viernes, mayo 04, 2007

Una agenda falsa

Lorenzo Meyer

El Norte

No hay una sola causa que explique la compleja agenda de problemas que desde hace mucho obstaculiza la buena marcha de la sociedad mexicana, pero es en la corrupción donde se encuentra una de las grandes y añejas raíces del fracaso de los casi dos siglos de esfuerzos por lograr superar la situación de inviabilidad y mediocridad nacionales.

En un libro donde abundan las generalizaciones y las simplificaciones pero también ideas dignas de consideraciones de fondo, Thomas L. Friedman -uno de los columnistas más influyentes de The New York Times-, al analizar la naturaleza de los éxitos y fracasos de diferentes actores del actual sistema global, considera a la corrupción como una enorme desventaja en la competencia mundial y define a las cleptocracias -los sistemas políticos estructurados alrededor del robo- de una manera que casi queda a la medida del caso mexicano.

Se trata, dice Friedman, de sistemas "donde todas o las principales funciones del aparato estatal -desde el cobro de los impuestos hasta los procesos de privatización y de reglamentación- se encuentran invadidos por la corrupción al punto que las transacciones efectivamente legales son la excepción. La verdadera norma -que no sólo es tolerada sino anticipada- es que los funcionarios de cualquier nivel usen su poder para extraer de los ciudadanos, de los inversionistas y del Estado mismo, las mayores sumas posibles de dinero. Por su parte, ciudadanos e inversionistas asumen que sólo mediante el soborno podrán obtener el servicio o la decisión que buscan" ("The Lexus and the Olive Tree. Understanding Globalization", Nueva York: Anchor Books, 2000, p. 146-147).



Gastar la pólvora en 'infiernitos'

En los tiempos que corren, la clase política mexicana -ese grupo relativamente reducido, conformado por los altos liderazgos políticos más los de las grandes empresas, de las iglesias y de ciertas ONGs- pareciera empeñada en ignorar los verdaderos problemas nacionales y, en cambio, se esfuerza en mostrar su capacidad y vocación para invertir su energía en librar una batalla donde puede dar la apariencia de gran vitalidad pero que, en realidad, sirve de cortina de humo para cubrir su inhabilidad para enfrentar y resolver los verdaderos grandes problemas nacionales.

La pólvora con la que cuenta la clase política mexicana no es mucha, y hoy la está gastando no en acabar con los enemigos reales de la sociedad sino en "infiernitos"; en mera pirotecnia que, finalmente, distrae pero pasa sin dejar huella.

Y es que las confrontaciones en torno a la despenalización del aborto que hoy llenan los noticieros tienen poca o ninguna relación con esa larga lista de problemas prioritarios a resolver: la persistencia y profundidad de la corrupción, la mediocridad del crecimiento económico, la impunidad de los monopolios, la polarización de la estructura de clases sociales, la baja calidad de una educación de la que depende la capacidad de México para sobrevivir y prosperar en el mundo de la dura competencia global, el descaro y brutalidad creciente del crimen organizado, la progresiva destrucción de nuestro medio ambiente, la mala calidad de la recién nacida democracia, la migración masiva e indocumentada de mexicanos a Estados Unidos, la ausencia de un proyecto de políticas de largo plazo en relación con el poderoso vecino del norte, la inviabilidad del sistema de pensiones y otras cuestiones similares.

En esta primavera del 2007 dos temas han acaparado la atención. Por un lado, la ya mencionada controversia en torno a la despenalización en la Ciudad de México de los abortos que ocurran dentro de los primeros tres meses del embarazo y que se ha convertido en el centro de la confrontación entre izquierda y derecha. Por el otro, la puntual y desesperante reseña de las no muy efectivas operaciones de los aparatos del Estado -Ejército, policía federal y policía local- contra las organizaciones de narcotraficantes. Y, sobre todo, las ejecuciones cotidianas -que la semana pasada cobraron la vida de 70 personas, una auténtica masacre- producto de la brutal lucha entre los sicarios de los cárteles de la droga y de las represalias de cada uno de esos grupos criminales en contra de aquellos policías que están al servicio de una organización rival.



La sociedad como espectador

El tema del aborto fue elegido por la derecha más conservadora para tratar de ganar lo que los anglosajones llaman el "moral high ground" (las alturas de la superioridad moral) y avanzar en su esfuerzo por minar al Estado laico que con tanto esfuerzo crearon los liberales del Siglo 19 y consolidaron los revolucionarios de inicios del Siglo 20 (el mismo camino que hoy siguen los islamistas turcos). De hacer caso a los activistas, este conflicto es de dimensiones casi cósmicas pues representa la lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y la maldad o, visto desde la otra orilla, entre lo retrógrado y lo ilustrado, progresista y civilizado.

Sin embargo, pareciera que la mayoría de los ciudadanos no ha comprado este pleito y ha llegado a una conclusión personal -aceptar o rechazar los argumentos que se ofrecen- negándose a ser movilizada. La derecha llegó a tener a una verdadera masa en las calles cuando se organizó en torno a una demanda de sentido común: la exigencia de seguridad en la Ciudad de México pero, esta vez, su llamado a las excomuniones y las desgarraduras de vestimenta no ha encontrado el mismo eco. La izquierda, por su parte, no ha convocado a grandes masas como sí lo hizo en relación a los asuntos de la elección presidencial pasada.

Hoy, los medios de comunicación también están saturados sobre otra lucha, ésta sí realmente seria: la guerra entre y contra narcotraficantes. Aquí las élites no buscan movilizar a la sociedad mexicana y ésta, alarmada y desmoralizada, no ha podido más que quedarse como observadora. Las encuestas muestran que los ciudadanos sí apoyan los operativos policiaco-militares pero también que ya no tienen mucha confianza en su efectividad. Quizá esto último se explique porque se sospecha, y con razón, que el verdadero enemigo no es el narco sino la gran corrupción que lo engendró y que lo sostiene.

Si se hubieran atacado de tiempo atrás las causas de la miseria, si la economía no criminal creara oportunidades dignas de trabajo, si la corrupción de la policía, el Ejército y el aparato de justicia que caracterizan hoy a México, fuera menor, seguirían existiendo las organizaciones criminales que viven de satisfacer la demanda de drogas, pero su impacto social y político sería menor, como efectivamente es el caso en esos otros países donde la corrupción no es la norma sino la excepción.



La cleptocracia y el futuro

La cleptocracia en estado puro no existe, es un instrumento teórico, pero los grados en que se da este fenómeno son cardinales para entender a una sociedad. Friedman no carece de razón al proponer a Nigeria como uno de los países que está más cerca del modelo. Pese a sus recursos, en particular al petróleo, Nigeria es hoy un Estado fallido. Friedman sostiene que India y China son otros tantos ejemplos de cleptocracias. Sin embargo, en estos dos últimos hay otras fuerzas -la demografía, sus áreas de excelencia educativa y académica, su grado de gobernabilidad y otras- que finalmente les han permitido un crecimiento económico envidiable, al punto que hoy sobran razones para considerarlas futuras potencias económicas y políticas.

México, como cleptocracia, se encuentra en algún punto más o menos equidistante entre Nigeria por un lado y China y la India por otro. Stephen R. Niblo, un historiador norteamericano, ha mostrado muy bien el alto grado de corrupción del México postrevolucionario ("Mexico in the 1940s. Modernity, Politics and Corruption", Wilmington: SR Books, 1999). Sin embargo, en esa coyuntura nuestro país pudo dar forma a lo que a mediados del siglo pasado se llamó el "milagro económico mexicano".

Pero eso fue en condiciones de no globalización. Hoy la situación es muy distinta y el país simplemente pareciera haber perdido el rumbo. En la actualidad, la corrupción mexicana es más dañina que la del pasado pues ha dilapidado la renta petrolera, ha impedido la excelencia educativa, ha desperdiciado el gasto en infraestructura, ha fomentado el crimen organizado, ha permitido la captura del Estado por los monopolios y hecho casi irrelevante el cambio de autoritarismo a democracia.

Hoy, gastar la energía política en la controversia sobre la legalización del aborto es usar la pólvora en "infiernitos". El verdadero enemigo está asaltando las murallas de nuestra viabilidad como sociedad y como Estado nacional.

opinion@elnorte.com

lunes, abril 09, 2007

¿Gravar consumo o ingreso?

Rogelio Ramírez de la O
El Universal

Cuando un gobierno aumenta los impuestos al consumo, los más golpeados son quienes más gastan en consumo; cuando aumenta los impuestos al ingreso, los más golpeados son los que mayor ingreso tienen. La pregunta que debe contestar el Congreso en la próxima discusión sobre reforma fiscal es si quiere afectar a los consumidores de ingresos bajos y medios o a los causantes de mayores ingresos.

Estos no sólo son grupos sociales distintos, sino que están en los extremos opuestos de la distribución del ingreso. Hay que adelantar que gravar el consumo necesariamente significa aplicar el IVA a alimentos y medicinas, pues hasta hoy estos productos disfrutan de una tasa cero. La propuesta del PAN ha sido desde 2001 extender la tasa de IVA de 15% a todos los productos que hoy tienen tasa cero. Lo intentó en 2001 y en 2003, pero sin éxito por la oposición del Congreso, siendo decisivo para ello el grupo opositor del PRI. Si ahora el PRI apoyara esta propuesta, tendría que explicar por qué hoy aprueba lo que en 2001 y 2003 reprobó.


Quienes no están de acuerdo con la propuesta del PAN deben esperar una ola publicitaria oficial en favor del IVA en medicinas y alimentos. Además, que muchos medios y comentaristas juzguen con dureza cualquier oposición y exijan propuestas alternativas.


Partiendo de la premisa de que el pago de impuestos hoy es muy bajo (menos de 11% del PIB), cuando en la mayoría de los países es del doble o más, las razones contra el IVA en productos tan sensibles deben llegar al ámbito del Impuesto Sobre la Renta (ISR).


Lo primero es preguntarse quién está contribuyendo. En 2006, según datos oficiales, el IVA contribuyó con 4.2% del PIB, en tanto que el ISR lo hizo con 4.9%. Otros impuestos especiales explican la diferencia con el ingreso tributario de casi 11%, mismos que generalmente se trasladan al consumidor.


Pero hay que ver cómo se compone la contribución del ISR. El auditor fiscal de la Federación acaba de informar que en 2006 las retenciones hechas a asalariados representaron 46% de los pagos de ISR, en tanto que los pagos de las empresas representaron 39%. Los asalariados pagaron 33 mil millones de pesos más que las empresas.


