísimo señor Presidente:

No le escribo hoy a don José Alberto Mujica Cordano, sino al "Pepe" revolucionario, a ese hombre que en medio del fango del horror,

conservó siempre intacta la flor de la justicia; a ese soñador que no apagó la luz de la utopía, ni en el más oscuro rincón de su celda

olvidada; a ese idealista que defendió, ante ofensas y amenazas, una fe inquebrantable en un futuro mejor para Uruguay y para

América Latina. Le escribo al "Pepe" para decirle que queda todavía, en el morral del tiempo, una última utopía: la abolición del ejército uruguayo.

Mis palabras emergen del cariño y de la buena voluntad. Sé que no tengo ningún mandato sobre los destinos de su pueblo.

No pretendo irrespetar la soberanía de una nación hermana. Tan sólo quiero brindar un consejo que veo escrito en el muro de la historia

de la humanidad: los ejércitos son enemigos del desarrollo, enemigos de la paz, enemigos de la libertad y enemigos de la alegría.

En gran parte del mundo, y sobre todo en América Latina, las fuerzas armadas han sido la fuente de la más ingrata memoria colectiva.

Fue la bota militar la que pisoteó los derechos humanos en nuestra región. Fue la voz del general la que pronunció las más cruentas

órdenes de captura contra estudiantes y artistas. Fue la mano del soldado la que disparó en la espalda del pueblo inocente.

En el mejor de los escenarios, los ejércitos latinoamericanos han significado un gasto prohibitivo para nuestras economías.

Y en el peor, han significado una trampa permanente para nuestras democracias.

Uruguay no necesita un ejército. Su seguridad interna puede estar a cargo del cuerpo de policía, y su seguridad nacional no gana

nada con un aparato militar que jamás será más poderoso que el de sus vecinos, que además son países democráticos. No importa

cuánto invierta en sus fuerzas armadas, Uruguay no logrará ganar una carrera armamentista contra Brasil, Colombia, Argentina,

Chile y Venezuela. En las circunstancias actuales, la indefensión es mejor política de seguridad nacional para su pueblo,

que un aparato militar inferior al de sus vecinos.

Lo digo por experiencia. Costa Rica fue el primer país en la historia en abolir su ejército y declararle la paz al mundo.

Hace más de sesenta años, otro Pepe revolucionario, el Comandante José Figueres, decidió proscribir para siempre las fuerzas

armadas de mi país. Desde entonces, los costarricenses no han vuelto a vivir una guerra. No han vuelto a derramar su sangre

en un enfrentamiento civil. No han vuelto a temer un golpe de Estado, una dictadura o un régimen de persecución política.

Mi pueblo vive en paz porque apostó a la vida; vive en paz porque confío en el poder de la razón para gobernar los impulsos de la violencia.

Me dirá, querido amigo, que Costa Rica vive en medio de países pacíficos. Pero eso no fue siempre así. Hubo una época en que mi pueblo

colindaba al norte y al sur con la dictadura. Hubo una época en que el silbido de la metralla sonaba muy cerca de nuestras fronteras.

En lugar de tomar las armas, Costa Rica salió a luchar por la paz en Centroamérica. No nos hizo falta el ejército. Por el contrario,

estar desmilitarizados nos permitió ser percibidos como aliados de todas las partes del conflicto. En verdad le digo que no ha habido

decisión que más haya fortalecido la seguridad nacional costarricense, que la de eliminar el ejército.

Otros dos países latinoamericanos han seguido nuestro ejemplo: Panamá y Haití. En 1994, el Congreso panameño aprobó,

por medio de una reforma constitucional, la abolición de las fuerzas armadas. Desde entonces, Costa Rica y Panamá comparten

la frontera más pacífica del mundo. Y no es casualidad que sean, también, las dos economías más exitosas del istmo centroamericano.

Porque el dinero que destinábamos a nuestros ejércitos, lo destinamos ahora a la educación de nuestros niños, a la salud de nuestros

ciudadanos y a la competitividad de nuestras industrias y comercios. Hemos cosechado los dividendos de la paz, así como también los cosechó,

aunque en menor medida, el pueblo de Haití, que con la abolición del ejército puso fin a un eterno rosario de golpes de Estado.