La distribución de esta carga está en sentido inverso a la distribución del ingreso entre trabajadores y empresas. Según el INEGI, el factor trabajo recibe el 30% del ingreso nacional, en tanto que las empresas reciben 59.4%. Las proporciones de ingreso nacional entre trabajadores y empresas son en la mayor parte de los países de la OCDE consistentes con las proporciones de carga fiscal, pero no así en México.


En los mayores países de la OCDE, cuando la contribución de las empresas es más baja que la que debería ser según su participación en el ingreso, es porque se gravan los dividendos y la venta de acciones y activos fijos, pero no es así en México, en donde estas últimas están exentas.


Segundo, sabiendo quién contribuye y cuánto al pago de ISR, debemos preguntar por qué la participación de las empresas es tan baja. La respuesta está en varias facilidades en la ley que les permiten reducir su carga fiscal efectiva o, en lenguaje técnico, diferir el pago de impuestos. Estas facilidades han sido creadas a lo largo de décadas y su justificación aparente es estimular la inversión.


Pero no hay evidencia de que estas facilidades hayan hecho que la inversión salte, pues de haberlo hecho habría mucho mayor crecimiento. Sin embargo, el crecimiento de los últimos seis años de 2.5% por año no da ningún apoyo a esta tesis. Más importante aún, no porque haya mayores estímulos fiscales habrá mayor inversión. Por el contrario, dichos estímulos son una distorsión aun mayor que la distorsión de la tasa cero del IVA en medicinas y alimentos.


La tercera cuestión es si estas facilidades en la ley pueden eliminarse sin causar un colapso de la inversión. La respuesta es que la inversión no ha dependido de tales facilidades, sino de las perspectivas de crecimiento del mercado. Por otra parte, la mayor parte de la inversión la hacen las empresas medianas y pequeñas mediante la reinversión de utilidades, en tanto que la mayor parte de los beneficios fiscales los aprovechan los grupos empresariales más grandes.


Las facilidades han ayudado sobre todo la compra y venta de grandes empresas por los grandes grupos, incluso en el extranjero, y no necesariamente a la creación de nuevas empresas. No hay más que ver la lista de empresas en la Bolsa de Valores para comprobar que hay menos empresas grandes hoy que a principios de los 90.


La cuarta pregunta es si la eliminación de estas facilidades podría contribuir más a los ingresos que el IVA en medicinas y alimentos. La respuesta está en la estimación oficial del costo de las facilidades fiscales, de 5.4% del PIB, o cerca de 310 mil millones de pesos. De éstos, 58% son facilidades para ISR y 36% son facilidades para IVA. De las primeras, las mayores (35% de todo el gasto fiscal) son para las empresas y 23% son para las personas físicas.

Es muy posible que, por la falta de información sobre quién paga qué, las pérdidas por estas facilidades estén subestimadas.

Hay entonces razones para que quienes no están de acuerdo con el IVA en medicinas y alimentos hagan una propuesta nueva y distinta a la que se ha hecho rutinariamente. De paso, apoyarían a los grupos de ingreso bajo y medio que más sufrirían con el IVA o la tasa exenta (que merece otra nota). Las facilidades a final de cuentas son privilegios. Debemos decidir si queremos privilegios para los grandes grupos o para los consumidores más modestos.


rograo@gmail.com

Analista económico

Sin Tiempo Para las Armas

Gustavo Iruegas

La Jornada
La paciencia nacional no es infinita, pero es mucha. Dura un siglo. Al acercarse la celebración del segundo centenario de la existencia de México como Estado, produce más satisfacción que alarma ver que la reserva de paciencia de los mexicanos se consume más rápido que las reservas probadas en los veneros del petróleo. No son pocos quienes consideran que, ante la desmedida voracidad de la oligarquía y de su gobierno de facto, ya es necesario que el pueblo tome medidas más enérgicas para someterlos. Se reconoce, sin embargo, que el día primero de diciembre las cosas estaban encaminadas a una masacre sin precedente en la historia de México. Se habían aprestado las instituciones armadas contra el pueblo enardecido, pero inerme. No se sugiere la lucha armada ni se hacen planteamientos desmesurados, pero se insiste en la necesidad de ir más lejos en la movilización popular. ¿Cómo y cuánto?, es la pregunta implícita.

Es consustancial a los movimientos populares -máxime a los revolucionarios- tener las probabilidades en contra y el tiempo a favor. Por lo general la preparación ha tomado unos diez años. No diez años de organización secreta y estática, sino diez años de preparación política y de confrontación con los aparatos represivos previos al inicio de la insurrección o de la guerra popular abierta. Después sigue la lucha armada, de cuya duración hay ejemplos que van de los diez días al medio siglo. Los movimientos revolucionarios latinoamericanos de los pasados 50 años, los posteriores a la revolución cubana, experimentaron todas las variables conocidas de la lucha popular: se puso en práctica la tesis del foco guerrillero rural, por contrapartida se intentó la guerrilla urbana, la guerra popular prolongada, la estrategia insurreccional, las zonas liberadas y varias modalidades intermedias. Unos más cruentos que otros, los movimientos revolucionarios más exitosos han sido los que lograron constituirse como un partido político, con un brazo armado y una organización de masas. Ese es el modelo que requiere diez años de preparación y diez años de lucha, aunque no garantiza el triunfo.

En la actualidad latinoamericana avanza la izquierda, más por las victorias electorales de partidos progresistas (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay) que por movimientos revolucionarios triunfantes. En Venezuela y Bolivia prosperan movimientos populares que han alcanzado el poder por la vía electoral y desde ahí intentan construir regímenes revolucionarios enfrentando a las oligarquías nacionales y al imperialismo. Ecuador ofrece grandes esperanzas que aún están por cumplirse. En Nicaragua regresó el partido, pero no la revolución. Aun así, el único movimiento revolucionario triunfante y en el poder es el cubano.

Porque no cabe en ninguno de los esquemas anteriores, el caso mexicano es excepcional. Resistiendo a un gobierno adulterino y procaz, que tiene su leitmotiv en la corrupción, que sirve a una oligarquía asociada a intereses extranjeros, esta lucha es singular: el objetivo es construir una nueva República basada en la ética, la democracia y la justicia; el método es el de la resistencia pacífica; activa, tenaz, intransigente; los instrumentos de lucha -la información, la opinión, la gestión, la administración y la oposición- son también los campos en disputa. Pero la movilización popular es el arma por excelencia de los movimientos de resistencia.

En cuanto a la información y la opinión, la oligarquía y la resistencia popular se han trenzado en una pugna desigual en la que los medios de comunicación lanzan sobre la población un torrente de propaganda política y comercial trastocada y falaz. La respuesta está en los escasos medios propios, modernos y tradicionales y, sobre todo, en la capacidad comunicativa de las masas entre sí, que ya en varias ocasiones ha superado a los monopolios. En la gestión y la administración se entabla la emulación entre la oligarquía y del pueblo. Ellos tienen los más; el pueblo, los mejores. La oposición se ejerce en el Congreso, donde la causa popular queda en minoría ante el partido de la derecha y los que venden sus votos. Ahí la lucha nos lleva más que a los triunfos legislativos a la denuncia de los aviesos proyectos elitistas, y a la fijación de posiciones y el despliegue de los proyectos populares. Aun así, tan señaladas como celebradas han sido las valientes actuaciones de los legisladores progresistas que han dado al traste con el ceremonial corrompido por la ilegitimidad.

La movilización popular, que es el más poderoso instrumento de la resistencia pacífica, encierra diversas líneas de actuación: Las marchas de protesta sirven para demostrar la unidad en el rechazo; las concentraciones atestiguan la capacidad de convocatoria, facilitan la arenga, propician la consigna y alimentan el espíritu de lucha; los plantones obligan a la autoridad y a la oligarquía a reconocer la existencia y soportar la presencia de los resistentes; la interrupción de vías de comunicación exacerba el enojo de las autoridad y de las elites; la ocupación de espacios públicos y de locales sedes de autoridades espurias interrumpe el despacho corriente de los asuntos y demerita el desempeño de quienes detentan la autoridad; el cierre de aduanas, aeropuertos, refinerías, pozos petroleros, secretarías de Estado, juzgados y otros sitios de esa clase impiden, en la práctica, el ejercicio del gobierno. Hay otras muchas formas de resistencia, todas pacíficas, muchas en el borde de la ley, pero dentro de sus márgenes. La imaginación es el límite. Lo que no es permisible es hacer de comparsas de la oligarquía posponiendo la lucha hasta estar listos para combatir con las armas a las tropas que son parte del pueblo. Se debe combatir con las armas propias, que son también las más poderosas: la razón, la verdad, la ética, la presencia y la intransigencia. No hay tiempo para perder. No hay tiempo para las armas

domingo, abril 08, 2007

Cada “Salvamento del País” Aumenta La Impunidad


Blogotitlan

En 1995 hubo una crisis, supuestamente bancaria, porque los grandes capitalistas recibieron el aviso de Hacienda —entonces a cargo de Jaime Serra Puche, uno de los “doctores de la ley” de Salinas, heredado a Zedillo— de que se aumentaría el margen de flotación del dólar. En unas cuantas horas convirtieron grandes sumas a dólares que desplomaron las reservas del Banco de México a mínimos alarmantes. De pronto, el gobierno federal se encontró con que no tenía divisas suficientes para enfrentar sus obligaciones de pago en dólares.

Este desquiciamiento momentáneo fue pretexto para que las tasas de interés se dispararan y de un día para otro, miles de deudores vieran aumentados sus adeudos con los bancos en forma que los hacía impagables. Gente con capacidad de pago, por ejemplo, de 100 mil pesos, de pronto se vieron endeudados con 200 ó 300 mil pesos, que no sólo rebasaban su voluntad de pagar, sino su capacidad de hacerlo. Lógicamente, la mora fue inmediata y tuvo como consecuencia pelitos judiciales y embargos que llenaron a los bancos de papeles y bienes de deudores, sin que los pudieran convertir a pesos o moneda circulante, por lo que el gobierno federal —en vez de atender el problema en su causa: el alza unilateral de la tasa de interés, la declaración unilateral de mora, el desquiciamiento financiero por la especulación cambiaria, la indiscreción del secretario de Hacienda con unos cuantos especuladores— se enfocó a los efectos del llamado “error de diciembre” y decidió entrar al rescate contable de los bancos con el Fobaproa. Los banqueros, no los deudores, recibieron apoyo del gobierno, o sea, de los mismos deudores.

El Fobaproa fue aprovechado para meter todos los créditos irregulares e ilegales de los directivos bancarios, quienes aprovecharon su posición y el momento, para dejar de pagar lo que habían sacado de sus bancos, y meterlos al Fobaproa como “créditos incobrables”. Todavía hoy, muchos de esos “deudores morosos” bien colocados, siguen gozando de extensas líneas de crédito, jamás fueron reportados al Buró de Crédito, y se dan el lujo de fraguar y financiar un fraude electoral para imponer un Presidente de la República que jamás los llame a cuentas.

Como el Fobaproa tenía muchos cabos sueltos y hoyos por donde se asomaban las largas colas de las ratas, el mismo gobierno —presionado por sus “fuerzas vivas” y más que vivas— decidió desaparecerlo para crear en su lugar el IPAB, el supuesto instituto para la protección de ahorro bancario.

La nueva Ley de IPAB fue muy polémica, especialmente porque significaba reconocer como deuda del gobierno federal, pagadera con cargo al presupuesto público, y porque se presentaba en el contexto de la campaña presidencial del 2000, con un electorado hastiado de las corruptelas y excesos del PRI y que pedía conocer los fraudes cometidos por banqueros, a quienes se “rescataba” con dinero público. El grupo legislativo del PAN, entonces liderado por Felipe Calderón, inicialmente se opuso a tal ley, pero cuando su candidato Vicente Fox transó con Ernesto Zedillo, el voto panista se unió al del PRI para aprobar la mentada ley. El argumento para aprobarla fue impedir que “desaparezca el Sistema Financiero Nacional” (que de todos modos desapareció por la vía de su venta al extranjero), subsidiando a los bancos “rescatados de la quiebra inminente” con pagarés que les rinden altos intereses pagados con impuestos.

PRI y PAN, coludidos, tendieron un manto de impunidad a los banqueros.

Igual contubernio se utilizó para aprobar la nueva ley del Seguro Social, ordenada por el Banco Mundial a fin de impedir que el gobierno siguiera destinando presupuesto a la seguridad social, para que ésta pasara a manos de operadores privados. En este caso el pretexto fue “la descapitalización de los fondos de pensiones”, sin jamás explicar a dónde fueron a parar las reservas que año con año se alimentaban del presupuesto y que debían generar intereses reinvertibles.

El Seguro Social jamás había tenido problemas de liquidez que le permitía construir y equipar hospitales de tercer nivel de atención, con tecnología avanzada, o abrir clínicas rurales; construir y operar centros vacacionales para sus derechohabientes; construir y operar teatros y centros de esparcimiento público, así como guarderías para empleadas y derechohabientes, además de cumplir con las indemnizaciones, jubilaciones y pensiones a que estaba obligado por ley… hasta que llegaron los tecnócratas.

Con el neoliberalismo se inició también un saqueo continuo de las reservas del instituto, que aún hoy no se acepta que sean auditadas —para ver quién y cuándo sacaba recursos—, al tiempo que prácticamente se cancelaba el presupuesto de inversión y sólo se otorgaba, cada vez más mermado, el presupuesto de operación. Ya no se autorizaban nuevas plazas y las que se desocupaban —por jubilación o “retiro voluntario”— quedaban automáticamente “congeladas”, para reducir el monto operativo.

El abasto de medicinas, eterno problema sin solución —más por intereses económicos que por otras razones—, se hizo crítico y los nuevos administradores tecnócratas imponían disposiciones para sujetar a los profesionales de la medicina a nuevos esquemas rígidos que atendían factores financieros antes que médicos. La “administración” sometió a sus caprichos a la ética médica. El derechohabiente se vio sujeto a un limitado Cuadro Básico de medicamentos al que los doctores debían sujetarse.

Pero como esto no era suficiente para retirar el apoyo gubernamental a la medicina social, el Banco Mundial ordenó cambiar la ley, para que los trabajadores aumentaran sus aportaciones, ya no al IMSS directamente (para evitar suspicacias de malos manejos), sino al nuevo instrumento creado por Carlos Salinas, las Afores privadas. De ese modo, el gobierno deja de destinar presupuesto al IMSS, para dedicarlo al servicio de la creciente deuda —principalmente interna—, y se estimula la participación del sector privado en el manejo de esa masa monetaria tan suculenta, por la vía de los bancos y las Afores.

Presentada a la carrera y con muchos errores de planteamiento y operación, pese a la oposición del sindicato del Seguro Social —que por primera vez exigió una Auditoría a las reservas de pensiones y jubilaciones, que supuestamente ocasionaban la crisis financiera del instituto— y de legisladores que sospecharon de la premura con que se quiso aprobar la ley, ésta se aprobó. Y no hubo auditoría, porque habrían salido a la luz los desfalcos a esos fondos de retiro y el verdadero propósito de privatizar los servicios esenciales del Seguro Social, dejando intocada su estructura burocrática que debe autofinanciar sus prestaciones.

Vista la facilidad con que cumplieron las órdenes del Banco Mundial, éste de nuevo ordenó continuar la privatización de otras instancias de seguridad social y otra vez el dúo avieso del PAN y PRI se coludieron para imponer una nueva legislación a los trabajadores del Estado, para suprimirles prestaciones y hacer que ellos mismos financien las que sean ineludibles.

Atropellados, en unos cuantos días presentaron, discutieron y —salvando trámites y discusiones— aprobaron una Ley del ISSSTE que, al igual que la del Seguro Social, sólo pretende quitarle al Gobierno-patrón la responsabilidad de aportar a la seguridad social de sus empleados, a quienes deja a expensas de los buitres bancarios privados.

Sin entrar en averiguaciones para saber dónde quedó la reserva que había, el Gobierno del PAN sólo dijo que el ISSSTE estaba en supuesta “quiebra técnica” y que si no se aprobaba la ley, quebraría completamente, olvidando que: 1) como instancia pública, es imposible que quiebre, pues su objetivo no es lucrar, tener ganancias; 2) que el solícito Gobierno acudió en apoyo a unos cuantos vivales banqueros e “inversionistas” para rescatar los sistemas “bancario” y “carretero” nacionales, a un costo gravosísimo para las finanzas públicas.

Y aquí es donde reside todo el problema. Para pagar los “rescates” a banqueros y acreedores, el Gobierno necesita dejar de asignar presupuesto al IMSS, ISSSTE y tantos otros compromisos públicos, que son la verdadera razón de ser de un gobierno. El dinero que deje de aportar a esas obligaciones legales, el gobierno lo destinará al servicio de los pagarés que ha repartido como volantes, pues a los del IPAB y el rescate carretero, se suman los papeles de deuda interna colocados en las famosas “bursatilizaciones” o Bolsa de Valores. Para hacerse de recursos frescos, por ejemplo, PEMEX colocó papeles de deuda en el mercado de valores, que el gobierno tiene que pagar y ante la baja del petróleo, prefiere arruinar a la ciudadanía que a los especuladores.

Por más que se insistió en que se averiguara dónde quedaron las reservas acumuladas del fondo de jubilación, tanto del IMSS como del ISSSTE, como de las otras instituciones que vayan a “renovarse”, el gobierno prefirió el camino fácil del desprestigio popular —que, según su óptica, puede contrarrestarse con otros torrentes de spots y “cadenas nacionales”— y echar tierra en los peculados de antiguos directores del Seguro Social y en los desfalcos del prominente “gordillista”, hoy destacado legislador del PAN, Benjamín González Roaro, durante su tiempo al frente del ISSSTE, así como en los numerosos créditos del FOVISSSTE que le sirvieron a Elba Esther Gordillo, la dueña del sindicato magisterial, para afianzar su garra sobre esa unión de trabajadores.

Como reza el dicho “muerto el perro, se acabó la rabia”, el desaparecer los antiguos mecanismos de aportación y reserva, se esfuman las posibilidades de auditar las participaciones gubernamentales y, por ende, se refuerza la impunidad de los saqueadores del erario público, de uñas menos largas que su servilismo al nuevo poder hipócrita de la “gente decente y responsable” que “lucha por la vida” fácil y espléndida.

Aumentando la corrupción y la impunidad, es su forma de “salvar al país”.

miércoles, abril 04, 2007

Morir en en la Pobreza

Zósimo Camacho / Julio César Hernández, Enviados

Desnutrición y muerte por enfermedades curables predominan en la Montaña de Guerrero. Las chozas improvisadas como escuelas son abandonadas por los maestros que no se resignan a la maldición de vivir en la zona más pobre del país. Las mujeres parturientas mueren en las agrestes brechas antes de llegar al hospital más cercano.
Es Cochoapa El Grande, el “subsahara mexicano” que Vicente Fox prometió sacar del atraso y al que ni una promesa cumplió. Contralínea regresa a los municipios más pobres del país, visitados durante la primera mitad del sexenio pasado, donde la miseria, lejos de abatirse, se profundizó.

Cochoapa el Grande, Guerrero. El macilento cuerpo de Apolinar se revuelve debajo de una frazada percudida. Sus grandes ojos no aciertan a mirar fijamente y, delirante, balbucea que padece “tuberculosis”. Los tablones sobre los que yace crujen constantemente y, por momentos, los espasmos del escalofrío dejan ver su torso esquelético.

Enfermó desde agosto pasado. Ya recibió todas las atenciones posibles en esta comunidad de San Pedro El Viejo: rezos y baño de temascal. Como el de Apolinar es un caso difícil, los principales o mayores ya han echado las cartas “para saber por dónde deben rezar”. Reconocen que en “cualquier ratito puede morir el muchacho”, algo que los entristece, pero no los asombra.

Morir por diarrea, parasitosis, gripe, parto, infecciones en las vías respiratorias o “tuberculosis”, sarampión y mordeduras de víbora de cascabel, es para ellos un designio inescrutable al que todos los habitantes de esta comunidad nu’saavi o mixteca están expuestos. Una semana antes, y después de meses en cama, murió Micaela Rodríguez, de 35 años. El diagnóstico de los principales, o viejos, de la comunidad fue: “tuberculosis”.

Bajo el sol del mediodía y una temperatura que supera los 30 grados centígrados, una docena de niños desnudos, infestados por parásitos, acarrean los adobes que los mayores hacen vehementemente. María, de cinco años, recarga el ladrillo en su enorme y grotesco vientre. Su cuerpo rojizo y silencioso se mimetiza con la pila de adobes y con los adustos y desolados cerros de esta Montaña de Guerrero.

Las palabras de Margarita Martínez Cruz fluyen como de por sí se escucha la lengua nu’saavi: como un susurro que intenta contener la desesperación y el enojo. Entre sus brazos retiene a su hijo Manuel Castillo Martínez. El infante, de dos años de edad, se retuerce sin abrir los ojos. Las fuerzas no le alcanzan siquiera para llorar. Apenas jadea y lanza débiles quejidos por una boca amarillenta y pastosa por la tortilla remojada que su madre le introduce a la fuerza.