¡Hay tantos mártires en la historia contra la tutela militar! Usted que padeció bajo el yugo de la opresión, tiene ahora la posibilidad de librar

para siempre de ese yugo a los hijos del mañana. Cuando el futuro venga, en palabras de Mario Benedetti, "con su afilada hoja y su balanza,

preguntando ante todo por los sueños, y luego por las patrias, los recuerdos y los recién nacidos", tenemos que saber qué le diremos.

Tenemos que saber lo que hemos sido. Ojalá que ese futuro reconozca en usted, amigo Presidente, al "Pepe" revolucionario que declaró

la paz al mundo y decretó sagrada la vida en Uruguay.

Un abrazo fraterno,

Óscar Arias Sánchez

Presidente de la República de Costa Rica

viernes, abril 30, 2010

¡No disparen, soy un niño!

Ricardo Rocha

No lo inventé yo. Lo escribió en grandes letras infantiles en una cartulina escolar uno de los pequeños manifestantes de Nuevo Laredo. Compañero de juegos de Bryan y Martín Almanza Salazar, asesinados a tiros por los soldados. Y es que ya son muchos los niños muertos en esta guerra absurda y fuera de control.

Todavía antier, el secretario de Gobernación quiso matizar al decir que “la versión que se presenta como un fenómeno aislado no tiene precedentes en el comportamiento de nuestras fuerzas de seguridad”. O está muy mal informado o miente. Ahí le va: en la madrugada del sábado 2 de junio de 2007, en la comunidad de Los Alamillos, municipio de Culiacán, Sinaloa, soldados del Ejército mexicano mataron a tiros a Griselda Galaviz Barraza y a sus hijos Grisel, Juana y Edwin Esparza Galaviz de dos a siete años de edad y a otras dos personas. Fue en un retén, ¿le suena, señor secretario? Todos venían en una troca, ¿le vuelve a sonar? Y según Adán Esparza Parra, el padre, nadie les hizo señal de alto y “los militares abrieron fuego cuando, despacio, cruzamos el retén”, ¿le requetesuena, secretario?

Por supuesto que en ese caso jamás se hizo justicia porque en este país los militares se investigan y se juzgan a sí mismos, además de las múltiples complicidades para echarle tierra a sus crímenes. Por eso, en la primera entrevista del pasado viernes 15, Cinthia Salazar —madre de Bryan y Martín— me decía extrañada que “no había noticias” sobre la muerte de sus hijos.

Pero, además de la pretendida impunidad, hay un menosprecio a los muertos pobres que este gobierno no puede ocultar. El mismo señor Gómez Mont dijo también antier: “Le reitero el respeto profundo al dolor de esa madre que vio morir en sus brazos a su hijo”. Toda una perla declarativa. A ver: no es verdad que le “reitera” porque en la ocasión anterior tocó el tema casualmente; en cuanto al “respeto profundo al dolor”, nótese que no se conduele, y menos aun se conmueve o se indigna, nomás respeta, ¡qué generoso!; por lo que hace a “esa madre” ¿no se pudo tomar la molestia de pronunciar su nombre?; al final, mañosamente refiere que “vio morir en sus brazos a su hijo”. No, don Fernando, Bryan de cinco años no se murió de una disentería o una pulmonía, lo mataron a tiros los soldados que su secretaría defiende como si fuera su agencia de relaciones públicas. Pero ni cómo enmendar al general Galván Galván cuando dijo que son “daños colaterales”.

Y es que hay que señalarlo con todas sus letras: el actual gobierno calderonista ha trastocado la concepción original del Estado; las Fuerzas Armadas ya no tienen como prioridad la integridad de los mexicanos. Ahora, lo que importa es matar a cualquier sospechoso y si se atraviesan inocentes o sus soldados se equivocan, mala suerte. Por cierto, también para este gobierno hay mexicanos de primera y de segunda. En el caso de los estudiantes del Tec enviaron un pésame de alto nivel. Pero como los Almanza son pobres, que se consuelen solos.

P.D. Para mi querido Joaquín Sabina, por los viejos y los nuevos tiempos.