A través de Paulino Ruiz, el único habitante de esta localidad que entiende y habla con dificultad el español, Margarita explica que Manuel nació en los campos de Culiacán, Sinaloa, adonde se trasladaba toda la familia cada año y hasta por cuatro meses para trabajar como jornaleros. Ahora sólo se van su esposo y sus hijos mayores. Dice que el menor casi siempre ha estado enfermo y que “estuvo muerto” tres semanas en un hospital de Culiacán.

El mal actual lo aqueja desde mayo pasado. Como todos los que padecen “tuberculosis” en San Pedro el Viejo, no tiene apetito y su cuerpo flácido ha adquirido una tonalidad blanquecina. El único alimento al que su desmayado organismo puede aspirar, como cualquier persona de esta comunidad, es la tortilla.

Tanto Apolinar como Margarita descartan trasladarse al hospital de la ciudad más cercana. Con incredulidad y hastío responden parcamente que no tienen dinero suficiente para tener tal lujo. Saben que la brecha que los separa del “derecho a la salud” es infranqueable. Y es que, como herida abierta en uno de los pliegues de la montaña guerrerense, San Pedro El Viejo está lejos de todo.

No sólo se trata de la ausencia de carreteras, dinero para pagar el transporte y al menos siete horas de viaje: tampoco hablan español. Antes de morir en el camino o en medio del desprecio de los hospitales, que no cuentan con traductores, prefieren expirar en sus casas “y ahorrarle gastos” a sus familias.

En San Pedro El Viejo hay una solitaria y decrépita “casa de salud” que es visitada por una brigada médica, a decir de los lugareños, cada dos meses. No cuenta con medicinas ni con una sola herramienta médica. Sólo ostenta, a un costado de la apolillada puerta de tablones, un descolorido y polvoriento cartel propagandístico de la Secretaría de Salud en el que apenas se puede leer la leyenda: “Donde tú estás, está tu salud”.

En caso de accidente o enfermedad grave, los “pedreros” tienen que improvisar camillas y contratar una camioneta para trasladar al paciente por una brecha agreste. El tiempo de traslado depende de la temporada del año: entre más humedad haya, más demorará el trayecto. En época de estiaje, salir del corazón de la montaña puede llevar cuatro horas a un conductor habilidoso. En temporada de lluvias, el mismo recorrido supera las nueve horas. Durante agosto y septiembre no hay manera de transitar por los sinuosos caminos montañeros que se convierten en fangos de barro.

Los habitantes de San Pedro El Viejo deben contratar por 3 mil 500 pesos una camioneta que los saque de sus comunidades. A eso se suma el pago de alimentos en Tlapa u Ometepec de los acompañantes del enfermo. Ni pensar en alquilar algún cuarto para pasar la noche. Con naturalidad aceptan dormir, encobijados, en las calles, parques y portales de los palacios municipales. Seguramente deberán comprar la medicina que requiere su paciente.

“Por eso estos enfermos ya no salen. Porque además saben que se van a marear en el camino, no van aguantar y se van a morir. Harán gastar a sus familiares para nada y harán que gasten más por el traslado del cuerpo”, explica Paulino Ruiz.

Cruz Verde

El comisario de esta comunidad, Teodoro Amado, señala una choza carcomida y desvencijada. Muestra la “escuela” de los niños de la parte más alta y fría de la Montaña. Del paisaje de coníferas apenas resalta la cabaña abandonada.

Sobre la puerta principal, los pobladores han recargado decenas de adobes que -dicen orgullosos- serán para la construcción de una “casa de médico”. A través del intérprete Florentino Aguilar, agregan que en este pueblo ningún gobierno ha realizado una sola obra social. Sus espacios comunitarios los han construido con sus propias manos.

Por ello, la iglesia, la comisaría y la “escuela” están modestamente construidas con adobe, tablones y láminas de cartón. Como sus vecinos de San Pedro, los de Cruz Verde sólo comen tortilla, salsa, yerbas “y a veces frijolitos”.

Contralínea visitó esta comunidad en diciembre de 2003 (ver número 23). El último maestro que dio clases en la “escuela” se había marchado hacía tres meses. Entonces los pobladores mostraron el interior de su “plantel” ante los rostros jubilosos de los niños de entre seis y 10 años que corrieron por sus cuadernos y se formaron para “hacer honores a la bandera”.

Hasta ahora los hombres la vuelven a abrir. Como los adobes prácticamente han clausurado la puerta, desclavan dos costeras y descubren polvorientos papeles que se deshacen al tacto, paredes cubiertas por telarañas y libros carcomidos. Pero ahora apenas hay unos cuantos niños y nadie solicita, como entonces lo hicieron, instrumentos musicales para una banda infantil. La mayoría partió, junto con sus padres, a trabajar a los campos del municipio de Culiacán, Sinaloa.

“No pueden irse a trabajar aquí cerca, como a Ometepec o a Tlapa, porque no dejan trabajar a los niños. Allá en Sinaloa sí lo permiten”, explica Teodoro Amado.

Dos Ríos

El pueblo se reúne a la llegada de cualquier visitante. Dialogan con los fuereños como si los hubieran estado esperando por años. El arribo de forasteros provoca que a través de un altavoz -ya cuentan con energía eléctrica- se realice una convocatoria que termine por reunir a todos los hombres adultos y algunas mujeres. Pareciera que esperar es la principal actividad de quienes en esta comunidad de la parte más calurosa y tropical de la Montaña no han partido a la pizca de frutos exóticos en Sinaloa o Baja California.

En los pueblos montañeros nadie habla por sí mismo ni para beneficio particular. Todos están de acuerdo en lo que necesitan y cualquiera puede decir a los visitantes sus principales carencias, pero no hablan hasta “hacer reunión”. El comisario Modesto Esteva Cano inicia la exposición que termina en interminables diálogos, donde por momentos todos hablan atropelladamente.

En esta comunidad, cercada por dos ríos que en época de lluvias no les permite salir, no hay agua potable. Carecen de casa de salud y reciben la visita de un médico cada 15 días. Dicen que cuando el médico no está y algún integrante de la comunidad cae enfermo, comienzan los rezos. Denuncian que los maestros sólo dan clases tres días consecutivos y luego se ausentan por 15 o 20. No cuentan con biblioteca y, como a los demás pueblos montañeros, la pregunta les causa asombro y sonrisas.

A este pueblo sí llegan, aunque irregularmente, los programas de la Secretaría de Desarrollo Social. Cincuenta mujeres reciben 290 pesos cada dos meses del programa Oportunidades; sin embargo, lo reclaman más de 100. En el Procampo sólo están inscritos ocho padres de familia de un total de 150.

A diferencia de la última visita de Contralínea, ahora hay al menos una tienda en la comunidad. Se consumen refrescos y, sobre todo, cervezas. La llegada de la comida chatarra no los hizo menos pobres, pero los embases de plástico se acumulan como basura a la orilla del camino.

Los más pobres

Luego de un sexenio de promesas, estas comunidades siguen encabezando la lista de las más pobres del país. Los nu’saavi de la Montaña se sienten defraudados porque poco o nada se cumplió. Ya eran las más pobres del país cuando pertenecían al municipio de Metlatónoc. Ahora que son parte de Cochoapa El Grande también encabezan la lista de las paupérrimas del país, según el Índice de Desarrollo Humano del Consejo Nacional de Población.

El territorio de Cochoapa El Grande es de 690 kilómetros cuadrados a una altitud promedio de mil 605 metros sobre el nivel del mar. Lo habitan 15 mil 600 personas distribuidas en 120 comunidades; el 76 por ciento de la población mayor de 15 años es analfabeta; el 94 por ciento de las viviendas no cuenta con drenaje; el 61 no tiene energía eléctrica y el 87 por ciento de las familias obtiene ingresos inferiores a los dos salarios mínimos.

El decreto 588 mediante el cual se creó el municipio de Cochoapa El Grande fue publicado por el gobernador René Juárez Cisneros en el periódico oficial del gobierno del estado el 10 de diciembre de 2002. La designación del primer ayuntamiento se realizó el 12 de abril de 2005. Como presidente resultó Santiago Rafael Bravo, antiguo opositor a la creación del municipio.

A decir de los lugareños, no es común encontrar al presidente municipal en la localidad. Transportistas, policías, regidores, síndico y secretario de gobierno reconocen que Santiago Rafael casi nunca despacha en la oficina de la presidencia. Todos coinciden en que el presidente pasa semanas en Chilpancingo antes de visitar por algunos días la cabecera municipal que dice gobernar.

El síndico Guillermo Flores Lorenzo admite que las escuelas de esta cabecera no son suficientes para atender siquiera a los más de mil niños de esta localidad principal. Oficialmente quedaron fuera 120 “porque ya no hubo cupo”, pero estima que el número es aún mayor porque “muchos ni siquiera se registraron y otros estaban con sus padres en Sinaloa cuando fueron las inscripciones”.

Por supuesto, señala que en la mayoría de las comunidades que dependen de esta cabecera no hay escuelas y no hay cifras sobre los niños que realmente se quedan sin estudios. Reconoce que son la mayoría.

Flores Lorenzo también dice que el servicio médico no tiene la capacidad de atender la demanda ni de la cabecera ni de las demás comunidades dependientes. Solicita recursos económicos para la creación de una clínica de especialidades en ginecología y pediatría. Sin embargo, lo que el ayuntamiento construye -a iniciativa del presidente municipal- es un fastuoso palacio que tendrá un costo de entre 12 y 15 millones de pesos.

Una misión de la congregación de monjas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, encabezada por Silvia Rodríguez Aguilar, ofrece servicios de salud y de educación abierta. Las monjas tratan de brindar las atenciones que los tres niveles de gobierno municipal no pueden ofrecer.

Los niños de San Pedro El Viejo observan silenciosamente y con curiosidad a los fuereños que acarrean tabiques y preparan mezcla de cemento, grava y arena. La cuadrilla a cargo del arquitecto José Vélez construye la primera obra en la localidad impulsada por los gobiernos municipal y estatal: una iglesia que ya se erige imponente sobre las insignificantes chozas de tejamanil y láminas de cartón.

Al cierre de esta edición una brigada médica móvil de la jurisdicción de la ciudad de Tlapa se dirigía a la comunidad asolada por la “tuberculosis”. El médico a cargo del grupo, Gerardo de los Santos, reconoce que es urgente la creación de un hospital en esta zona de la Montaña.

En Cochoapa sólo hay derecho a la muerte

Los paupérrimos pueblos de la Montaña de Guerrero agonizan sin derecho a salud, educación ni alimentación; mucho menos a justicia, vivienda digna o vestido. Para ellos no hay instituciones ni programas que los incorporen a los servicios que supuestamente garantiza la Constitución a todos los mexicanos.

El antropólogo Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, dice que para la población de la zona más pobre del país, mayoritariamente indígena, no hay “espacios” que le permitan acceder a los derechos humanos. “Hay una ausencia de autoridad y una descomposición de las instituciones por la corrupción y la impunidad”.

Agrega que los nu’saavi, me’pha, nahuas y mestizos de la Montaña no saben que existen las secretarías de Asuntos Indígenas y de la Mujer (ambas del gobierno del estado de Guerrero).

“Y si lo saben, piensan: ‘Qué bueno que existan pero para mí eso no tiene ninguna incidencia ni significa nada porque yo sigo enfermo y no tengo acceso ni a una pastilla, un suero antialacrán, ni a que me tomen la presión o me pongan un termómetro para saber cuánto tengo de temperatura’. Para ellos el derecho a la salud es un petate en la tierra, que es el derecho a la muerte.”

El fundador de la organización no gubernamental de defensa de los derechos humanos, con sede en la ciudad de Tlapa de Comonfort y que trabaja con las comunidades de la Montaña y la Costa Chica, dice que la miseria se ha convertido en una característica inevitable de quien vive en las comunidades de Cochoapa El Grande, Metlatónoc o Alcozauca.

“El problema histórico de la Montaña es esta pobreza tan profunda que está en el corazón de los pueblos como si fuera una segunda naturaleza. Cuando decimos montañero, pensamos en la persona andrajosa, que lleva más de una semana sin poder bañarse, que no sabe qué es comer una pierna de pollo. Esto en lugar de revertirse se va profundizando. La gente se va ahogando en la pobreza, en el olvido, en la discriminación, en la violencia.

“Eso en realidad es un drama que en pleno siglo XXI no es tolerable en nuestro país pero que desgraciadamente no se está revirtiendo. La descomposición, empobrecimiento y deshumanización es lo que florece en esta escarpada Montaña.”

martes, abril 03, 2007

Hipócritas

Ricardo Rocha

El Universal

02 de abril de 2007

Hoy estamos viviendo uno de los debates mas absurdos y vergonzosos de que se tenga memoria. El aborto ha venido a polarizar todavía más a una sociedad ya de por sí confrontada por el 2 de julio y sus secuelas de rencores y odio: de un lado, quienes defienden el derecho a la vida de miles de mujeres que cada año mueren en este país por criminales abortos clandestinos; del otro, los que invocan la religión para condenar y hasta excomulgar a quienes pretenden despenalizar el aborto.


Un debate que, por supuesto, está ideologizado y partidizado: acá, priístas, perredistas y organizaciones no gubernamentales de centro-izquierda exhibiendo los extremismos del partido en el poder; enfrente, el PAN, el gobierno, la jerarquía católica y anexos desgarrándose las vestiduras pero intentando demostrar quién manda en este país.


Los argumentos por la despenalización son contundentes: es un gravísimo problema de salud pública con graves consecuencias individuales, sociales y hasta económicas para la nación; nadie puede imponerse al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad; hay un cúmulo de argumentos científicos que descartan que antes de las 14 semanas de embarazo se pueda hablar de un ser humano integral; aun filósofos y teólogos como Hans Kung -de reciente visita en nuestro país- han afirmado que el embrión en esa etapa no puede ser todavía considerado como persona, que el aborto beneficia a las mujeres más pobres y que la Iglesia debería tener una posición de misericordia, porque oponerse al aborto no es una actitud cristiana.


Simultáneamente, se ha dicho una y otra vez que esta ley -ahora a discusión en la Asamblea- no obliga ni sugiere a la madre a abortar,; simplemente eliminaría las penas a quienes lo hagan. En sentido contrario, los "argumentos" son absolutamente insostenibles y se limitan a las mismas cantaletas moralinas de siempre: estar en favor de la vida; defender la existencia de inocentes o el súmmum de la nueva filosofía chespiritense de la derecha: "abortemos la ley, no la vida". Las "razones" no se quedan atrás: "habrá violencia", amenaza el cardenal Rivera; "habrá sangre", desafía el señor Serrano.


Pero lo peor para voceros y vocingleros antiaborto es que no hay uno solo que tenga calidad moral para defender una postura de seudoética pública. Y es que están contra el aborto los panistas que jamás se han molestado en protestar por Aguas Blancas, Acteal o las muertas de Juárez; que no han hecho gestos con sus alcaldes asesinos como el de Atizapán; que encubrieron el fraude de 30 millones del ya mencionado provido Jorge Serrano Limón; que ahora comulgan con don Norberto, quien está indiciado en Los Ángeles por proteger al cura Aguilar, quien afirma que "es una exageración decir que violé a 90 niños". Los mismos panistas que tienen como gurú espiritual al padre de todos los pederastas Marcial Maciel, al que el Vaticano tuvo que encerrar porque es un sujeto de alta peligrosidad.


Así, pues, con qué cara los panistas y los jerarcas católicos nos pueden hablar de caridad cristiana. Si vienen de una Iglesia que empareda por miles los fetos en los muros de sus conventos; que masacró a los cátaros porque querían regresar a la austeridad de Jesús; que sólo en los últimos 50 años y nada más en Estados Unidos ha sido acusada de más de 10 mil abusos sexuales contra niñas y niños por parte de 5 mil de sus sacerdotes, por lo que ha tenido que pagar casi 700 millones de dólares en indemnizaciones. Si en México se abrieran las denuncias, también sumarían miles.


Lo grave es que la larga agonía de esas violaciones y luego la destrucción en vida de la existencia de esas víctimas jamás ha provocado el menor rechazo o protesta de quienes ahora se asumen hipócritamente como defensores de la moral y las buenas costumbres.


En suma, si la mayoría en la ALDF se deja intimidar y amedrentar por los nuevos inquisidores malhechos, habremos retrocedido siglos de historia. Ahora sí se aplastaría el estado de derecho. No puede ni debe haber titubeos en un acto de estricta justicia.


ddn_rocha@hotmail.com

Garantía de Impunidad

Rosario Ibarra

El Universal

3 de abril de 2007

"...Se me quitó la certeza de lo que dijo". Tal fue la opinión de quien preside nada menos que el Instituto Nacional de las Mujeres , en relación a lo expresado -antes de morir- por la anciana Ernestina Ascencio Rosario.

No le queda a los millones de mujeres maltratadas que hay en México una migaja de esperanza en que sus quejas sean atendidas por tal "instituto". Y es que, como se divulgó por muchos medios, la mujer de 73 años, originaria de Zongolica, murió a consecuencia de la violación tumultuaria que sufrió y que antes de expirar señaló a un grupo de soldados como sus agresores.

Leí por allí en un diario que la señora directora antes mencionada dijo: "Primero me indignó; hice una declaración de que se vaya hasta las últimas consecuencias, sean militares o civiles". pero. pero. ¡caray! Lo que agregó es terrible y lo transcribo: "pero después de ver el boletín de la CNDH, donde ya es determinante lo que pasó, se me quita la certeza sobre lo que ocurrió". Bueno, es dificilísimo, por no decir imposible, el que la certeza pueda quitarse, "diluirse" y, además, a partir de ese "boletín" (si quedaba duda de otros), ya no se podrá creer en cosa alguna que exprese la aludida Comisión Nacional de Derechos Humanos. Destaqué la palabra certeza, porque su significado (según Larousse) es certidumbre, certitud; es el conocimiento seguro, claro y evidente de las cosas.

La experiencia de muchos miles de mexicanos da la razón a la familia de Ernestina Ascencio. Miles de mexicanos hemos sufrido represión de parte de fuerzas del gobierno mexicano, y la respuesta a nuestras quejas y denuncias ha sido la burla, que no es otra cosa que la impunidad de que han disfrutado los agresores, y lo hecho por la CNDH, confirma lo que siempre opinamos de ella: que es un escenario, y la tramoya completa para esconder los desmanes de los distintos gobiernos (intriga, trama, engaño).

Los familiares de los desaparecidos políticos nunca tuvimos confianza en la multicitada CNDH, porque fue hechura de Salinas de Gortari, de quien nada tenemos que decir que no lo sepa el pueblo mexicano que tanto sufrió durante su mandato. La CNDH quedó en el sexenio zedillista poco menos que difunta, hasta que llegó el señor de la transición y del cambio imposible y la levantó de su letargo con el señor Soberanes a la cabeza.

Repito, no acudimos a sus oficinas ni llamamos a nadie, pero congruentes que solemos ser, en el momento en que se nos dijo que el ombusdman estaba amenazado por la PGR de que iba a ser "detenido por difamación", nos ofrecimos a ser parte de su defensa y continuamos una relación respetuosa con él y con todo su equipo, pero. pero. (otra vez los peros) a partir del "informe" sobre Oaxaca, volvió a inquietarnos su manera de actuar, y con este asentimiento del titular de la comisión, con esa su adhesión incondicional a las opiniones del señor Calderón, "nunca más" (como dijo el hermoso cuervo inmortalizado por Edgar Allan Poe.)

Desde el inicio de estos dolorosos asuntos -Oaxaca y Zongolica- nosotros, familiares de los desaparecidos del Comité ¡Eureka!, hemos sido solidarios con sus reclamos. Hoy unimos nuestras voces a las de los hijos de la anciana ultrajada y asesinada: Julio, Francisco, Martha, Juana y Carmen Inés. Junto a ellos gritamos al mal gobierno que respete la memoria de su madre y que no les llame mentirosos, que afirman que su madre era una mujer sana.

Por nuestra parte añadimos que jamás la mentira oficial podrá dar a los represores del pueblo, porque no lo permitiremos, la infamia que pretenden: garantía de impunidad

Dirigente del Comité ¡Eureka!

sábado, marzo 31, 2007

Amoríos

Sergio Sarmiento

El Norte

"El recuerdo es el único pan del que viven los viejos"

Andrés Henestrosa


Así como Octavio Paz esperó a tener 80 años para escribir "La llama doble", su libro de reflexiones sobre el amor y el erotismo, Andrés Henestrosa nos ha ofrecido a sus 100 años de edad un volumen de recuerdos, "Andanzas, sandungas y amoríos" (UNAM y Plaza Valdés) que es a un mismo tiempo hermoso y deleitoso.

En breves viñetas el maestro oaxaqueño -que aprendió el huave "del pecho derecho de mi madre" y "del izquierdo el zapoteco", pero que después "de otros pechos aprendí numerosas lenguas"- nos ofrece un recorrido por su vida. De su niñez en "el rancho, en el monte, a la orilla del mar, a la orilla del río", nos lleva al momento en que Eva y Emperatriz, "cuya mamá vendía pan a las cinco de la tarde en el pueblo", lo llamaban a su casa cuando él tenía 11 años. "Se desnudaban en el petate y jugábamos los tres... Las caricias eran instintivas, naturales. Emperatriz estaba totalmente poblada, era ya mayor, tenía 15 años, Eva era una niña, nos besábamos..."

Y rememora: "Después de 50 años encontré a Eva, muy viejita y me dijo ¿te acuerdas, Andrés? Sin duda, no lo puedo olvidar. Emperatriz ya había muerto".

"Yo soñé escribir", nos dice Henestrosa, "porque como en mi pueblo no había libros, había uno solo que recorría todas las casas, íbamos a verlo y a olerlo, porque la letra perfuma, la letra tiene aroma". Pero claro, "la alegría del pobre es siempre muy grande porque la tiene rara vez".

Un día, cuando todavía era un mero adolescente, encontró en su hamaca a una mujer que había llegado a comprar en la tienda de abarrotes en la que él entonces trabajaba. "Fue la primera vez que amé a una mujer en ese lugar... Al amanecer dejó la suave y curva hamaca. Se fue en el tren de la madrugada. Nunca supe su nombre, nunca supe quién era, ni de dónde venía". Y así entendió el joven Andrés que "la mujer es lo mejor que Dios hizo para sus hijos".

Henestrosa tenía 16 años cuando llegó a la ciudad de México, "hambriento de saber. Fui a ver a Vasconcelos, a pedirle ayuda, era un 15 de febrero de 1923". El entonces Secretario de Educación lo mandó a la Normal, donde tuvo "cama, lavado de ropa... Me dieron libros, salía cargado de libros, no entendía yo nada, pero leía y la 'Divina comedia' me deslumbró". En las cantinas comía, porque ahí le daban botana por la copa: "Gastar alegremente la pobreza, ésa era mi riqueza".

En los "salones de baile de la colonia Obrera, entre las cuatro y las cinco de la tarde, con un tostón se podía bailar con las muchachas... Algunas tenían por ahí cerca su cuartito. Nunca ha faltado al hombre, al desamparado, al huérfano, una mujer. He sido afortunado porque siempre la mujer más femenina, que tiene algo de mamá, me ofrecía un pedacito de su cama".

No todo eran triunfos, por supuesto. "Muy enamorado, muy irrespetuoso de las señoras, numerosas bofetadas me propinaron". Tuvo, sin embargo, "muchas amigas, algunas de ellas casadas". Gustaba también de comer. "Los indios tenemos un hambre ancestral, por lo que no comieron los abuelos, comemos por ellos".

Conoció Henestrosa a los grandes del México intelectual y bohemio de los años 20 y 30: "a los jóvenes Novo, Villaurrutia, Owen, y a la cabeza, Vasconcelos". Y a ellas también, por supuesto: a María Izquierdo, a Lola Álvarez Bravo, a Antonieta Rivas Mercado, inmortalizada aún en el Ángel de la Independencia. Una tremenda pelea con el gran director de la Orquesta Sinfónica, Carlos Chávez, le dejó una cicatriz desde entonces.

"Tenía yo otra amiga que decía que había leído que el abuso de mujer provoca en el hombre la pérdida de memoria. Y qué, Andrés, me dijo. Al diablo con la memoria, respondí, ya renuncié a la memoria. Y ahora a mis 100 años, recuerdo".

Un día en casa de Pablo Neruda conoció "a una señora famosa, muy hermosa ella. Un día me pidió prestado un libro y al devolvérmelo me dijo: Andrés: ojéalo con cuidado... Al hacerlo encontré unos vellos de su sexo y un día, al besarlos, se cayeron. Te doy otros, me dijo, pero se van a volver a caer, respondí. Mejor que sea directo, dijo ella".

"Después de tanto leer, resulté muy culto; de malhablado y lépero, resulté escritor. Y ahora resulta que he embaucado a tanta gente, que tengo fama, gloria, aplausos y premios. A todos les he tomado el pelo".

Pero a mí, maestro Henestrosa, tras leer estas "Andanzas, sandungas y amoríos", puede usted embaucarme las veces que quiera. Cada palabra, cada frase, cada anécdota lleva en sí un enorme encanto y toda la fuerza del recuerdo. Hoy, mientras escribo esta columna en mi computadora ante la asombrada mirada de los comensales de un restaurante a reventar, encuentro que mi boca dibuja una constante sonrisa mientras, extrañamente, mis ojos se llenan de lágrimas. Este libro tiene ese poder.

lunes, marzo 26, 2007

Detrás del Espejo, A Romper el Cerco Informativo ! y SomosUno Radio en Galería de Fotos:


Con la camiseta bien puesta fotos: Detrás del Espejo y A Romper el Cerco Informativo !

El equipo de SomosUno Radio que viajó a México para cubrir la 2a. Asamblea Nacional de la Convención Nacional Democrática, demostró que el trabajo en equipo siempre tiene resultados por demás positivos.
En todos los eventos que cubrimos, desde el seminario que impartieron los compañeros de Radio Bemba de Hermosillo, Son., entrevistas de campo, durante las mesas de trabajo y la plenaria realizada la mañana del sábado, pasando por la trasmisión de programas como La Casa de la Neta, La Mesa, Conciencia Crítica y del informativo desde la Ciudad de México, vino a sumar experiencia y a consolidar un proyecto que algunos consideraron que tronaría en las primeras de cambio. No ha sido así, por el contrario, el proyecto SomosUno Radio de las Redes Ciudadanas de Nuevo León, A.C., se ha consolidado.
Vemos con beneplácito el esfuerzo que imprime el coordinador genereal del proyecto: Javier Garza, así como la voluntad y entusiasmo de gentes como Uriel en la parte técnica y en producción y controles a gente como Anahill y Thalia Libertad, o como coordinador del área técnica a Héctor,o Alma Ramírez trabajando incansablemente en la conducción de su programa Haciendo Camino, ; o al aguerrido e incansable Cuitláhuac Quiroga, coordinador de noticias, o como olvidar a Daniel de la Garza y muchos otros que trabajan en el proyecto y que de una manera modesta y consecuente hacen su trabajo, sin aspavientos ni egos mal habidos.
Ahora viene lo más difícil, lograr mantenernos en un buen nivel técnico y calidad en la producción de programas, solucionar el aspecto económico, contar con trabajo permanente de campo, realizando trasmisiones en vivo desde las diferentes colonias y barrios que conforman Monterrey y su Área Metropolitana y sobre todo acercar a más gente para fortalecer este proyecto incluyente.
Yo, como parte del colectivo, me siento muy honrado de ser parte del mismo y que aportemos nuestro esfuerzo, para que nuestro país en un futuro inmediato sea incluyente y democrático, esa es la apuesta.

renexio




La productora general de SomosUno Radio Betsy Salas, entrevistando a Ricardo Cantú durante la CND.



Alma Ramírez de Detrás del Espejo y Haciendo Camino de SomosUno Radio, con el fusil en la mano: microfono y grabadora para Romper el Cerco Informativo.


Trasmisión en vivo desde el corazón de la IV República. En la gráfica SomosUno Radio y Radio Bemba, aunque es necesario comentar que por un acuerdo entre diversos medios alternativos, se acordó trasmitir con una sola señal a emisoras en internet, pero también en FM.
Un reconocimiento a todos los compañeros que hicieron posible lo descrito, en particular a Radio Bemba, Radio Resistencia, Radio AMLO; República 16 y Radio Raíz, entre otros.


Los Compañeros de SomosUno Radio compartiendo con los fraternales Compañeros de Radio Bemba de Hermosillo, Son., en un espacio junto al podium durante la CND en el Zócalo


Compañero de Radio AMLO durante la plenaria de la CND en el Zócalo. El esfuerzo y cansancio por demás evidentes, bajo el sol a plomo durante el desarrollo de la CND


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Ciudadana de la IV República en espera de Andrés Manuel



Renexio en plena labor informativa, sudado, quemado por el sol, pero en la misma dinámica de trabajo del grupo que viajó a México, D.F. para trasmitir en vivo la 2a. Asamblea Nacional de la Convención Nacional Democrática.



Cuitláhuac Quiroga Coordinador de Noticias de SomosUno Radio y Betsy Salas, productora general en pleno intercambio de opiniones, tienen tiempo de posar para la foto

domingo, marzo 25, 2007

La lucha sigue: segunda Convención Nacional Democrática


Elena Poniatowska

La Jornada

Aquí, bajo el cielo de nuestra plaza flotan miles de ideas para transformar al país. En cada una de nuestras cabezas muy bien atornilladas, hay una propuesta de acción en beneficio de México. Somos seres libres y conscientes que no nos vendemos al poderoso ni agachamos la cabeza ante él.

A lo largo de 23 meses, desde el 24 de abril de 2005, día en que más de un millón de mexicanos nos manifestamos contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, aquí en este mismo Zócalo, hemos demostrado que no somos violentos y que este es uno de los grandes movimientos pacíficos de nuestro tiempo. También les hemos comprobado a todos que somos pacientes, como lo fue Gandhi, como lo fue Mandela y le hemos dado una lección de entereza a México.

Andrés Manuel López Obrador tiene una virtud, la de la paciencia. No es un santo, pero tiene la constancia, el aguante, la terquedad del hombre que sabe que tiene la razón. Este movimiento ha logrado avanzar sin una sola gota de sangre, porque nosotros sabemos que en el momento en que haya un acto de violencia perdemos todo lo que hemos ganado.

Es importante que Andrés Manuel siga forjando una red de izquierda a lo largo y a lo ancho de la República por varias razones: una, porque no se sentó a decir "ya perdí" (la mejor prueba de que nunca lo dijo es su lucha actual) y sigue viajando semana tras semana a los distintos estados; otra, porque busca la reforma del PRD, que bien podría terminar en un nuevo partido político. Así como repitió en muchas ocasiones que nunca nos iba a abandonar, Andrés Manuel jamás dijo: "Ahora arréglenselas solos los próximos seis años y nos vemos cuando tenga oportunidad de subir al poder". Andrés Manuel se ha mantenido sensible a los problemas del país, ha caminado con la gente, al lado de la gente. Si se hubiera ido a tirar a su hamaca a leer libros de historia y a dar clases de historia en las escuelas de Macuspana en vez de luchar, habríamos perdido a un líder. Perder a un líder del tamaño de Andrés Manuel sería, además de una tontería, una desgracia histórica. Es indispensable que Andrés Manuel siga cumpliendo su compromiso con la sociedad que en 2006 creyó en él y hoy sigue creyendo en él.

Además de ser una bandera y un símbolo contra el fraude electoral, ha cumplido con su palabra. Ahora les toca a los legisladores hacer su tarea. Nunca antes había ganado la izquierda tantos escaños, el PRD duplicó su presencia. El gran proyecto de la oposición tiene que ser la agenda legislativa. Más que a nadie, a nuestros senadores, a nuestros diputados de izquierda les toca librar la batalla. Por primera vez tienen un reto claro: hacer leyes que beneficien a los mexicanos más pobres. Entre más nos alejamos del centro -y eso Andrés Manuel lo sabe bien- más falta nos hacen las leyes y más deficiencias hay en las pocas que nos rigen. En provincia se encuentran las zonas más desprotegidas, porque no las enfocan los reflectores, ni cuentan con medios de comunicación y mucho menos con organizaciones de derechos humanos. Está bien ponerle un límite a las absurdas pensiones de los cinco ex presidentes de la República aún vivos: Luis Echeverría, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Viciente Fox, pero es indispensable hacer leyes donde hacen falta, leyes para los más abandonados, leyes como se hicieron en Europa y en Chile, leyes que nos hubieran quitado la incertidumbre en la elección pasada, como la del empate técnico, la de la segunda vuelta en una elección intervenida, como la llama Carmen Aristegui, cuando los dos contendientes que tuvieron mayor número de votos compiten nuevamente.

Es urgente darnos cuenta, por ejemplo, que nuestro sistema electoral es el más caro del mundo, las campañas son excesivamente largas y los partidos políticos reciben sumas exorbitantes que despilfarran en campañas chatarra, paran en la basura efímeras mantas, banderolas y volantes, cuando no van a dar a los bolsillos de sus dirigentes. No hay regulación sobre los contenidos de las campañas y en 2006 nos avergonzó su calidad como todavía nos avergüenza hoy que el PRD haya votado en contra de la ley indígena hace siete años y haya aprobado la ley Televisa. Imposible que esto se repita porque ahora la oposición en la Cámara es fuerte y audaz, pero debe seguir siéndolo al legislar para cien millones de mexicanos. ¿Qué propone la oposición, cómo va a funcionar, hacia dónde vamos a ir, si nuestra cámara de izquierda es capaz de hacer las reformas que nos son indispensables, cuáles son nuestras herramientas políticas para lograr consensos y hacer leyes para la gente y con la gente? En la pasada elección ni las instituciones ni las leyes dieron el ancho.

¿Vamos a seguir viviendo chantajeados y amenazados por dos cadenas de televisión, las dos voraces e insaciables ganadoras de la contienda electoral? Nuestra sociedad es muy vulnerable a los medios electrónicos. Si la televisión dice que una persona es un peligro para el país, así tal cual, sin razones ni pruebas, la gente lo cree. En ningún país, salvo en Estados Unidos, se gasta el dinero que gastamos y se permite sacar espots financiados por empresarios diciendo que el otro es un peligro. Confundir la libertad de expresión con la calumnia nos envilece a todos. Ahora que hemos aprendido la lección, los que estamos en la oposición somos menos crédulos y hemos buscado nuevos medios de información, la sociedad de hoy no es la misma que hace 20 años y hemos aprendido a detectar quién es un buen político y quién no.

Los grandes temas que traemos en la cabeza son el alza a la tortilla, el alza de 46 por ciento al presupuesto del Ejército antes que a ningún otro, el rescate carretero que nos resulta insultante, como lo es la reforma a la Ley del ISSSTE que permitirá que organismos privados tengan el control de las pensiones, la generación de empleos, la libre importación de maíz y frijol a partir de 2008, la reforma migratoria con Estados Unidos, que implica el éxodo de 400 mil migrantes al año, y el maltrato que el mismo México le da a los migrantes centroamericanos en la frontera sur al violar sus derechos humanos.

Ser autocríticos es lo mejor que puede sucedernos. El PRD tiene frente a sí un gran reto como oposición: probar que puede hacer las leyes necesarias, lograr las reformas indispensables. La ley de convivencia fue un triunfo no sólo para la comunidad gay sino para la nieta que cuida a su abuelita durante años y de pronto llega la familia y le dice que no tiene derecho a nada o las dos mujeres que vivieron juntas hasta que una muere dejando a la otra sin derechos a la administración de los bienes o a la herencia. La ley de convivencia abarca a toda la sociedad y es un triunfo. Así como esta ley, muchas otras nos aguardan y tenemos todo el derecho de exigir a los legisladores que no se vuelva a aprobar, como en el pasado, la ley Televisa en siete minutos en una negociación entre los partidos y la televisora.

Ser un opositor es cuestionarse a sí mismo; ser un opositor es mantenerse alerta a las propias deficiencias; ser un opositor es ser un hombre o una mujer equilibrados. Los locos no son opositores del sistema, son locos. Ser un opositor es decirle no al robo de jubilaciones y pensiones del ISSSTE y del IMSS; ser un opositor es jugársela con los pobres; ser un opositor es proteger al país, sus bosques, sus ríos, sus litorales, sus zonas arqueológicas; ser un opositor es olvidarse del propio egoísmo; ser un opositor es vivir en ascuas; ser un opositor es pasar de la Convención Nacional Democrática del 16 de septiembre a esta nueva convención del 21 de marzo en que hemos hecho mesas de trabajo y de reflexión, en que todos hemos participado, en que no hemos votado a mano alzada sino a conciencia, en que muchos se han sacrificado por llegar hasta el Zócalo y permanecer de pie durante horas; ser opositor es pensar que todos tenemos derecho a la felicidad; ser un opositor es consolidar un proyecto y pasar a la acción; ser un opositor es pensar en el futuro de los jóvenes y en el ocaso de los ancianos; ser un opositor es ser feliz y enamorarse y sentarse en el Zócalo durante 50 días a protestar contra el fraude y la mentira.

lunes, marzo 19, 2007

Amoríos

Sergio Sarmiento

El Norte

"El recuerdo es el único pan del que viven los viejos"

Andrés Henestrosa



Así como Octavio Paz esperó a tener 80 años para escribir "La llama doble", su libro de reflexiones sobre el amor y el erotismo, Andrés Henestrosa nos ha ofrecido a sus 100 años de edad un volumen de recuerdos, "Andanzas, sandungas y amoríos" (UNAM y Plaza Valdés) que es a un mismo tiempo hermoso y deleitoso.

En breves viñetas el maestro oaxaqueño -que aprendió el huave "del pecho derecho de mi madre" y "del izquierdo el zapoteco", pero que después "de otros pechos aprendí numerosas lenguas"- nos ofrece un recorrido por su vida. De su niñez en "el rancho, en el monte, a la orilla del mar, a la orilla del río", nos lleva al momento en que Eva y Emperatriz, "cuya mamá vendía pan a las cinco de la tarde en el pueblo", lo llamaban a su casa cuando él tenía 11 años. "Se desnudaban en el petate y jugábamos los tres... Las caricias eran instintivas, naturales. Emperatriz estaba totalmente poblada, era ya mayor, tenía 15 años, Eva era una niña, nos besábamos..."

Y rememora: "Después de 50 años encontré a Eva, muy viejita y me dijo ¿te acuerdas, Andrés? Sin duda, no lo puedo olvidar. Emperatriz ya había muerto".

"Yo soñé escribir", nos dice Henestrosa, "porque como en mi pueblo no había libros, había uno solo que recorría todas las casas, íbamos a verlo y a olerlo, porque la letra perfuma, la letra tiene aroma". Pero claro, "la alegría del pobre es siempre muy grande porque la tiene rara vez".

Un día, cuando todavía era un mero adolescente, encontró en su hamaca a una mujer que había llegado a comprar en la tienda de abarrotes en la que él entonces trabajaba. "Fue la primera vez que amé a una mujer en ese lugar... Al amanecer dejó la suave y curva hamaca. Se fue en el tren de la madrugada. Nunca supe su nombre, nunca supe quién era, ni de dónde venía". Y así entendió el joven Andrés que "la mujer es lo mejor que Dios hizo para sus hijos".

Henestrosa tenía 16 años cuando llegó a la ciudad de México, "hambriento de saber. Fui a ver a Vasconcelos, a pedirle ayuda, era un 15 de febrero de 1923". El entonces Secretario de Educación lo mandó a la Normal, donde tuvo "cama, lavado de ropa... Me dieron libros, salía cargado de libros, no entendía yo nada, pero leía y la 'Divina comedia' me deslumbró". En las cantinas comía, porque ahí le daban botana por la copa: "Gastar alegremente la pobreza, ésa era mi riqueza".

En los "salones de baile de la colonia Obrera, entre las cuatro y las cinco de la tarde, con un tostón se podía bailar con las muchachas... Algunas tenían por ahí cerca su cuartito. Nunca ha faltado al hombre, al desamparado, al huérfano, una mujer. He sido afortunado porque siempre la mujer más femenina, que tiene algo de mamá, me ofrecía un pedacito de su cama".

No todo eran triunfos, por supuesto. "Muy enamorado, muy irrespetuoso de las señoras, numerosas bofetadas me propinaron". Tuvo, sin embargo, "muchas amigas, algunas de ellas casadas". Gustaba también de comer. "Los indios tenemos un hambre ancestral, por lo que no comieron los abuelos, comemos por ellos".

Conoció Henestrosa a los grandes del México intelectual y bohemio de los años 20 y 30: "a los jóvenes Novo, Villaurrutia, Owen, y a la cabeza, Vasconcelos". Y a ellas también, por supuesto: a María Izquierdo, a Lola Álvarez Bravo, a Antonieta Rivas Mercado, inmortalizada aún en el Ángel de la Independencia. Una tremenda pelea con el gran director de la Orquesta Sinfónica, Carlos Chávez, le dejó una cicatriz desde entonces.

"Tenía yo otra amiga que decía que había leído que el abuso de mujer provoca en el hombre la pérdida de memoria. Y qué, Andrés, me dijo. Al diablo con la memoria, respondí, ya renuncié a la memoria. Y ahora a mis 100 años, recuerdo".

Un día en casa de Pablo Neruda conoció "a una señora famosa, muy hermosa ella. Un día me pidió prestado un libro y al devolvérmelo me dijo: Andrés: ojéalo con cuidado... Al hacerlo encontré unos vellos de su sexo y un día, al besarlos, se cayeron. Te doy otros, me dijo, pero se van a volver a caer, respondí. Mejor que sea directo, dijo ella".

"Después de tanto leer, resulté muy culto; de malhablado y lépero, resulté escritor. Y ahora resulta que he embaucado a tanta gente, que tengo fama, gloria, aplausos y premios. A todos les he tomado el pelo".

Pero a mí, maestro Henestrosa, tras leer estas "Andanzas, sandungas y amoríos", puede usted embaucarme las veces que quiera. Cada palabra, cada frase, cada anécdota lleva en sí un enorme encanto y toda la fuerza del recuerdo. Hoy, mientras escribo esta columna en mi computadora ante la asombrada mirada de los comensales de un restaurante a reventar, encuentro que mi boca dibuja una constante sonrisa mientras, extrañamente, mis ojos se llenan de lágrimas. Este libro tiene ese poder.

Apesta el Cabrito

Raymundo Riva Palacio

19 de marzo de 2007

El Universal
El gobernador González Parás tiene que explicar muy bien cómo pudo el narco penetrar de manera tan contundente las instituciones neoleonesas

Desde hace algún tiempo Nuevo León fue puesto bajo la lupa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, que notaron tempranamente que los jefes del narcotráfico estaban enviando a sus familias a vivir a Monterrey, donde sus esposas entraron a círculos sociales y se codearon con parte de la crema y nata regia, mientras sus hijos entraban a las mejores escuelas. Monterrey era un santuario de buena calidad de vida para las familias de ellos, que se encontraba fuera del foco de alerta del gobierno mexicano, pese a las señales bastante claras que provenían de Washington, coronadas con el nombramiento de Luis G. Moreno como cónsul.

Los antecedentes de Moreno debieron haber levantado las cejas dentro del gobierno mexicano. Con larga experiencia en zonas de conflicto, Moreno había sido clave para rescatar en Haití al ex presidente Jean-Bertrand Aristide, y ocupó una butaca de primera fila durante el Proceso 8000, que investigó los presuntos nexos del ex presidente colombiano Ernesto Samper con el narco. La Secretaría de la Defensa leyó lo que sucedía y mantuvo a uno de sus mejores cuadros, el general Mario Ayón, como comandante de la IV Región Militar, que abarcaba Tamaulipas y San Luis Potosí. Al jubilarse el año pasado, lo reemplazaron con el general Javier del Real Magallanes, quien había sido jefe de la inteligencia militar. La negligencia de los civiles trastornó brutalmente la seguridad en el estado y hoy, el gobernador Natividad González Parás está desbordado por las ejecuciones.

Su gobierno ha sido infiltrado en los más altos niveles, de acuerdo con un informe de la PGR, los cuales proveen protección e información a los varios cárteles que se disputan la plaza. Existen cuatro ejes del narco en el estado, aunque tres de ellos se encuentran estrechamente vinculados. La guerra está enfrentando al Cártel de Sinaloa, que encabezan los hermanos Beltrán Leyva, con el Cártel del Golfo, Los Zetas -que aunque es su brazo armado tienen altos rangos de autonomía-, y la organización de los hermanos Valdés.

Los municipios más afectados por esta lucha son Monterrey, donde prolifera el narcomenudeo y el tráfico de armas; General Escobedo, en la salida hacia Nuevo Laredo, por donde salen por tierra las drogas hacia Estados Unidos; Guadalupe, donde hay un alto número de industrias y se encuentra cercano al aeropuerto; y San Pedro Garza García, en donde se han asentado los jefes de los cárteles y sus familias, particularmente en la muy próspera colonia Del Valle. Indistintamente se da el lavado de dinero y, más preocupante aún, los cobros de facturas y las ejecuciones, resultado de una ruptura de los frágiles equilibrios que existían hasta principios de 2006, cuando las coordenadas vigentes se modificaron.

Este cambio en la dinámica de la lucha contra el narcotráfico y de sus propios reacomodos internos en los cárteles provocó que se extendieran las batallas a las calles de Monterrey y sus suburbios, aumentaran las ejecuciones de mandos policiacos y se incluyera a familiares de narcotraficantes como víctimas potenciales, rompiendo la regla de oro de mantenerlos siempre fuera de sus guerras. El balance ha sido desastroso para González Parás. En 2006 hubo 55 ejecuciones, cinco de ellas de jefes policiacos. En los dos meses y medio de este año van 29 ejecuciones, de las cuales 13 eran policías.

Nuevo León está tocado peligrosamente. Cuando el gobierno federal empezó su nueva campaña contra el narco en Michoacán y Tijuana a fines del año pasado, el gobernador anunció que iniciaría su propia campaña contra el narco, pese a que su estado no figuraba entre las prioridades del presidente Felipe Calderón porque no había dominio territorial de los cárteles. Un funcionario federal comentó en ese momento que González Parás quizás no quería que se supiera el grado de penetración de la delincuencia organizada en las instituciones neoleonesas. En cualquier caso, los primeros resultados parecen ser positivos, lo cual parece una contradicción dado el alto número de ejecutados.

Esto se explica por la lógica del combate al narco y la forma como los equilibrios existentes se van modificando. En el pasado, cuando menos en forma clara hasta principios de los 90, una buena parte de los equilibrios con la delincuencia organizada -que resultaba en menos inseguridad pública y la ausencia notoria de ejecuciones- se daba a través de la negociación. Es decir, como sucede en muchos países del mundo, se daban pactos no escritos en diferentes niveles entre las autoridades y los capos de las mafias, teniendo como intermediarios a jefes policiacos, donde a cambio de no llevar la violencia a las calles ni calentar las plazas generando terror entre la población no involucrada, les permitían operar sus negocios ilícitos, cuidando que no crearan un problema de salud pública o minaran las instituciones, particularmente las políticas. Otra forma de equilibrio se daba a través del combate frontal sin corrupción institucional, con lo cual se lograba que la lucha entre los dos bandos se mantuviera lejos del ojo público, y se evitaba que las guerras se libraran en las calles de las ciudades, al no ser la corrupción policial parte vital del conflicto.

Lo que ha sucedido en Nuevo León de manera sobresaliente en los 14 últimos meses es lo segundo. En julio del año pasado, apenas unas horas después que anunciara la rotación de los comandantes de la policía ministerial y de fiscales, fue ejecutado el director de la Agencia Estatal de Investigaciones, presuntamente por órdenes del Cártel de Sinaloa. La semana pasada hubo 13 ejecuciones, la mitad de ellas de policías en diversos municipios, incluido el jefe en San Pedro. Tantos asesinatos sólo se explican al sacudir el avispero. Tantas ejecuciones de policías sólo se entienden en la lógica de que, o al estar siendo muy vigilados ya no pueden cumplir con los cárteles para proveerles protección, o que se fueron a trabajar con el cártel rival. La posibilidad de que sea resultado del trabajo de policías honestos existe, pero remotamente. No forma parte de ningún patrón la ejecución de policías que no entran a los círculos de corrupción.

La pregunta al gobernador y a los alcaldes, en particular los que acaban de entregar sus cargos a nuevas administraciones, es qué tanto dejaron de hacer para que los infiltraran de esa manera. Los niveles de infiltración pueden empezar a medirse en función de cuántos policías son asesinados. Nuevo León lleva mano en estos momentos, y la segunda pregunta fundamental es quiénes, dentro de los gobiernos estatales y municipales, están coludidos con el narco. Esta respuesta aún no la da el gobernador González Parás, que se apresura a limpiar la casa antes que otros ojos entren a verla o que en Estados Unidos empiecen a mostrar su ropa sucia.

rriva@eluniversal.com.mx

r_rivapalacio@yahoo.com

jueves, marzo 15, 2007

Un paso más hacia la equidad

Amalia D. García Medina

El Universal

15 de marzo de 2007

Las mujeres hemos tenido que recorrer un larguísimo camino para que nuestra participación en la sociedad sea reconocida, para hacernos visibles más allá del ámbito privado.

La participación de las mujeres en el desarrollo es, también, cada vez más difundida y queda claro que sin nuestro trabajo, la sociedad no podría avanzar.

En México, nuestra misión se ha vuelto más compleja, al conquistar nuevos espacios en el conjunto social. Poco a poco nuestros retos se han ido transformando y nuestras propuestas se han materializado gradualmente, a veces como políticas públicas, y otras, como acciones afirmativas.

Hoy las mujeres, a pesar de las adversidades y de la vieja cultura, a pesar del maltrato, estamos transformando nuestra situación. Millones participan en el mercado laboral, son jefas de familia y cuentan con una nueva conciencia sobre sus derechos.

Pero si bien la lucha ha rendido frutos, falta mucho para alcanzar la equidad.

Estadísticas específicas sobre género confirman que la mayoría de las personas pobres del mundo son mujeres, y ellas tienen la abrumadora responsabilidad de cultivar, cosechar y preparar los alimentos para la familia.

Todavía la presencia de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, tanto en el sector público como en el privado, sigue siendo poco representativa. Y no me refiero sólo a México, desde luego, sino al mundo entero, a pesar de que tenemos la capacidad para ocupar los puestos de más alto nivel. Sin embargo, la acumulación de prejuicios culturales, a veces muy sutiles, reproducidos por las instituciones es el obstáculo más imponente.

Mi experiencia como gobernadora me lleva a reivindicar que nuestros planteamientos son más legítimos que nunca.

La inequidad se expresa en todos los ámbitos. En México existen alrededor de 12 millones de mujeres en las zonas rurales, quienes trabajan más de 12 horas diarias para proveer agua, alimentación y subsistencia familiar. Ellas contribuyen con 40% de la oferta agrícola en el mercado interno y su labor doméstica no es remunerada ni reconocida, como sucede en todo el país. Y al mismo tiempo, a esta ardua jornada se suman las presiones por la discriminación, la carencia de servicios de salud oportunos, la falta de acceso a la educación, así como la falta de respeto a sus derechos y opciones de desarrollo. A pesar de que representan una inversión confiable.

Un análisis del Banco Mundial indica que los recursos destinados a proporcionar instrucción a las mujeres y las niñas tienen los rendimientos más altos en los países en desarrollo. Entre sus resultados figuran una productividad más elevada, crecimiento demográfico menor, tasas de mortandad infantil reducidas y una mayor conciencia, así como utilización de medidas de protección del medio ambiente.

Entonces, el principal desafío se refiere a la transformación democrática de las instituciones para que la equidad de género sea una práctica cultural aceptada y defendida por todos, que garantice a las mujeres una vida sin violencia, sin abusos y discriminación, con oportunidades de educación, así como opciones para terminar con la pobreza. Ya contamos con una ley general que atiende el primer tema, y saludo nuevamente a las legisladoras y legisladores que promovieron esta iniciativa. Ahora es necesario adecuar las legislaciones locales y promover la vigilancia del cumplimiento de sus objetivos en los tres órdenes de gobierno.

Estoy absolutamente convencida de los beneficios que significarían para las mujeres y para los hombres incorporar, de manera permanente, el compromiso de género en la senda de los gobiernos. Se trata de promover la participación plena e igualitaria de mujeres y hombres en todos los niveles de toma de decisiones en el Estado, la sociedad y el mercado. Se trata de fomentar la participación de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones para avanzar en firme en la concepción del ejercicio de la ciudadanía plena de todas las mujeres del país.

Es una necesidad estratégica impulsar la equidad de género. Ya es tiempo de dar el siguiente paso.

Gobernadora de Zacatecas